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Jueves, 9 de febrero de 2006 - 13:17 GMT
Blog desde la Antártica
Hugh Broughton
Para Hugh, la experiencia es totalmente novedosa.
Hugh Broughton es uno de los afortunados arquitectos británicos a los que el pasado 9 de julio de 2005 se les abrió aún más el horizonte.

Después de un año de intensa competencia con algunos de los mejores arquitectos e ingenieros del mundo, su estudio en asociación con la firma Faber Maunsell, ganó la licencia para diseñar Halley VI, la estación británica de investigación científica en el continente antártico.

Halley VI será construida en la plataforma de hielo Brunt que tiene un grosor de 100 metros y flota levemente hacia el norte. Deberá reemplazar a la base existente que está instalada sobre una base de hielo que se desprenderá del continente en 2010.

Halley es una estación crucial para las investigaciones de las ciencias meteorológicas y atmosféricas. Entre otras cosas, fue desde ese lugar que el Equipo Británico de Investigación de la Antártida (BAS por sus siglas en inglés) descubrió en los años '80 la existencia del agujero en la capa de ozono.

El 8 de enero Hugh, acompañado por dos ingenieros y un director de la empresa constructora, partió camino a Antártica dando inicio al proyecto. Desde allí accedió a compartir su experiencia con los lectores de BBC Mundo, en forma de una bitácora que nos estará enviando cada semana.

MIÉRCOLES 8 DE FEBRERO
Base Halley, Plataforma de hielo Brunt, -8ºC, cielo despejado

En este momento en la base Halley hay 2 científicos, 12 personas que trabajan directamente con los científicos, 41 técnicos y 4 miembros del equipo de diseñadores de Halley VI. Es claro que el esfuerzo que se necesita para recabar y conservar información científica de alta calidad en la Antártica es enorme. En nuestros últimos días en la plataforma de hielo Brunt, ese esfuerzo se hizo evidente, acentuando la importancia de hacer más efectivo el proceso operativo en el diseño de la nueva estación.

Una noche, el comandante de la base nos llevó a visitar el sitio donde se va a emplazar la nueva estación. El viaje hasta allí -en un vehículo especial para andar sobre nieve- se demoró una hora. Hasta el momento, sólo cinco personas han visitado el lugar. En nuestra expedición el montañero canadiense Alex Taylor iba primero, marcando el camino en la plana superficie de hielo, velando por la seguridad de los primeros arquitectos, ingenieros y contratistas en visitar el lugar. A pesar de que el sitio sólo alberga a una remota y frágil estación meteorológica, nuestra llegada fue un gran evento. Caminamos ansiosos y emocionados: aquí es donde se jugará el campeonato de pool de Halley 2009 o donde los residentes de la base podrán descansar y relajarse en una sauna. Nunca he sentido estar tan cerca de que Halley VI se convierta en una realidad.

Nos acercamos a la costa para inspeccionar las grietas y el terreno donde se descargará la estructura de la nueva estación. El hielo que cubre el mar en el invierno ha desaparecido al igual que las grietas. El único lugar posible para descargar las estructuras es un lugar llamado N9, allí una falla natural en el hielo ha creado una especie de bahía con un borde de hielo más bajo. Con el sonido de los pingüinos Emperador como telón de fondo discutimos cómo hacer más sencilla esta tarea.

La inminencia de nuestra partida me hace reflexionar sobre mi estadía aquí. Para mí, experimentar la enormidad de la Antártica, su vacío y su belleza excepcional fue una experiencia sensacional. Sumado a eso, el espíritu de la estación, la solidaridad y camaradería de sus residentes me han inspirado enormemente. Mañana iniciaremos nuestro lento regreso al Reino Unido vía la base alemana en Neumayer, la base rusa en Novolazarevskaya y Ciudad del Cabo en Sudáfrica. ¿Fue este acaso el mejor viaje que hecho en mi vida? ¡Sin duda!

