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Miércoles, 9 de marzo de 2005 - 12:39 GMT
Cuentos cortos: desde una foto
Camiones

Como si fuera un caracol, la enorme hilera de camiones repletos de mercancías.....

Ésta es una de miles de maneras posibles de comenzar una historia, inspirada en esta fotografía.

Lo que le proponemos en esta ocasión en El espacio del Lector, es que escriba una historia breve (no más de 150 palabras), inspirada en esta imagen.

Para no limitar su imaginación, preferimos no revelar ni el lugar ni el momento en el que fue tomada esta fotografía.


En breve publicaremos en este espacio las mejores diez historias. Y manténgase atento, que ya lanzaremos una nueva propuesta para que pueda contribuir con sus narraciones en el "Espacio del lector".

Esta invitación se cerró el 9 de marzo de 2005. Éstos son algunos de los cuentos recibidos. Los textos responden a la propuesta planteada y son reproducidos sin correcciones de ortografía o de sintaxis. La BBC cuida que los textos no ofendan la dignidad de las personas y que no sean difamatorios. Las opiniones vertidas no reflejan el punto de vista de la BBC.

Carretones roncando... Un tren de camiones de trompa y rabo circulando van llegando a a mi ya preparado Valle Sinverguenza. Los guiñoles ya se ensayan y los leones y elefantes preparan su Gran Narcha inaugural entre trompeteos y rugidos elegantes. El Circo Claro de los Gitanos se descuelga desde el crudo trapecio de las montañas. Señoras y Señores : El Circo ha llegado !!!
Osvaldo Manuel Herrero, san juan, puerto rico

Hoy es mi último viaje es este camión que es mi refugio desde que mi Claudia se fue. ¿Qué será de mí? no quiero sentirme un inválido encerrado en mi casa donde mis hijos y nietos tienen sus vidas propias y yo seré el inútil, el viejo a quien deben atender y mantener. ¡Diooos!, quisiera que esta congestión no acabe nunca. Es irónico, todos están ansiosos por que avancen los camiones, todos quieren llegar a sus casas, en cambio yo quisiera morir aquí¿ Tengo sueño, cerraré los ojos un momento¿ ¿Pero qué veo? ¿Esa no es mi Claudia? ¡Sí, es ella!, aquí mi amor, súbete al camión ¿Qué haces aquí? ¿De dónde saliste?¿pero ¿qué pasa? desaparecieron los demás camiones, que bueno¿ ¡Vamos amor!, ahora si quiero que lleguemos rápido a nuestra casa, estará vacía para los dos¿ esperaremos a nuestros seres amados como tu me esperaste¿ ¡que alegría verte¿!
Javier Arteta Franco, Caracas, Venezuela

Los camiones fueron conscientes de sí mismos un día de primavera del año 2030. Demasiada electrónica. El primer paso fue organizarse. Con la organización aparecieron los sistemas de gestión. La burocracia fue solo cuestión de tiempo. Había que conseguir documentos para realizar cualquier cosa. Las colas se convirtieron en la consecuencia lógica de su capacidad. Entonces añoraron los buenos tiempos en que los humanos hacían todo el papeleo y se estresaban mientras ellos reposaban sobre sus ruedas y tomaban el sol tranquilamente en los aparcamientos.
joaquin, barcelona , españa

Había oído de los retenes, de lo peligroso que era pasar por esta carretera que une el centro con el sur del país, de lo cansada que estaba la gente de esta situación... llevabamos más de medio día esperando a que estos, "los muchachos", así les dicen a los guerrilleros, suena hasta cariñoso,suena mejor que paras o paracos como les dicen a los paramilitares, terminan de mercar, de pintar el nombre de su frente con aerosol las puertas de camiones, busetas y carros... Lucho el "muchacho" que me hizo bajar del carro, más joven que yo, con manos de agricultor y tan asustado como yo mientras me apuntaba con su arma.
Andrea, Cali, Colombia

Sabía que esa hilera de camiones se dirigía a tu pueblo Santa Isabel, por eso me trepé en uno de ellos para viajar a tu encuentro. A pesar de la larga travesía y mi estado de polizón, no me impidió hacer lo posible ó lo increíble para ir a verte. Aún, viviendo tú en la Luna, yo montaría en otro camión para encontrarme contigo. Puedes creer que fue un viaje muy molesto. Muchas horas de camino me separaban ti. Solo sentí alivio cuando visualicé a través de los toldos la gran montaña y me percaté al fin que ya estaba cerca de ti. Casi llegando la hilera de camiones se detuvo. Rápidamente la impaciencia se apoderó de mi y no pude contener los deseos de bajar del camión y echar a correr sin mirar hacía atrás, hasta el lugar donde sabía que te encontraría¿ había transcurrido mucho tiempo sin verte.
abel Robles, La Habana, Cuba

