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Lunes, 3 de abril de 2006 - 11:31 GMT
Oda a la... cocina
Museo de la Vida Cotidiana
Redacción BBC Mundo



¿Qué más cotidiano que la cocina? Lugar donde uno pasa buena parte del día, preparando desayunos y cenas, leyendo el periódico -si es que es lo suficientemente grande como para tener una mesa y centro indiscutible de encuentro en todas las fiestas (¡siempre parece ser el lugar donde hay más acción!).

Y con el tiempo, los objetos que la pueblan han ido cambiando, ¿se acuerda de las antiguas batidoras o licuadoras, esas que pesaban un tonel? ¿Y las heladeras Siam o los muebles de madera repletos de cajoncitos?

En esta oportunidad, lo invitamos a que nos envíe fotos de su cocina, de los objetos que hay en ella, y que nos escriba sobre sus recuerdos asociados con algún utensilio en particular y po rqué no, alguna de sus recetas favoritas. Recuerde que en este caso, no importa si los objetos son nuevos o viejos, ya que su flamante refrigerador en algunos años se convertirá en un recuerdo del pasado, digno de exhibirse en cualquier museo.


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Nunca se me va a olvidar la cocina de mi abuelita; el sonido de el agua al correr por el fregadero de granito, el olor de la salsa frita de tomate para preparar el arroz y el olor del jugo de limón con azúcar para el agua, el canario cantando en el pasillo soleado a eso de las doce del día¿ También era el centro de reunión de toda la casa, de todo sucedió ahí: risas, peleas, llantos, permisos, avisos , oraciones, decisiones¿ Mis primos y yo siempre nos peleábamos por la silla en el rincón de la cocina, recuerdos invaluables e inolvidables.
Merab Sánchez P. San Luis Potosí, México

Cuando viajamos siempre traemos recuerdos asociados con la cocina. Usándolos recreamos el viaje y viéndolos en su tazón o colgados de algún gancho nos alegran el días, pues nos sentimos en dos lugares a la vez: el aquel destino y en nuestra querida casa
Michelle Bracho

Lo mejro que se pude hacer en una ciudad mexicana es limpiar los graffitti, luego reparar aceras, lo demás ya no se puede porque no hay agua jejeje.
Edgar, México

Mi abuelo materno ya sintiendose mayor decidió pasar sus últimos años en una quinta en el campo bonaerense, precisamente en General Rodriguez. No puedo olvidar la sensación que me produjo entrar en esa enorme cocina, donde colgaban de un gancho unas patas de chancho y unos chorizos que destilaban grasa. Me llamó la atención un enorme mueble todo de hierro, donde un par de ollas ennegrecidas cocían un puchero a borbotones. Me arrimé todo lo que la prudencia me indicaba, pidiéndole a mi madre que bajara el fuego, con alguna perilla. Pero no había nada a la vista. Era una cocina económica. Pensé que mi abuelo, para economizar dinero, tenía esa cocina sin perillas, con trozos de leña encendidos para hacer el fuego. Detrás de la puerta había un almanaque de Molina Campos, propaganda de la firma Alpargatas y en un rincón una heladera de madera, donde un peón acababa de colocar un enorme trozo de hielo que traía envuelto en una arpillera. Qué pobre es mi abuelo!!!- pensé. Cuando sea grande le voy a comprar una cocina a gas como hay en mi casa y una heladera con enchufe. Corría el año 1942, y yo era una niñita de ciudad, que se asomaba al campo.
Silvia E. Chiarini. Buenos Aires. Argentina

La cocina en mi casa siempre ha sido el lugar de reunion de mi familia. En la infancia mi hermana y yo comiamos en una mesita a la medida salchichas y huevos duros con mucha salsa de tomate. Durante la adolescencia, la cocina fue el lugar para pedir permiso, discutir la pinta, hacer las tareas del colegio y por supuesto para llorar pelando cebollas. En la edad adulta, la cocina de mis papas sigue siendo el lugar privilegiado para discutir los asuntos del dia sean estos politica, literatura, el clima o simplemente la cantida de tiempo de coccion de la pasta para que quede en su punto. Mi papa siempre ha estado al frente de la estufa preparando comida sencilla o sofisticada dependiendo de la ocasion y de los comensales. Mi mama aterrada sigue preguntando si es necesario usar tantas cucharas, sartenes etc...Yo, su asistenta eterna he realizado muchas tareas divertidas y otras no tanto, recordando particularmente la detestable tarea de pelar calamares. Hoy, la cocina de mis papas sigue siendo el rincon mas querido por todos. Las discusiones siguen siendo las mismas, algunas triviales y otras fundamentales. Lo unico q ha realmente cambiado es la cantidad de calorias de las recetas cada vez con menos crema y mas vegetales.
Catalina Valenzuela