DOMINGO 5 DE FEBRERO
Base Halley, Plataforma de hielo Brunt, -2ºC, nublado

Al vivir en la base Halley durante el verano es difícil recordar que uno se encuentra en la Antártica. Cuando llegamos aquí me impresionó el frío, el aislamiento y la extensión de la blanca plataforma de hielo que nos rodea. Dos semanas después ya me encuentro inmerso en las rutinas diarias y semanales de la estación, casi sin percatarme de lo remoto de nuestra situación. Dentro del perímetro siempre hay alguna actividad. A las 8 de la mañana afuera de la Plataforma Laws hay incluso una hora punta -científicos que salen a trabajar, el equipo que se encarga de trabajar el acero reparando juntas y los encargados de derretir la nieve ya están ocupados recargando el tanque.

Aunque la rutina de la vida en la estación puede colocar a uno en un estado de relativa seguridad, la realidad es que nuestro oasis es un pequeño punto en una tierra vasta y desolada. Incluso en el verano y en el mejor clima llevaría días llegar a un hospital bien equipado. Esto hace que todo el mundo se tome muy en serio los simulacros de emergencias en la estación.

La escena es más que probable. Se supone que un avión Twin Otter se estrelló al despegar con el resultado de cuatro personas heridas. Como estamos por abandonar la base en pocos días, Peter Ayres y yo nos ofrecimos de voluntarios para hacer de víctimas. Yo me coloqué en la parte trasera del avión, desesperado y supuestamente alplastado por un barril de combustible. Martin Bell, jefe de proyecto del Halley VI está frente a mi -maquillado con un hueso de alce que sale de su brazo, bañado en sangre falsa. La situación duró toda la tarde y mi condición fue empeorando. Finalmente me transportaron en un trineo abierto al salón comedor del edificio Drewry, convertido de apuro en hospital de campaña. De allí a la plataforma Laws para cirugía de emergencia. Afortunadamente la actuación terminó antes de que se echara mano al bisturí. El flujo de adrenalina se podía palpar y seguramente se aprenderán muchas lecciones cuando se analice todo.

El sábado en la noche el bar vibraba con el recuento del simulacro de la tarde. Realmente disfruto las noches de los sábados en la Antártica. A medida que pasó el tiempo en la base comencé a imaginar lo que debe ser pasar un invierno aquí. Es cautivante pensar en la aventura y la resistencia durante 100 días de oscuridad y temperaturas de -50ºC. La relativa simpleza del tanque para derretir nieve en una mañana soleada de verano se transforma debido a las temperaturas extremas y los vientos helados, pero no puede ser eludida.

Pero en recompensa se pueden apreciar los cielos resplandecientes que el resto de nosotros sólo puede imaginar -atardeceres de un carmesí profundo que reflejan en la nieve, espectáculos de auroras, que describen un arco verde y brillante en los cielos oscuros plagados de estrellas en las profundidades del invierno. Estas experiencias también unen a la gente, teje una compleja red de relaciones entre los integrantes del grupo invernal.

A medida que camino despacio pondero en silencio si alguna vez me gustaría pasar un invierno en Halley. Hace 20 años firmaba lo haría sin pensarlo, pero ahora ya empiezo a pensar en el regreso junto a mi familia.

MIÉRCOLES 1º DE FEBRERO
Base Halley, Plataforma de hielo Brunt, -4ºC, nublado

En las primeras estaciones científicas de Halley las habitaciones estaban ubicadas en unos túneles semi-enterrados en el hielo. Me imagino lo difícil que habrá sido la vida en ese entonces para los científicos, cuando después de un día de trabajo se iban a dormir a sus habitaciones en las profundidades de la plataforma de hielo Brunt, acompañados por el sonido del hielo crujiendo a su alrededor. Cuando se abrió la convocatoria para diseñar Halley V era evidente que se necesitaba otro concepto.