La hilera de camiones parecia cuencas de un rosario,iguales,uno tras otro.La gente cansada y polvorienta trataba de dormitar. Habia un problema grave en la carretera principal, y todos habian tomado este desvio. Eran los camiones que traian verduras y frutas a la capital,desde Mendoza a Santiago.Hacia calor y los camioneros estaban sedientos y cansadisimos de los problemas. De pronto, Pedro que iba atras en el camion de lona azul, se puso a cantar...a grito pelado. Lo siguieron el conductor del camion de atras. Luego, los acompanantes. Luego, otros mas. Se formo un coro discordante, pero alegraba y despertaba, a pesar del ruido de los motores:"Para Chile me voy arriando la cordillera..."decia la cancion. Era linda, y subia los animos. Que mejor que el canto para alegrarse. Como decia, mi abuela, quien canta, sus males espanta...o algo asi.
Eugenia Toledo, Seattle, USA

-Una nueva oportunidad. La BBC de Londres convocó otro concurso de cuento, esta vez con dos condiciones: que se inspire en la fotografía allí publicada y que no tenga arriba de 150 palabras. -Bien. Empecemos así: "Como si fuera un caracol, la hilera de camiones repletos de armamentos y municiones se dirige a la central de abastos¿" -Un momentico. Usted está plagiando a los directores del concurso. -Las ideas no tienen dueño¿ -Pero sí las frases. Además, usted no puede saber si los camiones se dirigen a alguna parte o están varados a causa de un trancón. Tampoco puede saber con entera certeza si contienen alguna carga o están vacíos y los conductores van a descansar a sus casas después de haber entregado el cargamento. Por otra parte, ya se van a agotar la 150 palabras de combustible. -Qué se puede hacer? -Nada. Mande eso así, a ver qué pasa.
Berceo, Orlando, Fl., Estados Unidos

Pancho iba descendiendo por un costado del cerro cuando dio gracias a sus pies. "Gracias patas". No lo hacía para imitar al santo de Asis sino porque ya no le importaba ser religioso. Hacia años que se habia hecho un examen de vida y prometio ser cristiano. Le habia salvado la vida y queria que sus paisanos descubrieran lo mismo. Respiró el aire frío de la sierra y recordó lo maravilloso que era estar bien con sus paisas, sentirse parte de ellos y caminar en su misma direccion, "Es bacan", penso y se puso a pensar que algun dia llegaria a su casa junto a Andrea y la enamoraría y fundaría una familia con ella. "Cool" repitió para sí, porque le gustaba pensar en inglés a veces; se sentía humano y sonrió.
Alberto Nuñez Colan, Huaral, Peru

Despues de una noche interminable, en donde el mar enfurecido no respeto su limite natural y penetro hasta el ultimo rincon de la isla de RODAN, los primeros rayos del sol davan luz, color y forma a la destruccion, los habitantes que alcanzaron las zonas mas altas poseian lo mas importante. SU FE y con ella iniciaron el exodo hacia un lugar en donde las unicas fronteras fueran el cielo azul y el aire limpio en donde empezar una vida sin recuerdos para no herir al corazon ni abrumar al pensamiento y asi iniciar su historia, la que ellos abran de escribir...
enrique montaño castro, saltillo coahuila, mexico

Ella y el estaban sentados al lado del camino espiralado. -Mira cuantos camiones! -Dijo el. Ella no le hizo caso y empujandolo lo acosto sobre la hierba. Se besaron. Los camiones pasaban durante horas, ruidosos, a veces algun camionero les gritaba. Ella y el les ignoraron. No xistia nada mas.
Samantha Leal, Canarias, Espana

uff..papi, ya estamos cerca, siempre pense que que todos podiamos ir al cielo..solo faltan unos cuantos camioncitos para estrechar la mano a Dios.
pablo C. Olivares Rodriguez, Residencial Santa Fe Arequipa, peru

Llevaba mi muñeca en los brazos. Uno tras otros los camiones desfilaban despacio cubriendo con lonas y cerraduras, a cientos de familias con algunas pertenencias. A veces me parecía que éramos parte de una ilustración que alguien había dibujado, porque la fila se veía exactamente igual después de varias horas, y el paisaje lleno de árboles y cordilleras, parecía siempre el mismo. O quizá porque prefería pensar otra cosa diferente a lo que estaba pasando, quería olvidar por un momento que cientos de familias tenían que ser desalojadas a causa de la guerra.
Liliana Villegas, Distrito Federal, México

