Skip to main contentAccess keys helpA-Z index
BBCMundo.com
OTROS IDIOMAS
English
Português
mas idiomas
Martes, 31 de octubre de 2006 - 18:07 GMT
Todavía no pinto canas
Concurso de Blogs
BBC Mundo redacción

Banda de músicos (detalle)


El pintor Josué Sánchez concluye su blog para BBC Mundo evocando la generación de los 60 y el sentido de la amistad, como un "diálogo sin fronteras, abierto y cálido".

Así fue su blog durante dos semanas, abierto a la participación de lectores de todo el mundo.

Josué Sánchez, de 61 años, ganador del concurso de blogs que BBC Mundo convocó con motivo del Día Internacional de las Personas Mayores, se despide en su última entrega sintiéndose "más joven que nunca".

De manera especial queremos agradecer a todos los participantes del concurso. Algunos nos escribieron compartiendo lo que les significa ser mayor de edad.

LA GENERACIÓN ROMÁNTICA: VIVIENDO EN CLAVE "TIK"
Banda de músicos (detalle)

La amistad es algo maravilloso. A veces llega envuelta en un halo de fantasía como sucedió con James, otras se forja en el trabajo y en los ideales, en ocasiones surge como un consuelo en la hora mala; pero siempre llega para quedarse en el corazón, y se vive como una fiesta inolvidable a la que todos están invitados.

Josué Sánchez
La amistad es un diálogo sin fronteras, abierto y cálido. Así la he sentido venir de ustedes, amigos, en estos días.
Como aquella noche en que Sergio, un amigo poeta, y yo, decidimos detenernos a tomar un calientito en un kiosco ambulante.

La noche relumbraba de estrellas, pero el frío era helado.

Llevábamos unos minutos allí, cuando llegó un amigo músico, con su mandolina. "Siéntate -le dijimos-, sírvete un calientito y dedícanos una pieza".

De pronto, en el kiosco vecino, un hombre que llevaba un saxofón se levantó y empezó a tocarlo. "¡Buena! -exclamamos, batiendo palmas-. Un calientito para el vecino también".

En ese momento, llegó un guitarrista que conocíamos y mirando de soslayo al saxofonista, comentó: "Está buena la competencia".

"Es cosa de demostrarlo", respondió sonriendo el mandolinista.

La generación del 60 fue una generación con ideales de igualdad y justicia, una generación apasionada y tierna, que quería cambiar el mundo y hacerlo más solidario.
Así, poco a poco, se formó un contrapunto de sonidos y voces. Todo el que llegaba a tomar un calientito empezaba a cantar.

A las 12 de la noche ya éramos una multitud alegre y danzante, los dueños de las casas vecinas también se habían incorporado a la fiesta. Bailamos y cantamos hasta el amanecer.

Fue una noche insólita e interminable. Una noche amable, ausente de desconfianza, feliz, sencilla, plena.

Así es la amistad. Un diálogo sin fronteras, abierto y cálido. Así la he sentido venir de ustedes amigos en estos días. Y así era también en los 60.

Cuando se habla de los 60 siempre se recuerda que teníamos los cabellos largos y los pantalones anchos. Que nos veíamos como "Enrique el antiguo". Que oíamos música de Bob Dylan o de Palito Ortega.

Pero la generación del 60 fue algo más que romántica en la música o en el gesto. Pacifista o revolucionaria, fue una generación con ideales de igualdad y justicia, una generación apasionada y tierna, que quería cambiar el mundo y hacerlo más solidario.

"Tarukas conversando"
Ése es el legado de nuestras culturas originarias. El conocimiento de que no estamos solos; somos una comunidad de seres.
Éramos jóvenes que "no queríamos hacer el sordomudo", como cantaba Violeta Parra. Queríamos una sociedad más humana.

Ayer Diana comentó en su programa de radio -es una apasionada locutora-, un texto del pensador uruguayo Eduardo Galeano. El autor relata que en una reunión de la comunidad maya Tzeltal, a la que un amigo suyo asistió en 1972, la palabra más usada era tik.

En medio de la conversación se decía tantas veces tik, que al amigo de Galeano le sonaba como lluvia loca. Él sabía que la palabra más frecuente en todas las lenguas es "yo". Pero tik, la palabra más usada en esa comunidad maya, significa "nosotros".