Hugh Broughton
La estación actual es un edificio de un solo piso sostenido sobre unas patas de acero que lo elevan por encima del suelo. En Antártica, todo lo que se deja sobre el hielo se hunde en muy poco tiempo. Al levantar el edificio del suelo mediante una serie de columnas o postes, el viento que circula por debajo se acelera, funcionando como una pala, e impide que se junte nieve por debajo. En los alrededores, la nieve se acumula alcanzando el metro y medio.

Esta idea funciona bastante bien pero presenta un pequeño problema: el movimiento del hielo deforma los postes, por lo tanto estos tienen que ser reubicados todos los años. Una vez reacomodados, se necesita un equipo de 40 personas para levantar lentamente el edificio 1,7 metros por encima del hielo en preparación para la acumulación de nieve del próximo año.

Después de haber hecho todos los preparativos, todo el personal de la base dejo el trabajo a un lado para concentrarse en el fin de semana. Aquí en Halley, los sábados por la noche son todo un evento. Con el sol que nunca se pone, las cervezas que no paran de circular y los músicos deleitándonos con sus talentos, es muy fácil perder la noción del tiempo y de repente darse cuenta de que la noche se ha terminado. La sensación de pertenecer a una comunidad es muy fuerte en esas noches, que son también la ocasión perfecta para enterarse de los chismes de la base.

Trabajo de equipo

Cuando llegó el momento de avocarnos a la tarea de elevar el edificio, todos estuvimos involucrados en ello. El esfuerzo comunal lo es todo aquí. El martes nos tocó derretir nieve para hacer agua (eso implica 4 personas trabajando con una pala juntando nieve por 15 minutos, dos veces al día). En la nueva estación, eso lo hará una excavadora. En cuanto a otros trabajos, cada día a uno de nosotros le toca hacer algo: lavar los platos, barrer, pasar el trapo, etc.

VIERNES 27 DE ENERO
Base Halley, Plataforma de hielo Brunt, -2ºC, poca visibilidad, vientos moderados

Después de un fin de semana maravilloso, el lunes nos trajo nuevamente un cielo de un azul intenso y un sol refulgente, el clima ideal para dar un paseo por la costa. Nuestro proyecto se basa fundamentalmente en colocar en la capa de hielo sobre el mar estructuras casi terminadas y de allí trasladarlas a través de unas rampas al sitio donde se emplazará la base. Los últimos 300 metros de costa tienen que hacerse a pie porque el hielo está plagado de grietas. Mientras discutíamos alternativas posibles, la bruma del mar comenzó a envolvernos.

El martes fue un día activo. Construimos un trineo para probar si la aplanadora puede enganchar las construcciones que diseñamos y trasladarlas hielo adentro. El viento soplaba tan fuerte que tuvimos que cubrirnos con múltiples capas (de color naranja). ¡El experimento funcionó! Pegamos un grito de alegría, después de 18 meses de hacer cálculos, gráficos y muchas suposiciones, la puesta en práctica resultó un éxito. Finalizamos el día con una presentación de nuestro esquema a los residentes de la estación. Respondimos muchas preguntas y bebimos muchas cervezas. ¡Me sentí orgulloso de ser el arquitecto!

Después de varios días de sol, el clima cambió: hay mucho viento y la visibilidad es escasa. Finalmente logramos hacernos a la idea de lo aislada que está la base. Definitivamente, muy lejos de casa. Dejé el frío polar por un rato para trabajar puertas adentro en una reunión con los científicos. Después de un par de días comencé a interesarme en temas como la medición de la capa de ozono y las llamaradas solares.

¡Tragedia! Durante cinco días la base perdió la conexión a internet. Cuando finalmente anunciaron por la radio que volvió a funcionar, todos celebramos con alivio. Sin embargo creo que el anuncio no fue bien recibido por todo el mundo: a veces el sentirse un poco aislados resulta muy útil para reforzar el espíritu de grupo.