Ir y venir era indistinto, si no sabian a dónde querian llegar, mas un dia todo cambio y fué por un hombre dijo: ¡basta de perder el tiempo! demos sentido a la vida, todos juntos vayamos hacia el valle de la muerte y arranquemos a los niños de las fauces del hambre, la guerra, la miseria y la ignorancia y así nuestro andar tendra sentido. Desde entonces todos saben hacia donde ir, aunque algunos no quieran seguir el esencial sentido que indicará ese hombre. Hay muchos otros lo creyeron y ahi van batallando por el arduao camino de la vida haciendo su parte por salvar a los niños.
Arturo Limón, Chihuahua,

Mi hijo de tres años miró desconcertado la foto que aparecío este fin de semana en el diario."Mami, que lindo, mira que tren más grande". Yo, desde la otra punta de la mesa, miré incrédula. "No, amor, -le contesté- eso no es un tren, son muchos camiones, uno detrás del otro". "Y para que son, mami?" -volvió a preguntar-. "Son camiones que reparten ayuda en Venezuela a personas que estan pasando por una gran crisis". Mi hijo, me miró sorprendido y lanzó su siempre presente ¿por qué? Con paciencia de elefante le conté que a esas personas perdieron sus casas y propiedades por culpa de fuertes lluvias y nosotros, los cubanos, les mandabamos algunas cosas elementales para su subsistencia. Me pareció que no entendió mucho. "Ya tendrás tiempo de ser solidario tu también".
Clarita, La Habana, Cuba

El día en que recibió la invitación Hipólito no cabía en sí. Su primo Apolinar, quien desde hacía años vivía al otro lado de la frontera, finalmente se casaba con su amada. Hipólito vivía en la casa más grande de su pueblo. Su obsesión era la ropa. Las 230 habitaciones y los 47 armarios de la casa se encontraban hacinados de su inmensa colección. Hipólito no salía de casa sin que la hebilla de la correa hiciera juego con el autobus de turno, o sin que los zapatos tuvieran la misma tonalidad del suelo que pisaba según la luz del momento. Por eso, a pesar de los reclamos de su madre, Hipólito resolvió con la única opción que encontró viable. Al empacar para asistir a la anunciada fiesta, no le bastó con un par de maletas.
Alejandro Kobiakov, Madrid, Venezuela

Cuando divisamos la hilera de camiones,nuestro ànimo cambio de inmediato y supimos que no moririamos de hambre,al fin venìa la ayuda,muchos ya habian fallecidos,los pobre no aguantaron,la espera otros murieron en el aluda, pero quedamos los mas jovenes y chicos que pudimos correr y protegernos, habian perdido la esperanza,no sabiamos si el resto del mundo sabia de nuestra desgracia, ya que estabamos aislados,asi que el espectaculo de la caravana fuè un milagro,casi no podiamos creerlo,al fin despues de tanta desgracia llegò la salvaciòn y la comida, hoy recordamos esto como una aventura y gracias a la foto no se nos borra esta parte de nuestra vida, y asi disfrutamos mas de lo que tenemos y de los nuestros,cada minuto cuenta.
rosa fuenzalida, rada tilly-chubut, argentina

uno, dos, tres, cuatro, cinco... ¿que cuentas hijo? ¿borreguitos?, no mama, seis, siete, ocho, nueve... ¿hasta que numero vas a llegar? ya es muy noche, debes estar durmiendo, ¿no tienes sueño? si mama ¿entonces que esperas? que dejen de pasar... si yo se que hacen mucho ruido y echan mucha luz, pero debes dormir, ¿pero porque pasan por aqui por nuestra casa mama? jaja no bebe, no es nuestra casa, vamos en un autobus y llegaremos a la capital en la mañana, lo que pasa que la autopista esta muy cara y todos vamos por la carretera libre...
Luis Garcia, Durango, Mexico

dialogo entre la carretera y las llantas: llantas a coro: dichosa tu carretera dura y inmobible, siémpre desnuda feliz y quieta frente al cielo, en cambio nosotras rodamos y rodamos sin nunca saber nuestro destino. contesta la carretera: pues no sé cual es mi dicha? he sido labrada desde el vientre de las canteras a sudor hormigón y golpe, me castigan los rayos de tormenta, me desdibuja la lluvia y el humo a veces muy tristemente me mancha y me salpica la sangre de la desdicha... las llantas no dijeron más nada y siguieron rodando meditabundas y silenciosas.
johnny villares, san jose, costa rica