Nuestra cocina era pequeña y contenía lo básico; mesa, sillas, alacena y una blanquísima estufa con horno y cuatro quemadores. En este espacio mi hermano gemelo y yo preparábamos un rico dulce hecho de harina de maíz batida con leche, azúcar, vainilla, canela y algún otro ingrediente que ahora no recuerdo. Luego poníamos esta mezcla en el fuego y como se tenía que mover continuamente con la cuchara de madera, nos turnábamos esta tarea durante quince o veinte minutos. Transcurrido este tiempo se vertía la preparación en un recipiente redondo y cuando el postre ya estaba frío y cuajado lo compartíamos con la familia sirviéndolo en platitos puestos en una mesa verde y blanco, que era combinación usual en las cocinas de ese tiempo.

P.S: Ahora estoy encantada con una taza térmica de brillante color rojo, con el logo de The Rolling Stones, ahí sirvo mi café caliente para el desayuno.
Verónica Jiménez Reyes Iztacalco, Ciudad ! de México.

En los siete países en que he vivido han estado presente en mi cocina dos instrumentos que han llamado muchìsimo la atención y de los que estoy muy orgullosa precisamente por el interés que han despertado. ¿Qué haces con eso? ha sido pregunta invariable; hablan de: Un molenillo dominicano; ireemplazable como batidora manual, simple, que ocupa poco espacio, no depende de electricidad y rinde resultados inigualables. Un simple palo con un rústico alambre enroscado en una punta! Gafas protectoras (las que utilizamos para nadar): remedio infalible y definitivo para pelar y picar cebollas sin lagrimeos, sin importar cuántos kilos. Nada de desperdiciar agua pelando bajo el grifo ni mojaderas ni enganchaderas de trozo de pan en la punta del cuchillo.
Angelica Curado Nicosia - Chipre

De niña y casi hasta los 15 viví en el interior de mi país, no teníamos luz eléctrica por lo que se cocinaba a gas o leña, en invierno siempre a leña. La cocina siempre fue y sigue siendo el lugar de encuentro de toda la familia. Un espacio acogedor, siempre calentito y dispuesto a recibir a todos. Como extraño estar con mis padres y hermanos cocinando chipas o mbejus ( tortillas hechas a base de almidón y maíz) y charlando hasta altas horas en las largas noches de invierno¿.
Laura Viveros Asunción-paraguay

Hace, creo, mas de setenta años, para nuestra casa, siam dejo una heladera para que vieramos el adelanto de la tecnica....y tuvieramos deseos de adquirirla....mi padre dijo.... no!!...nos basta con la de hielo, con la espiral y la canillita!....parece que fue ayer! ruben steinberg buenos aires argentina.
Ruben steinberg, buenos aires, argentina

Como no recordar la batidora Kenwood que teniamos en la cocina y en la que mi madrina preparaba kekes, tortas y otros postres. Pesaba una barbaridad pero las masas que amasaba quedaban una crema, mi madrina siempre complice me daba la espatula y/o el tazon para comer la masa cruda. O el horno de nuestra cocina General Electric donde se horneaban nuestros cenas que quedan como los recuerdos de infancia.
Marco Pérez C.

A mis cuarenta años aún recuerdo el olor a humo que dominaba la cocina de la abuela. Las paredes, elaboradas con delgadas ramas dejaban entrar los suaves rayos del sol matutino mientras que el humo del fogón de barro salía en una suave danza aromatizada con el olor del café y de las tortillas recién cocidas. El piso, de barro, apisonado era un deleite a los pies: fresco, aromático y con suaves prominencias... la mesa, de rudos tablones invitaba a quedarse después de los alimentos y acompañar un café o una limonada fresca, servida como debe ser: en una jícara. Un caldo de pollo era la gloria, unos frijoles con hálito de epazote perfumaban este ámbito maravilloso y qué decir del suave olor de la leche recién ordeñada y del queso fresco rebanado. La fruta rodeaba la cocina en frondosos naranjos, altos árboles de nanche y deliciosas guayabas que coronaban la comida con el deleite de su frescura. La cocina era todo y todo lo dominada; la llegada del trabajo en el campo; la bienvenida a las visitas; los consejos al desalentado; la oración para el viajero; la infusión de hierbas que todo lo curaba; la sonrisa hermosa, limpia y morena de la abuela que inundaba de amor y cariño cada acto de amor convertido en comida.
Eduardo Santiago Suárez, Xalapa, Veracruz, México




 

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