SÁBADO 22 DE ENERO
Base Halley, Plataforma de hielo Brunt, -6ºC, soleado

Un par de pingüinos de Adelia se acercó a investigarnos cuando estábamos por salir de Rothera. Los mecánicos tuvieron que sacarlos de allí para que nuestra avioneta pudiese despegar. En cada tramo del viaje, uno de nosotros tiene la oportunidad de ocupar el asiento del copiloto. Yo me reservé el último tramo.

El viaje fue impresionante. Desde la ventanilla se podía apreciar un paisaje desértico, helado, cubierto por montañas, glaciares y bloques de hielo que se extienden por kilómetros y kilómetros. Éste es un paisaje que no ha sido tocado por el hombre. Luego de unas horas, aterrizamos en Fósil Bluff. Ésta es una estación británica que funciona con personal solamente en el verano. Dejamos a dos personas allí.

En esta base, donde viven temporalmente 15 personas, ha ocurrido que se han tenido que quedar a pasar el invierno, porque debido al cambio climático repentino, no han podido irse de allí al final del verano. Me imagino lo duro que habrá sido para sus familias.

Nuestra siguiente parada: la plataforma de hielo Ronne. ¡Allí no hay nada! Su superficie completamente limpia por el efecto de los vientos es de una belleza sin igual. El imponente cielo azul acento acentuaba la pureza de un lugar que sólo han visto unos pocos.

Un punto negro

En la última parte del viaje nuestra avioneta tuvo que atravesar una densa capa de nubes hasta que la plataforma de hielo Brunt quedó al descubierto. A una distancia de 16 kilómetros se podía ver un pequeño puntito negro en medio de una enorme superficie blanca y desierta. ¡Tan pequeño! La existencia en la base Halley parece muy frágil.

A medida que se iba reduciendo la visibilidad y la nieve giraba, flotando a nuestro alrededor, me puse a reflexionar sobre las dificultades de vivir en un ambiente tan hosti
Nuestros primeros días transcurrieron recorriendo la base. El sábado levantamos el domo para el satélite de la base. Para nosotros fue una gran oportunidad para ver a una gran maquinaria -que es importante para nuestro proyecto- en acción y ver cómo el trabajo para colocarla se ve afectado por los vientos cargados de nieve. A medida que se iba reduciendo la visibilidad y la nieve giraba, flotando a nuestro alrededor, me puse a reflexionar sobre las dificultades de vivir en un ambiente tan hostil.

Atardecer del domingo. Sol brillante y cielo límpido. La nieve sobre el suelo brilla intensamente como invitándonos a caminar por ella. Armados con esquís nos vamos de paseo por los alrededores de la base. A nuestra izquierda, el edificio de colores brillantes como fondo. A la derecha: nada, hielo y más hielo. Lentamente, noto como el paisaje antártico se apodera de nosotros.

MARTES 18 DE ENERO
Estación Rothera, Isla Adelaida, -2ºC y con buen clima

En la Antártica no hay nada que puede ser previsible, por eso, todavía estamos esperando que se produzca un cambio en las condiciones climáticas para abordar el avión que nos llevará a Halley. Mientras tanto aprovechamos el tiempo para discutir nuestros diseños y recorrer la base de Rothera.

Atardecer
Ésta fue establecida en 1975. El primer edificio ahora funciona como taller. Hace 30 años la vida aquí era completamente diferente. En uno de los extremos de la base, en un dormitorio comunal, dormía el equipo de 12 En el medio del edificio estaba el espacio común -la cocina, la sala- y la otra punta estaba destinada a los perros.

Ahora, por ejemplo, la estación utiliza un proceso de ósmosis revertida para conseguir agua potable, dispone de un bio-reactor para el sistema de cloacas, compacta todos los desechos y cuenta con un laboratorio de investigación científica de primera clase. La supervivencia ha dejado de ser un tema crucial. En la actualidad, lo importante es cómo mantener el ánimo del equipo. Para ello, el British Antarctic Survey organiza una cantidad de actividades recreativas.