Los camiones se descuelgan, entre parsimoniosos bostezos, por la ladera. No son iguales. Sus colores y formas son diferentes. Y el rugido, si,literalmente, rugido, de sus motores, les da una personalidad sin par a cada uno. En el día,cuando se desplazan en forma cansina, se me ocurre no un caracol, sino una serpiente inmensa, descoyuntada,o por descoyuntarse, que avanza hacia un destino incierto y, juro, impensado. Van, me pregunto ¿hacia la nada?. Repta la hilera de vehículos, cansada,estridente, o silenciosa, por la falda paciente de los cerros. A veces su ritmo, su desplazamiento es solemne. A veces tiene el pavor del trueno. Pero siempre supaso despierta en mí los sueños, acaso pueriles, de lo desconocido. En ese mundo ignoto que mis sienes afiebradas se cansan en convocar, sin respuesta.Aún...
alfonso campos, trujillo, peru

¡Observa hija; esos camiones!... ¿Irán a la guerra? ¡Papi!: Ayer hablamos en la clase sobre el Tutami... ¡No se dice Tutami, se dice Tsunami! ¿Papi, el Sutnami es una ola grandísima?... No se dice Sutnami hija mía se dice Tsunami... Bueno; esos camiones van formando una ola diferente a la que ví en las fotos que me mostraron en la escuela... ¡Papi! ¿cómo se escribe la ola fea que ví en las fotos? ...Se escribe T S U N A M I. ¡Gracias Papi, ya aprendí! ¡Dime hija! tsunami es lo que observo en la fotografía y ya te digo... ¡díme mi reina! ¿qué observas? Una Ola peligrosa porque si un carro grande de esos le pega a otro hay heridos y muertos, ¿no ves Papi que no respetan la distancia?
héctor josé araujo véliz, Santa Ana de Coro, Venezuela

¿Porque le doy tanta importancia a lo que pienso?- Reflexiono Alberto mientras ponia la pata en el embrague. Recien salia de una crisis vivencial y se habia dedicado a recorrer su pais como camionero. Mientras admiraba el paisaje se alegraba de haber descubierto que la vida era eso , vida, solo cuando se obraba y no se pensaba mucho al respecto. El cerebro a veces no sirve para nada,medito, lo que vale son las obras, como dijo un presidente de su pais. Y se alegro de estar vivo para comprobarlo.
Alberto nuñez colan, Huaral, Peru

Estoy Cansado- le dije a Rubén. No tarderemos tanto- respondio ironico. Mientras ambos meditamos sobre aquella absurda respuesta un niño se acercó. Vestía mal, tenia cara cansada, de hambre, cara de pueblo sufriendo. Un escalofrío me recorrió. Una mujer con un bebé en brazos lo vigilaba. Busqué dinero en mi ropa. No tenía. Pedí a Ruben que buscara; en algún lugar de la cabina tendría que haber. La fila no avanzaba. El rostro de aquel niño empezó a mortificarme. Venía lento y no tenía nada para darle. Busque un pan a medio comer que tenía bajo el asiento. Sus ojos me miraron, la angustia era mayor. El recuerdo de mi hijo me invadió: "el no tiene hambre!!!" - Pensé. El niño llegó y con ojos cristalinos me entregó dos panes que tenía en una bolsa: "Gracias"- Me dijo. Ser Chofer para la ONU es gratificante- pensé.
Pablo Cubillos sanchez, Santiago, Chile

Como si fuera un caracol, la enorme hilera de camiones repletos de mercancías comenzó a bajar por las laderas de las montañas hacia los pueblos que fueron afectados por la reciente guerra. Nadie creía que los invasores se habían retirado, pero los niños, que siempre resultan los más confiados, se encargaron de demostrarlo, al salir a las calles para ver si entre los camiones de alimentos, agua y ropa que enviaba la comunidad mundial, se habían acordado de mandar juguetes para ellos. La caravana parecía interminable, como el deseo que existía anteriormente de que la guerra terminara y como el deseo de aquellos pequeños inocentes que observaban la caravana, con la esperanza de que alguien se hubiese acordado de ellos.
Ramón Cápiro, Mimai, Estados Unidos

El único país del mundo. Ya fueron suficientes los estragos de la humanidad; ya los desmanes con el aire, los ríos, la selva, y los mares fueron tantos, que el fin tocó la puerta de millones. La tala, la quema, las infinitas fábricas contaminando eternamente. Los infinitos políticos, ciegos y sordos, avaros e inmediatos, no quisieron calcular los riesgos. Todos contribuyeron a que sólo quedara un país en el mundo. Todos los camiones van para aquel país. Este país era remolón, calmoso, mestizo, pobre, triste, desventurado y nada desarrollado. Jamás las grandes sociedades quisieron intervenir en su desahuciada miseria, ni los fondos económicos globales, ni nadie. No había dinero ni para tumbar un árbol y hacer una casa, ni para matar un venado y hacer un asado. Hoy, es el único país del mundo, hoy, todos vienen en caravanas infinitas a buscar asilo en el único país del mundo.
Alejndro, Mérida, Venezuela

