Completamente consciente de que esto delata mi edad, admito que el 22 de noviembre de 1963 yo tenía nueve años. Estaba en mi casa en Colombia tal vez un poco aburrido sin nada que hacer, pues eran las vacaciones de fin de año y mi mamá no había organizado nada para mí ese viernes.
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Kennedy era una figura muy reconocida y querida en Colombia
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Mi madre es estadoudinense, transplantada a Colombia como joven esposa de un ingeniero colombiano que la enamoró cuando estudiaba en la Universidad de Tennessee. Ella se incorporó sin titubeos a su nuevo país adoptivo, "colombianizándose" con rapidez y sorpresa para todos. Su única indulgencia con el pasado era un círculo de amigas "gringas" con las que se visitaba.
Alrededor de la hora del almuerzo una de esas amigas llamó a la casa. Recuerdo como al instante mi madre se dejó caer sobre el sofá en reacción a lo que escuchaba por teléfono. "No lo puedo creer", dijo en inglés. Cuando colgó intentó explicarme qué era lo que había sucedido.
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Frecuentemente mi mamá recibía el piropo de ser comparada físicamente con Jackie Kennedy
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Kennedy era una figura muy reconocida y querida en Colombia así que yo comprendí la situación. Recientemente el mandatario estadounidense había visitado el país.
En el marco de su programa La Alianza Para el Progreso, colocó el primer ladrillo de lo que sería una gran ciudadela de residencias de clase trabajadora que ahora se llama Ciudad Kennedy.
Jacqueline, su esposa, había conquistado a los colombianos con su belleza, distinción y facilidad para hablar español. Muñecas "Carolina" (el nombre de la hija del presidente) se vendían como pan caliente en las tiendas de juguetes. Frecuentemente mi mamá recibía el piropo de ser comparada físicamente con Jackie Kennedy.
Con esos antecedentes supimos del asesinato del trigésimoquinto presidente de los Estados Unidos.
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Yo me hacía el sabiondo y el preocupado, aunque no tuviera idea de lo que pasaba ni la capacidad para considerar las implicaciones de la tragedia
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Pero la información escaseaba. En esa época no existía CNN, ni la compleja red de comunicaciones de ahora. Mi padre llegó a casa a los diez minutos, encendió la radio y no se separó del aparato hasta el lunes siguiente.
Como yo era medio "gringo", mis amigos me llamaban para comentar lo sucedido o para que yo les diera alguna información. Yo me hacía el sabiondo y el preocupado, aunque no tuviera idea de lo que pasaba ni la capacidad para considerar las implicaciones de la tragedia.
La televisión colombiana, que entonces transmitía a partir de las seis de la tarde, empezó temprano con boletines noticiosos, alocuciones políticas y documentales sobre la vida del desaparecido presidente Kennedy.
El gobierno decretó tres días de duelo, lo que significó una parálisis casi total del país. A mí lo que me importaba es que no se transmitirían ninguno de mis programas favoritos de televisión durante el fin de semana.
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El asesinato de John F. Kennedy sólo vino a impactarme plenamente cuando fui a la universidad en Estados Unidos a comienzos de los 70
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Sin embargo, tan pronto como llegó la copia en pelicula a los medios colombianos, ví como Jack Ruby asesinaba sin más ni más y en frente de periodistas y autoridades a Lee Harvey Oswald (el supuesto autor del magnicidio). No me impresionó. Las balaceras y duelos de las series de gángsters y vaqueros eran mucho más dramáticas.
El asesinato de John F. Kennedy sólo vino a impactarme plenamente cuando fui a la universidad en Estados Unidos a comienzos de los 70.
Por esos días habían desclasificado la impactante película de 8 milimetros tomada por Abraham Zapruder, uno de los testigos del asesinato. La corta cinta granulosa muestra los impactos de las balas, incluyendo el balazo mortal que reventó el craneo del presidente.
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Ya no creo en las teorías de conspiración. Pero el asesinato de Kennedy me ha dado perspectiva sobre la guerra en Vietnam, los Beatles, el hippismo, Watergate, Cuba, Pinochet, Mónica Lewinski y las botas de vaquero de George Walker Bush
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Quedé anonadado. Inmediatamente me convertí en un activista que pedía la reapertura de la investigación y sospechaba de toda actividad del gobierno.
Asistí a innumerables marchas, congresos y seminarios en los que se analizaban las diferentes teorías de conspiración. Que fue un complot de los rusos, de los cubanos exiliados en Miami, de Fidel Castro o hasta del propio vice presidente Lyndon Johnson. Una teoría sostenía que la víctima fue un doble del presidente y que el verdadero Kennedy se habia escapado a una isla secreta con Marilyn Monroe (que tampoco se habia suicidado) donde aun disfrutan de una idílica relación.
Ya no creo en las teorías de conspiración. Pero el asesinato de Kennedy me ha dado perspectiva sobre la guerra en Vietnam, los Beatles, el hippismo, Watergate, Cuba, Pinochet, Mónica Lewinski y las botas de vaquero de George Walker Bush.