La eutanasia o muerte asistida sigue siendo un tema sensible para muchos.
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El caso de Terri Schiavo reavivó la polémica sobre la eutanasia como práctica para darle una muerte digna a quien padezca de una enfermedad terminal, incurable o insoportablemente dolorosa.
Terri permaneció en estado vegetativo persistente durante 15 años y fue desconectada de la máquina que la mantenía con vida por orden de un juez, a pedido de su esposo pero en contra de la voluntad de sus padres.
La eutanasia presenta problemáticas de tipo ético, médico, religioso, legal y político que generan un enfrentamiento apasionado e indefinido a todos los niveles de una sociedad.
Aunque el caso Schiavo tuvo su desenlace en el ámbito legal, el tema quedó irresoluto en otros aspectos.
Política y religiosamente, diferentes grupos y organizaciones intentaron promover sus agendas apoyando uno u otro lado, según sus afiliaciones.
Pero, ¿cómo puede una religión determinar la actitud hacia la eutanasia en un país laico? Al mismo tiempo, que un gobierno se adjudique la potestad sobre nuestras muertes implica que podría también tener potestad sobre nuestras vidas.
¿Quién decide?
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EL INVITADO
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Y, si no es el gobierno o la iglesia quienes deben decidir sobre cuándo poner fin a la vida, ¿de quién es la decisión: del individuo, del médico, de la familia?
Si es decisión familiar, habría que examinar las motivaciones; si es del médico, analizar su diagnóstico; si es del individuo, habría que considerar su estado mental y emocional.
Finalmente, ¿quién o qué determina cuándo una vida ya no vale seguir viviéndola? ¿Debemos aceptar ser prisioneros de nuestros cuerpos cuando estos están inhabilitados más allá de cualquier reparo?
¿Y usted que opina? ¿Es la eutanasia esa "muerte buena" que definen las raíces griegas de la palabra?