Como si se tratara de cubrir todo el camino, uno a uno, los camiones bajaron por la montaña. Cual serpiente que busca en el fondo un refugio, los obreros pronto llegaron a su destino...
Omar Monroy, Ecatepec Edo, Mex., México

La tarde se estaba consumiendo, los camioneros empezaban a impacientarse, sabían que su carga no podía esperar una noche más. El pueblo entero estaba en la calle, el coraje lo tomaban de su desesperación, no tenían ya nada que perder. Mujeres, niños, jóvenes, ancianos, todos en una sola masa compacta. En el medio los policías velaban sus armas, la represión era inevitable, esperaban la señal. Una tremenda explosión conmovió a todos en el pueblo, luego otra y otra se encadenaron, como un bombardeo que se les acercaba por el camino. Una humareda asfixiante los abrazó por completo. Pobladores y policías, aterrados, corrieron, cayeron, agonizaron. Unidos en un mismo destino.
Alberto Fasce, Buenos Aires, Argetina

Bajaba de la sierra y conducía feliz. En casa me esperaban María y mi nuevo bebito. Había recorrido 300 kilómetros en diez horas, parando apenas una hora. Si condujese en otro país este ritmo no sería posible, claro que en otros lugares las carreteras son mejores, y también las condiciones de trabajo. Eso dicen mis primos cuando nos envían sus cartas desde el norte. Tras la curva empecé a sentirme mal, ¿sería el cansancio acumulado?, ¿o la visión que se presentaba en la carretera? Una enorme fila de camiones se encontraban parados kilómetros antes de entrar en el pueblo. "Tras varios días sin abastecimiento los alimentos de primera necesidad, agua y combustible llegan a la aldea. Tengan paciencia y no se agolpen en la plaza" - anunciaba el locutor en la radio. Apagué la radio y me dispuse a disfrutar del bellísimo paisaje de mi tierra.
Beatriz, Londres, UK

Los camiones venían repletos de tomates y ya habían cruzado la frontera. Por fin estaban en el país de las oportunidades, pero el cargo humano escondido bajo toldos y un par de pies de tomates ya no aguantaba ese trayecto tan lento. Los dos estaban sudando ahí acurrucados de la mano, sin imaginar jamás el laberinto de vehículos que enmaraña todos los lunes las carreteras de San Diego. En cada camión venían cinco personas, pero ya hacía un par de horas que no podían oír a los otros tres. Habían pagado tanto dinero por este viaje y la desesperación era tanta que no prestaron atención a las advertencias sobre los que morían clausurados en vagones de carga, olvidados y abandonados por los coyotes que enriquecían a diario con este tráfico humano. La esperanza era llegar a salvo, la esperanza era el trabajo.
Rocio, San Francisco, California, EE. UU.

Aquel dia,todos estuvimos despiertos mas temprano que de costumbre; la vida sencilla de la aldea de pronto y como un resplandecer en medio de la tormenta, cambio...Algunos, los mas ancianos sistieron de nuevo esa presion en el pecho, pero los mas chicos la emocion comparable al primer beso...otros miedo, muchos sencillamente ignorancia. En realidad todos tenian la esperanza de que estas nuevas promesa pre electorales, devolvieran un poco de la dignidad perdida de aquellos hombres de trabajo arduo y espiritu luchador...Pero paso el tiempo y con la pardida de la caravana, de nuevo el dolor del creyente..nadie los recordo.
deborah dezon, Zona Arava, Israel

Una caravana de vehiculos es una trite senal de ayuda a desvalidos, o de escases de combustibles o de una odiosa guerra,nada bueno ha ocacionado lo bueno de una caravana, indicio de que existimos. Los hijos nuestros veran muchisimas mas caravanas que nosotros si este mundo sigue este rumbo irresponsable donde unos pocos ciegos politicos insasiados de poder,continuan con el nuevo sindrome de dominar al mundo. Si, caravana, para mi eres algo bueno pero creada por algo muy triste.
Jose M Montero, miami, usa

Alguna vez los camiones de carga se enteraron del legendario cementerio de elefantes. Intentaron reproducir el ritual pero la carretera se bloqueó.
J. Luis Campos, México, México

