Casa Latina, en Seattle, sirve de enlace entre los jornaleros y sus posibles empleadores.
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Parado en una escalera que da acceso a un trailer, un hombre con un chaleco verde va sacando números de un recipiente de plástico. "¡160!", grita. "¡Eh!", grita uno de los 50 hombres que, ansiosos, esperan al pie de la escalera.
En el grupo también hay cuatro o cinco mujeres que, con su número en la mano, anhelan salir en la rifa de 20 empleos a destajo que se sortean todos los días en el Centro de Trabajadores de Casa Latina, en el centro de Seattle, estado de Washington, fronterizo con Canadá, sobre la costa Pacífica de Estados Unidos.
Una de ellas, Patricia, nos cuenta que la mayoría de las veces hace limpieza de casas o cuidado de personas, pero que cuando se presenta la oportunidad y la necesidad aprieta, también hace mudanzas y jardinería.
La mayoría de estas personas son inmigrantes que venden su fuerza de trabajo por un día. La tarea de Casa Latina es servir de puente entre los trabajadores y los empleadores potenciales.
La Organización Nacional de Jornaleros calcula que durante un día normal puede haber en todo Estados Unidos más de 150.000 jornaleros frente a las tiendas de construcción y otros locales.
Estos grupos de personas tratando de encontrar empleo por un día son la manifestación más visible de dos fenómenos: el de la inmigración ilegal y el de la explotación de los indocumentados.
"Ni las máquinas"
Cuando no hay trabajos de limpieza, las mujeres hacen albañilería, jardinería y mudanzas.
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"Nosotros hacemos los trabajos que otros no quieren hacer, pero también el trabajo que no pueden hacer ni las máquinas", nos dice uno de los jornaleros.
"Yarda es jardinería", explica Miguel, uno de los coordinadores del centro. "Si es solo para limpiar un poco y recoger las hojas, la tarifa es US$ 12 la hora, pero si quieres alguien que sepa de plantas sube a US$ 15", dice.
La palabra es la españolización de yard, que significa patio en inglés. Así, to clean the yard se convierte en "hacer la yarda" en el dialecto de los jornaleros.
Uno de esos trabajos es el de colocar y reparar techos. Por la influencia del inglés, a esta tarea se le llama "rufin" y "rufero" a la persona que la hace. Del mismo modo que carpet (alfombra) pasa a ser "carpeta".
Por eso, cuando le preguntamos a otra de las mujeres jornaleras qué hace cuando no salen trabajos de limpieza o cuidado de personas, responde: "yarda, carpeta y rufin".
"El sueño americano"
Decenas de miles de inmigrantes trabajan como jornaleros en Estados Unidos.
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Por trabajos de este tipo, un jornalero respaldado por una organización puede cobrar hasta US$ 60 en un día. El problema, explican, es que cuando las cosas van bien consiguen uno o dos días de trabajo a la semana.
De todas maneras, logran mandar algo de dinero a sus países y, además, pagar lo que les cuesta vivir en Estados Unidos.
Pero la actual crisis del sector inmobiliario estadounidense y la llegada de nuevos inmigrantes a lugares como Seattle, ha hecho cada vez más difícil la supervivencia de los jornaleros.
"A pesar de todo, yo no regreso a mi país", le dijo a la BBC uno de estos hombres, que ha estado dos meses sin trabajar. "Yo tengo el sueño americano", asegura.
"¿Y cuál es tu sueño?", le preguntamos. "Manejar un Mercedes-Benz", responde.