Ése es el legado de nuestras culturas originarias. El conocimiento de que no estamos solos; somos una comunidad de seres, como diría Galeano, "en clave tik".

Estas dos semanas que he compartido con ustedes lo he sentido así y me he sentido más joven que nunca, como en los 60. Gracias Diana, compañera de ésta y tantas otras travesías, te pintaré de colores, como me encargan. Gracias BBC Mundo. Gracias Sergio, del mismo nombre que mi amigo poeta, ¡qué sería un día sin mexicanos!... Y sin tanta gente buena y generosa en el mundo, como ustedes, amigos. Como dice Alvarito al terminar cada programa: Hasta muy pronto. Cuídense mucho.

EL PRÍNCIPE PINTOR QUE LLEGÓ DEL FRÍO
Josué Sánchez

Llegó con la melena rubia y el bléiser azul que pronto nos acostumbraríamos a ver. Vino por una semana y se quedó más de tres años.

El día que conocimos a James despedíamos a Sigi, un amigo alemán que regresaba a su país con su familia después de ocho años. Casualmente nos visitaba también una francesa. Seguramente con tanto europeo en casa se sintió cómodo, y fue por eso que regresó otro día, y luego otro. Más tarde nos preguntó si podíamos alquilarle una habitación. Así, se fue quedando.

Primero fue sólo cosa de pintar; pero meses después, Ilse y Bernard, un matrimonio de voluntarios amigos nuestros -austríaca ella, suizo él- fueron a visitarnos para anunciarnos que pronto regresarían a Europa, y entonces surgió la idea de escribir un libro antes de que partieran.

Libro: "Plantas en la Cultura Andina"
Tal vez fue que las distintas visiones norte-sur y las diferencias de orientación profesional lo enriquecieron. Pero el mayor mérito del libro fue forjar una amistad sólida entre nosotros, aún en la distancia.
Una noche, Bernard llamó para decir que el siguiente sábado se iría a Suiza por una semana. Era miércoles, pero sin pensarlo dos veces, decidimos que llevaría el proyecto. El lunes siguiente, el proyecto estaba aprobado.

Así empezamos a estudiar las plantas. Pronto nos dimos cuenta de lo difícil que sería. Sólo Ilse y Bernard eran agrónomos. El campo de Diana es el comercio exterior; el mío, la cultura andina; James no sólo había estudiado arte, sino además filosofía y medicina alternativa. Pero no había un solo biólogo o botánico entre nosotros. Tuvimos que aprender aceleradamente. Hicimos investigación de campo, leímos mucho. Trabajamos día y noche.

Fue entonces cuando surgieron las discrepancias. Europa y Perú se confrontaron. Tuvimos discusiones memorables.

Fue un representante de la financiera quien nos enrumbó. A mediados del 2000 el libro estaba terminado. El día de la presentación nos sentimos liberados.

"Plantas en la cultura andina" tuvo gran aceptación en los medios especializados. Tal vez fue que las distintas visiones norte-sur y las diferencias de orientación profesional lo enriquecieron. Pero su mayor mérito fue forjar una amistad sólida entre nosotros, aún en la distancia.

Diana y Josué con su huésped inglés, en esta "antigua" foto tomada en el 2000
Después de ver sus dos escudos de armas, los restos del castillo familiar y su enorme casa en el norte de Inglaterra, nos preguntamos: ¿qué hacía con nosotros?
James se quedó dos años más, pintando. Al principio sus colores eran de tonalidades frías; un día, cruzó con un violento amarillo una pintura, así pudimos ver cuánto estaba sintiendo el color y el calor del sur.

Fue realmente un tiempo abrigado, algunas noches encendíamos el fuego en una cabaña que tenemos al costado de la casa, tocábamos guitarra y cantábamos.

Aludiendo a su talla, 2,05 metros, Ilse solía decir que debía ser un noble. Él contestaba que lo decía por ella misma. Un día, mientras censuraba a Diana por su acento al hablar inglés, ella molesta le contestó refiriéndose al célebre colegio inglés: "Bueno, yo no he estudiado en Eton".

Fue una sorpresa para todos cuando él increíblemente contestó alarmado: "¿Cómo lo has averiguado?"