¡Vamos a sembrarlo, sí, pero de camiones! Tal fue la descorazonada respuesta de la Autoridad. En el fondo no esperábamos otra respuesta. Vanas nuestras esperanzas de ayudar al verde de la montaña. Vanos nuestros deseos de aire de antaño para nuestros hijos. La autoridad que "vela" por el bienestar de todos quiere solucionar la esperanza y el deseo con "tecnología". Su respuesta ha sido más que inmediata. Ya desfilan los camiones`para "sembrar" la montaña. En poco tiempo veremos lo "sabio" de la decisión de la Autoridad.
Obed, Cd. Guayana, Venezuela

A la cueva de la Bestia, en el fondo del mundo, descendían los camiones repletos de comida. Nunca la Bestia incumplió la tácita promesa que le había hecho a la humanidad: jamás devorar al hombre que bien la alimentara.
Gustavo Gómez, Bogotá, Colombia

Papito en su camión

¡Mira mami! Gritaba mi pequeña hija mientras observaba pasar los camiones esperando el de su padre. El brillo en sus ojos era indescriptible, la magia de su alma se traslucía en su mirada de 4 años. ¿Como decirle? ¿Cuando decirle? pensaba yo, intentando ser fuerte. Papito nunca regresaría, me repetía a mi misma mientras ese nudo en la garganta me ahorcaba cada vez más y su sonrisa destrozaba mi alma por primera vez. Observamos los camiones desaparecer desde la montaña, mi hija solo esperaba a su padre y los vehículos mantenían su ilusión en pie. Pero papá no llegaría, papito había muerto. "Dios mío dame fuerzas, no puedo destrozar su alma" me dije. Ya pasaron seis meses. El viento sopla suave en el atardecer que va cayendo, para mi la montaña perdió todo su color desde que él se fue. "Mi amor, papi ya regresará". No puedo causarle tanto dolor con la verdad. Perdóname hija mía. Volvemos a casa, solas.
Kukuli Giacomotti Tuezta, LIMA, PERU

Al fin estamos llegando a nuestro nuevo hogar, no será la tierra prometida, pero se ve bastante bien. Es insólito pensar, que todo mi pueblo va a desaparecer, por la explotación minera, de un gran yacimiento de oro, que se encontraba bajo los cimientos de las tierras donde crecí. Pero bueno, algo saldrá de todo esto, tendremos nueva casa, tierras fértiles para sembrar, iglesia, escuela, hospital y, por que no decirlo, un poquito de dinero en el bolsillo, para rescribir una nueva historia. El camino no ha sido del todo largo, sólo estamos a treinta kilómetros de nuestra antigua localidad, y los camiones que nos trasladan, dan cuenta de eso, ya que, al parecer, la caravana comienza y termina, en la salida y entrada de ambos pueblos.
Giuliano Papapietro C., Copiapó, Chile

Todos creen que bajábamos, pero subíamos en reversa, así es como acostumbramos hacerlo por estos rumbos. También dormimos en los comedores, comemos en las iglesias y charlamos en los cines. Las fotos las tomamos para que nadie las vea, por eso me sorprendió toparme con esta, de seguro es obra de algún rebelde delator que pretende que las cosas se hagan como deben hacerse. Por esta razón les ruego de la manera más cordial que nos la regresen y se olviden de nosotros, de lo contrario les declararemos la paz y no haremos absolutamente nada con nuestra ira. Gracias.
Oswaldo Villalobos, Guadalajara, México

Un hombre y una mujer iban en el coche. -Qué lento vas, dijo, ¿no has visto la caravana que llevas detrás?. -No voy tan lento, sólo veo un par de camiones. -¿Un par?, pero mira bien, si deben ser más de treinta... bueno, mejor no mires el espejo retrovisor y concéntrate en la carretera delante, que por la derecha tienes a un caracol con ganas de adelantarte. -Je, je, qué risa me entra. Días después la mujer entró en una página web de la BBC, le sonó el paisaje de una foto, y comprendió de repente que se había quedado corta con el número de camiones (más de treinta dijo, y deben llegar a la centena) de la caravana que había formado el lento de su marido.
Eduardo Jiménez, Madrid, España

Esa fotografía fue tomada en los primeros dias de la caravana. Los camiones cargados de colores, risas, música, mujeres, niños, ancianos, hombres llenos de esperanza, tan solo esperanza, empezaron a rodar por los caminos. Subieron las montañas, cruzaron los valles, navegaron los rios. Pasaron las fronteras amparados por las golondrinas. Navegaron los mares escoltados por las piruetas de los delfines. Comprobaron que la tierra no tiene fin, que tiene lugar para todos, que no tiene propietario, que palpita igual que todos, que tiene un canto que cada vez mas pueden escuchar.
octavio limon, guadalajara, mexico

