El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, admitió que su país no tiene pruebas de que el derrocado presidente iraquí, Saddam Hussein, estuvo involucrado en los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y en Washington.
El mandatario contradijo así una idea que se han formado numerosos estadounidenses.
Una encuesta divulgada la semana pasada por el diario Washington Post señala que el 69% de los consultados cree que Hussein estuvo estrechamente vinculado con los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001.
Sin embargo, Bush dijo claramente: "No tenemos evidencias de que Saddam Hussein estuvo involucrado en los ataques".
Al mismo tiempo afirmó que "no hay dudas" de que sí tenía vínculos con la red al-Qaeda, de Osama Bin Laden, que ha sido responsabilizada por los atentados.
Esto es algo que Hussein había negado insistentemente.
La admisión de Bush siguió a declaraciones similares realizadas el martes por el secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld.
Confusión
El corresponsal de la BBC en Washington dijo que los críticos de la guerra contra Irak han acusado a la administración republicana de valerse de la confusión del público sobre el tema para lograr apoyo a la ofensiva militar.
En una aparición en la cadena de televisión NBC, el vicepresidente Dick Cheney fue interrogado sobre si le sorprendía la encuesta según la cual dos tercios de los estadounidenses creían que los iraquíes estuvieron detrás del 11 de septiembre.
"No", respondió. "No me sorprende que la gente haga esa conexión".
Previamente, la consejera de Seguridad Nacional Condoleezza Rice dijo a otra cadena, ABC, que una de las razones por las que Bush decidió ir a la guerra fue que Hussein era un peligro "en una región en la que surgió la amenaza del 11 de septiembre".