Así, poco a poco, fuimos enterándonos que teníamos un principito inglés en casa. Cuando luego de uno de sus viajes regresó con un libro acerca de su familia y su histórico pueblo, supimos que lo era. Después de ver sus dos escudos de armas, los restos del castillo familiar y su enorme casa en el norte de Inglaterra, nos preguntamos: ¿qué hacía con nosotros?

Tal vez simplemente soñar y jugar un poco. Como en esa ocasión de fines del 2000 cuando nos tomamos esa "antigua" foto, para perennizar la época cuando el príncipe pintor llegó del frío.


LA ALEGRÍA DE SER PADRE
Pintura: Urunchikunahuan. Así son nuestros niños (detalle).

Muchas gracias amigos. Sus comentarios han sido como rayos de sol para mí.

Como el sol de la mañana llegaron también mis hijos.

Nunca le he dicho a Betzabé con cuánta ilusión esperé su nacimiento. Cuando la vi tan pequeñita y frágil me llené de ternura. Ligada al campo, como yo, escogió ser ingeniero agrónomo y hoy transmite su amor a la tierra a sus dos niños.

Cuando llegó Guillermo pensé en las largas caminatas que daríamos juntos por los pueblos de nuestra sierra. Quizás por eso le gustó el ciclismo de montaña. Es un destacado deportista, y tal vez también lo será Avril, su hijita de meses.

"Así era el mundo andino cuando ellos nacieron".

Consentida por todos, María Friné jugó desde pequeña con todas mis pinturas. Llenó de colores las paredes de la casa y cuando creció, estudió restauración de pintura mural. Hoy empieza a abrirse paso en el difícil mundo del arte.

Pensando en ellos pinté Urunchikunahuan. Así son nuestros niños, un cuadro en el que ellos juegan felices rodeados de chacras de mil colores, dueños del mundo y de su destino.

Así era el mundo andino cuando ellos nacieron. Todas las casas estaban abiertas a los niños, todos los protegíamos. La familia y la comunidad eran el centro de nuestras vidas. Los niños crecían seguros y libres.

Después, el mundo se fue haciendo cada vez más "ancho y ajeno", como diría el gran escritor peruano Ciro Alegría. La televisión trajo otras costumbres, otros valores. La aldea se hizo global, pero el desarrollo de las telecomunicaciones que lo hizo posible y que puede servir para acercarnos, como en esta ocasión, despersonalizó las relaciones.

Álvaro, a los 5 años
Tenía 52 años cuando nació Alvarito. Con mis otros hijos ya jóvenes, tener un niño a esa edad fue maravilloso. La casa se llenó de algarabía. Es un niño de esta época. Aprendió a manejar la computadora antes que Diana e igual pasó con el celular.
Aún así, Alvarito se anunció a la manera mágica andina, en un cocaquinto y en una reunión fraterna.

Era un día especial. Estábamos reunidos junto al río haciendo un 'pago' a la Pachamama, la madre tierra, para agradecerle por el nuevo libro de un amigo de toda la vida. Fue cuando, entre las hojas de coca de la ofrenda, yo encontré una hoja pequeñísima, completamente entera, y al mostrarla a la señora que dirigía el 'pago', ésta anunció alborozada que un bebé venía en camino.

Aún recuerdo el comentario de Juan José, un distinguido antropólogo, cuando saqué del bolsillo la ecografía que una hora antes le habían hecho a Diana. Habíamos guardado la sorpresa para después, demasiado emocionados al saber que esperábamos un hijo luego de tres años de casados. "Caramba -dijo Juan José-, yo sabía de esto, pero es la primera vez que lo veo".

Tenía 52 años cuando nació Alvarito. Con mis otros hijos ya jóvenes, tener un niño a esa edad fue maravilloso. La casa se llenó de algarabía.

Alvarito es un niño de esta época. Aprendió a manejar la computadora antes que Diana e igual pasó con el celular. Toca flauta y aprende a tocar violín. Quizás sea músico y haga realidad mi sueño, pues compone melodías cortas. Pero su ambición es ser arqueólogo. Le fascina Egipto y las culturas Chavín y Chachapoyas.