60 años han pasado desde que mi abuelo y otras personas llegaron al pueblo esperando encontrar la paz y la tranquilidad que les negaba la ciudad. 60 años han pasado y esa tranquilidad y paz mutaron y convirtieron al pueblo en un oscuro santuario de recursos naturales consumidos por el hombre que ahora migra en busca de mas elementos para fomentar su propia atudestrucción... al tiempo que yo y mi familia nos quedamos en la cima de de la colina donde siempre vivimos para intentar reparar aunque sea en forma mínima el daño causado, amparados en el dicho de que la esperanza es lo último que se pierde.
Anibal Caballero, Asuncion, Paraguay

subimos todo a los camiones: muebles, estereos, radios, televisiones, aparatos electricos,todo;acaso nos quedamos con una que otra silla y hamacas para dormir. todo el pueblo respeto el acuerdo; tambien se fueron los libros y los discos, los instrumentos musicales y los autos. Desde la colina pudimos ver como se alejaba todo lo antes fue nuestro. Nos dimos la vuelta y fue entonces que pudimos hablar, al fin nos escuchabamos nuevamente, los timbres de voz, las entonaciones; habiamos recuperado el silencio.
maria madrigal, villahermosa Tabasco, mexico

Como si fuera un caracol, la enorme hilera de camiones repletos de mercancías nos cerraba del paso. Mamá estaba muy nerviosa y -todavía lo recuerdo- apretaba mi mano como impidiéndome cometer una locura. Mientras, yo tironeaba para desasirme y, naturalmente, no tuve éxito hasta que ella quiso. Entonces caminé con desenfado y me puse adelante del camión más cercano. "¿Qué querrá hacer este mocoso? ", parecía decir su intrigado conductor. No le hice caso. Le devolví la mirada como diciendo "Ya verás". Me prendí del paragolpes, cerré los ojos, y me puse a rezar, como me había enseñado la abuela. Me di cuenta que ella, que era tan buena y amiga de Dios, también intervino, porque enseguida llegaron una cantidad de ángeles y me ayudaron a sacar los camiones de la ruta. Y le dije a mi madre: "Cruzá, miedosa. Ahora no nos va a pasar nada".
Eduardo Martínez, Montevideo, Uruguay

Trato de escapar, y para hacerlo soporto lo que sea. Hoy soy aquí dentro de este camión un reflejo que se asemeja a la mujer que fuí... pero no me interesa, hoy mantengo mis fuerzas viajando hacia la libertad. Abandonando el rol de refugiada, en este rincón del mundo habitado sólo por la tragedia. Y llevo el alma sobre mis espaldas, implorando valor y esperanza. Tratando de olviadar por un instante, que pueda vivir la muerte en la mirada de esos niños y que convivan plácidamente el abuso y la maldad... y que yo no haya resistido ser una víctima más... Alguna vez perdónenme.
Daniela Erben, Buenos Aires, Argentina

La fila de camiones con la ayuda esperada se acercaba a la ciudad como una serpiente moviéndose en el desierto, delante iban los que cargaban el personal especializado, combustibles y comida detrás las mantas medicinas y el personal de apoyo, reinaba un gran entusiasmo en la caravana que después de muchas limitaciones pudieron cruzar la frontera. Hacia ya 10 días de la explosión que por error ocurrió en una planta procesadora de material radiactivo en un apartado pueblo de Pakistán más cerca de la India que de su capital, precisamente las disputas fronterizas fue lo que retraso el convoy que llevaba 216 horas esperando pasar. Luego de un largo camino comenzaron a ver vestigios del desastre, cuerpos calcinados, cimientos de edificaciones y luego. Nada. Ni gente, ni casas, ni heridos. Luego de pasar se dieron cuenta que no quedaba nada.
Hans Garcia, Santo Domingo, Republica Dominicana

1935. Tiempos difíciles despues que el bisuabuelo murió en batalla. Ella con 24 años y 6 niños por educar. Noches largas lavando, planchando ajeno, permaneciendo de pie. Trabajo para los niños al amanecer,despues estudiar, por la tarde si quedaba tiempo, era para soñar.El soñaba con viajar y ayudar.Con el tiempo la bisabuela compro un camión, mi tío transportaba de un estado a otro frutas; luego compraron mas camiones y asi...Llego a ser el segundo exportador internacional de manzana en mi país. La vida entonces,cambió.
Tery Leal, Chih, México

Así caminamos por la vida, uno tras otro, sin saber muchas veces quienes son nuestros vecinos y qué historia están escribiendo en este momento. Nadie sabe realmente que hay en cada mundo interior. No sabemos aprovehar las oportunidades cuando nos encontramos detenidos y tenemos tiempo de relacionarlos con los demás: familia, amigos. Y frecuentemente cuando decidimos intentar acercarnos... el tiempo se acabó y se debe continuar la marcha, perdiéndose quizas para siempre la oportunidad de un encuentro.
Edelweiss Sch., Osorno, Chile