Salimos unas horas más tarde para ser testigos de un momento increíble: el cielo brillaba con un tinte anaranjado y se reflejaba en las calmadas aguas de la Bahía Margarita. En la distancia se escuchaba el crujido de un hielo precipitándose al mar.
Mientras esperamos nuestro avión, decidimos dividir la jornada entre un poco de trabajo durante la mañana y otro poco de deportes después de la cena. Luego de esquiar bajo el sol nocturno en las laderas antárticas nos fuimos al bar. Salimos de allí unas horas más tarde para ser testigos de un momento increíble: el cielo brillaba con un tinte anaranjado y se reflejaba en las calmadas aguas de la Bahía Margarita. En la distancia se escuchaba el crujido de un hielo precipitándose al mar.

Más tarde, fuimos a visitar una caverna de hielo. Armados con sogas y crampones nos sumergimos dentro. La caverna es de una belleza increíble. En algunos sitios fue necesario gatear para recorrerla, mientras que en otras partes la cueva alcanza las dimensiones de una catedral. Una luz azul resplandeciente inundaba todo el lugar. ¡Parecía el Palacio de la Reina de la Nieve hecho realidad!

SÁBADO 15 DE ENERO
Estación Rothera, Isla Adelaida, -2ºC y con nieve

El viernes dejamos las Islas Malvinas camino a Rothera, la principal base británica en la Antártica. La mitad del avión estaba ocupada por cajas con alimentos frescos, correspondencia y equipos científicos. La primera media hora el cielo estuvo cubierto de nubes pero más tarde desaparecieron dejando a la vista un paisaje sin igual de montañas, glaciares y iceberg flotantes de una belleza escultural.


Al llegar a Rothera -una base donde en verano trabajan 100 personas y que en invierno sólo cuenta con 20- hicimos un rápido paseo en el que nos mostraron el terreno. Una corta caminata nos reveló la belleza del sitio rodeado de hielo, montañas y mar.

Un pingüino salió del agua y se arrimó hacia donde estábamos mientras que una foca, se quedó reposando tranquilamente sobre el hielo sin molestarse en abrir los ojos cuando le tomamos una foto.

Nuestro primer día fue extremadamente agitado. El vuelo desde aquí hasta Halley pasa por lugares desolados, remotos. El clima puede cambiar en cuestión de segundos y entonces es posible que el avión tenga que aterrizar sobre el hielo para evitar volar en medio de una tormenta.

Por eso, todos los pasajeros tienen que hacer un curso antes de montarse a la nave. Después de aprender a conducir unas motos especiales para andar sobre el hielo, nos enseñaron a utilizar las hornillas de gas, a empacar cajas con alimentos, a operar radios, armar tiendas de campaña y a preparar las comidas.

Parte del entrenamiento consiste en acampar sobre el hielo y pasar la noche allí.

CONDICIONES
Temperatura en invierno: 56º bajo cero
Vientos: hasta 140 Km. p/h
Luminosidad: más de 100 días de oscuridad p/a
La nueva generación de bases antárticas están perfectamente equipadas sobrepasando cualquier expectativa: se pueden ver películas por la noche, hay bibliotecas, bares y otros lujos. Sin embargo, cuando se trata de acampar, no mucho ha cambiado desde el tiempo de los grandes exploradores: aún la mejor carpa es la Pyramid, la mejor cocina la Primus y la mejor manera de mantenerse calentito por la noche es cubrirse con una piel de oveja.

Escuchar durante la noche el sonido del viento no hizo más que aumentar mi sensación de estar viviendo una aventura.

Regresamos a la estación con tiempo como para recorrer el lugar. Ahora estamos a la espera de la orden para subirnos a la pequeña avioneta que nos llevará a Halley. Mientras esperamos, aprovechamos para trabajar. Nuestra primera tarea no es de lo más agradable: ¡debemos concentrarnos en el diseño de las cloacas!


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