Hace casi tres años tuvo la ocurrencia de pedirle un programa al director de la radio en la que Diana trabajaba como voluntaria. Desde entonces, con guiones de su madre, es la voz de "Llaves para tu imaginación", un microprograma radial sobre cultura andina y valores.

Como dice una de mis estudiantes de arte, Alvarito es "un niño con experiencia". La necesita en esta época que le ha tocado vivir.


CUADROS QUE HABLAN
Montaje de obras de Josué Sánchez: espantapájaros, viejo con gallo, serpiente "amaru", niño con globos.

Escribir para mí no es fácil. Yo no escribo, pinto. Hoy mis cuadros hablarán por mí.

Espantapájaros (Josué Sánchez)
Pasé mi infancia conversando con las plantas, con las aves, con las piedras que cobijan a los grillos y con las criaturas vestidas de harapos que llaman espantapájaros.
A los cinco años me llevaron de la ciudad al campo y pasé mi infancia conversando con las plantas, con las aves, con las piedras que cobijan a los grillos y con las criaturas vestidas de harapos que llaman espantapájaros.

Nunca comprendí el por qué de su nombre, si con sus manos de paja dan de comer a los pajarillos y bajo sus sombreros de fieltro anidan los huevos.

Así los he pintado, incapaces de asustar, a diferencia de mi vecino, el viejo Don Gregorio, que sólo depositaba su ternura en el gallo orgulloso que acompañaba su soledad. Los niños lo mirábamos de reojo, con temor, creíamos que era el guardián del manantial que corría al costado de la chacra de mi abuelo.

Los cuentos de las noches de mi infancia viven aún en el recuerdo de la voz emocionada de mi madre. Ahí cobraban vida don Antonio Atoj, el zorro, y Diguillo Ucucha, el cuy, más listo que el zorro. Negándose a descansar, aventura tras aventura, ellos jugaban sobre mi almohada de niño hasta el amanecer.

No soy yo, le decía a mi madre, son ellos los que no quieren irse a dormir. Afuera, los gatos de la tía Simeona peleaban mientras yo me juraba que algún día los atraparía. Negros, encorvados, listos para escapar al menor descuido, están encarcelados ahora en los lienzos que pinto para fastidiar a los pintores.

Niño con globos
Los niños encubrieron su tristeza con globos de colores...
Mientras, la chismosa de Manuela, mi compañera de la infancia, lo observaba todo, lo oía todo. También a ella debía asustarle el condenado que vagaba trasnochando su mala vida por el mundo de abajo, el Ukupacha.

Ahí, en las historias de mamá, estaba también el amaru, la serpiente cargada de presagios que en los 80 cayó como un rayo sobre el Perú con los colores de la muerte.

Entonces vi cómo acechados por serpientes, osamentas y miedos, los niños encubrieron su tristeza con globos de colores y aprendieron a vivir entre negros charcos de dolor, escondidos tras caretas para no ver cara a cara a la muerte y sus ultramarinos ojos azul profundo, ciegos.

El color de la selva amazónica peruana es muy distinto. La verde azul floresta es mágica y deslumbra. Me perdí tres meses allí. A orillas de los ríos Ene y Apurímac, los nativos machiguengas y asháninkas llenaron mi cabeza de imágenes fantásticas.

Muro en el Convento Franciscano de Santa Rosa de  Ocopa (Josué Sánchez)
Con esos colores y esas historias cubrí 400 metros cuadrados de muro en el Convento Franciscano de Santa Rosa de Ocopa en 1993. Vida para el Dios de la vida.
Así como el río narra la historia en cada estación, en cada crecida, así fluían sus tradiciones alrededor de las fogatas en medio de la espesura llena de los sonidos de las chicharras, los jaguares, los loros, las mariposas, los otorongos, las serpientes de bocas sagradas que guardan el secreto ancestral de los que viven en la selva enajenados por el aroma de las orquídeas, el palorosa, los bejucos y el diablo fuerte.

Con esos colores y esas historias cubrí 400 metros cuadrados de muro en el Convento Franciscano de Santa Rosa de Ocopa en 1993. Vida para el Dios de la vida.

