¿Cómo ser un gerente cristiano? Para la empresaria británica Daphne Clifton, se trata de llevar a la realidad valores como la honestidad, la integridad, la comunicación transparente. Y también de ver a los empleados recordando que "las personas han sido creadas por Dios con un fin".
Clifton tiene vasta experiencia como gerente en diferentes empresas y hoy dirige su propia consultoría de negocios y entrenamiento a gerentes, además de ser miembro del directorio de la Cámara de Comercio del Sureste de Londres. En su tiempo libre, también ofrece sus servicios como mentora de adolescentes con problemas.

Mi fe es parte de quien soy, tiene influencia en toda mi vida, incluyendo mi negocio. Como gerente, esto quiere decir que mis decisiones deben estar de acuerdo con valores cristianos, como honestidad, integridad. Y la comunicación debe ser clara, respetando la verdad, de una manera honesta. Esto es un gran desafío.
No creo que haya un conflicto entre ser cristiana y el mundo de los negocios. Abraham era un gran hombre de negocios que obtuvo mucho dinero. Las empresas dan trabajo a la gente.
Para mí, las personas que me rodean han sido creadas por Dios con un fin y es un gran privilegio poder ayudar a las personas a encontrar la libertad de expresar quiénes son verdaderamente.
Hace unos años, por ejemplo, en una empresa en la que trabajaba, me pidieron que reestructurara un departamento y despidiera a un empleado considerado 'problema'. Acepté hacer la reestructuración pero dije que yo haría mis propias decisiones en cuanto a los empleados. Esa persona 'problema', una vez que fue gerenciada de manera positiva, incluso ganó un premio por su trabajo.
En otra ocasión tenía una empleada también vista como problema y creo que me estaba probando como gerente. Yo vi que técnicamente era muy buena en su trabajo, aunque le costaba la comunicación con otras personas. Pude ver sus fortalezas y debilidades, alentar sus habilidades y darle apoyo cuando tenía que presentarse ante otras personas.
"Aprendí a escuchar"
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En cuanto a la ira, ¿cómo la manejo? Como cristiana, lo primero que hago es rezar por esa persona, con eso el corazón cambia
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A los gerentes no les gusta ser desafiados, pero en mi caso, en una de las empresas en que trabajé, sabía que no tenía todas las respuestas, es más, mi equipo había estado en la compañía más tiempo que yo. Así que aprendí a escuchar y les decía 'éste es el resultado que debemos lograr, porque así lo dicen los accionistas, pero el camino por el que lo lograremos, depende de nosotros como equipo'. Son valores cristianos de escuchar y respetar a los demás.
El salmo 139 es uno de los salmos que amo mucho, habla de ser creado desde nuestro ser más íntimo. Y esto es verdadero para cada persona en el planeta. Dios nos ha creado a cada uno con un fin. Cuando trabajo como mentora de adolescentes con problemas, muchas veces se comportan terriblemente, pero puedo ver más allá de eso, y darme cuenta de que lo que buscan es amor. 'Ama al pecador, odia al pecado', es el lema. Esto me permite amarlos más que si simplemente dijera '¡qué comportamiento deplorable!'.
En cuanto a la ira, ¿cómo la manejo? Como cristiana, lo primero que hago es rezar por esa persona, con eso el corazón cambia. También busco ver las cosas buenas que hacen, tratar de separar los hechos de la emoción. Y llegar a un punto en el que uno puede plantearle, 'no estoy satisfecha con tu comportamiento, si hay un problema ¿por qué no lo hablamos?'.
Estamos llamados a ser alguien, no a hacer algo. Dios no nos mira como el periodista, el empresario, el constructor, sino por quienes somos. Lo importante es ser quienes somos en esencia y hacer ese trabajo como si trabajáramos para Dios. Si somos genuinos con nosotros mismos estamos desarrollando nuestra relación con Dios. Cualquier trabajo es trabajo de Dios. Muchas veces cuando uno mira hacia atrás ve que Dios nos colocó en un lugar determinado por algo.
Simplemente ser
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Estamos llamados a ser alguien, no a hacer algo. Cualquier trabajo es trabajo de Dios.
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Es importante tomarse el tiempo para estar con Dios, para escuchar. Yo voy a una abadía de monjas benedictinas, donde hay una orden de silencio. Voy unas cuatro o cinco veces al año y paso allí un día, camino en el jardín.
Se trata básicamente de parar, de simplemente ser. Si uno hace esto, Dios lo reconocerá y entre todo el ruido será la voz calma que nos guía en la tormenta.
También tengo compañeros de oración. Con un compañero que vive cerca nos reunimos cada tanto para rezar y hablar. Y además hay un grupo de personas a las que cada mes mando una lista por correo electrónico, con los temas por los que me gustaría que rezaran. Puede ser una actitud mía con la que tengo dificultad o una persona. Ellos rezan con el corazón y he visto los cambios, el impacto que esto tiene. Me ayuda mucho, me siento apoyada.

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