Tiempo atrás, otro mural en la iglesia de Chongos Alto, también en Perú, me había abierto las puertas de Europa. Tengo dos murales en el Santuario de MISSIO y la Iglesia del Espíritu Santo en Aachen, y otro en Litzelstetten, a orillas del Lago Konstanz, en Alemania. Pero Europa es otra historia.


PINTOR POR FASTIDIAR A LOS PINTORES
Josué Sánchez, pintor

Tengo 61 años, pero aún no pinto canas y me siento gloriosamente joven. La juventud es un estado mental, por eso aunque se me pusieron los pelos de punta cuando me enteré que escribiría un blog en BBC Mundo, terminé aceptando.

Claro que entonces apenas tenía una vaga noción de lo que era un blog -internet siempre me ha puesto nervioso-; pero después de encantarme leyendo a Khabiria -bloggera de Venezuela- y los consejos de Hernán Casciari, trataré de no defraudarlos.

Toros de terracota
De niño vivía cerca de una fábrica de tejas que nos daba una propina a los niños por trabajar en terracota pequeñas esculturas de toros, leones e iglesias que la fábrica obsequiaba a sus clientes. Era divertido hacerlas.
Nada de esto fue idea mía. Se le ocurrió -¡cuándo no!- a Diana, mi esposa. Le fascina participar en concursos. Fue ella la que escribió a BBC Mundo con la esperanza de dejar de ser mi "secretaria ad honorem", como suele decir cuando utilizamos Internet.

Nunca me propuse ser pintor, en realidad soy escultor, pero hubiera querido ser músico. Ingresé al Conservatorio, pero mi madre enfermó gravemente y tuve que dejarlo para cuidarla.

Para no perder el tiempo me matriculé en la Escuela de Bellas Artes de Huancayo, mi ciudad, en Perú. Siempre estuve ligado al arte.

De niño vivía cerca de una fábrica de tejas que nos daba una propina a los niños por trabajar en terracota pequeñas esculturas de toros, leones e iglesias que la fábrica obsequiaba a sus clientes. Era divertido hacerlas.

Otra cosa que debió influir fue la afición de mi madre a urdir mantas. Yo le ayudaba a seleccionar los hilos. Así aprendí a armonizar los colores.

La Escuela de Bellas Artes sólo tenía 18 alumnos y únicamente dos estudiábamos escultura. Eso suponía una desventaja frente a las bromas de los estudiantes de pintura, pero nos dejaba dueños del taller de escultura y lejos de la pintura académica de corte occidental que se practicaba entonces.

Autor: José Sánchez. "La Fiesta de la herranza o de marcación de ganado" (Detalle)
Un año antes de terminar los estudios de arte hice mi primera exposición de pintura. Entonces me preguntaron por qué pintaba y, un poco en serio un poco en broma, contesté que era por fastidiar a los pintores.
Fue haciendo un estudio de una escultura pre-inca, que se me ocurrió ponerle color al dibujo. Cuando le mostré el resultado a mi maestro, el pintor Alejandro Gonzáles Trujillo, éste elogió mi trabajo y me alentó a seguir experimentando.

Un año antes de terminar los estudios de arte hice mi primera exposición de pintura. Entonces me preguntaron por qué pintaba y, un poco en serio un poco en broma, contesté que era por fastidiar a los pintores.

Lograr un nombre no fue fácil. Aún recuerdo mi primera exposición importante en Lima. Ahí estaba yo, pretendiendo ignorar las acerbas críticas de los profesores de la Escuela de Bellas Artes de Lima invitados por la galerista, que encontraban insoportables mi pintura plana y el restallante colorido de mis cuadros, cuando para sorpresa de todos entró la famosísima escultora boliviana Marina Núñez del Prado, a quien yo sólo conocía por las fotos de los diarios. Mudo de la emoción, apenas atiné a balbucear unas palabras cuando ella acercándose me dijo en voz alta: "Felicitaciones, esta exposición en París hoy, sería un boom". Fue un momento glorioso. ¡Sí que fastidié a los pintores! Y fue el espaldarazo que necesitaba para consolidar un estilo basado en una estética andina.

Marina Núñez del Prado también me dijo entonces que sólo un arte con identidad puede ser universal. Cuando hablo con mis jóvenes alumnos de arte siempre les repito eso.






 

BBC MUNDO - PRODUCTOS Y SERVICIOS


banner watch listen