Parecían gigantes de hierro que avanzaban en loca carrera para enfrentarse en el campo de la esperanza contra el abominable montruo del hambre que amenazaba gravemente clavar sus garras contra los indefensos habitantes de ese empobrecido País.
Pascual Espinosa, Santo Domingo, República Dominicana

La carretera estaba cerrada temporalmente por la destrucción del viaducto, por lo que todos los camiones fueron desviados a la antigua ruta, aquella que atravesaba cerros, quebaradas y valles en una especie de pasarela en la que los habitantes más antiguos de aquellas tierras olvidadas, recordaban su juventud.
Soledad, Aachen, Alemania

En 1985, la crisis energética que afectó al hemisferio norte del planeta detuvo prácticamente todas las actividades industriales del pequeño país de Klemchatka. Fue entonces cuando el fascista y siniestro dictador del archipiélago, el doctor Dü, conducido como siempre por sus fobias y su paranoia, formuló la famosa ley Quietco. Las consecuencias, largas de enumerar y de todos conocidas, en pocos años afectarían al orbe entero. Pero concentrémonos en 1985. Dü, quien a la sazón cohabitaba con setecientas sesenta y tres mujeres, ordenó a los militares saquear la capital (saqueo que después se formalizaría con la ley Quietco), con el objetivo de acumular los recursos suficientes para continuar con el programa Benedek. Tal programa tenía como objetivo hacer inmortal al presidente. Dü murió envenenado catorce años después por su hijo Brutus. Sus últimas palabras fueron "Rosebud, Rosebud." (La fotografía está fechada en 1986 y muestra el camino al búnker presidencial.)
Francisco Flores, México, DF, México

Una vez, hace algún tiempo atrás mirabamos por la ventana, hacia el mar. Viña del Mar, eramos niños y vimos una corrida de camiones...mi amigo tendido igual que yo, en la alfombra frente al mar, pensabamos que eran abellanas, nos reímos. Y esa sonrisa infantil se desvaneció, erán cuerpos al mar. Benditos cuerpos bañados por abellanas y la olas del pacífico, un mar. Chile Ernesto Rojas
Ernesto, Santiago, Chile

En el atardecer, cuando el cansancio del día se nos viene todo de golpe, la enorme caravana de camiones, subían y bajaban la estrecha carretera formado una gigantesca serpiente. La vida de cada uno de aquellos hombres, por unas horas coincidía en aquel tortuoso y lento camino, unidos por un mismo destino y objetivo: llevar ayuda a un lejano pueblo desvastado por una terrible catástrofe natural.
fredy rodríguez, habana, cuba

Todos, como con los ojos cerrados, conducían sus camiones y no entendían por qué, sospechosamente, pasaban siempre por el mismo sitio. La hilera de carros se fue convirtiendo lentamente en un anillo que giraba eternamente como la rueda del molino, repitiéndose como la historia misma.
Rafael Botero, Bogotá, colombia

Desde lo alto de la aeronave, observé satisfecha y reanimada el paisaje. Faltaban pocos minutos para que la nave tocara tierra en aeropuerto desconocido. Habian pasado 18 horas de agotador vuelo. Atrás habia quedado mi isla de azúcar y ron: "dulce por fuera y muy amarga por dentro". Este nuevo panorama respondia a mis sueños al abandonarla sin esperanza de regreso. Las altas montañas que se destacaban al fondo del paisaje hablaban de un pais viejo; sin fastuosas cuspides, de suaves laderas. La larga hilera de camiones reptando la meseta hablaban del esfuerzo de un pueblo nuevo, vigoroso. Seguramente -pensé- habian atravesado antes montañas y ciudades llevando sus mercancias de el campo a la ciudad, de la ciudad al campo. Nos abrazamos sin palabras. Cada uno vio en el rostro del otro muchos mas años de los que habian pasado, cinco, sin permiso de salida. Cosas de la vida. Sonreimos.
Iraida Pineda, Miami, Estados Unidos

Vamos al mundo!, sì a ese cìrculo de omnibus que no encuentra el principio ni final, llena de almas afligidas, perdiendo la esperanza de llegar al sendero final. Habia en el camino un hombre silencioso, atormentado, saliendo de aquellos camiones pidiendo !piedad!. Un angel luminoso descendiò del cerro y con voz de trompeta se dirigiò a todo ellos :"almas afligidas,la soberbia,la ambiciòn y los asesinatos los tienen aqui y permaneràn por siempre.
Clara Dìaz Maguiña, Lima, Perù

Mis ojos jamás olvidarán aquel nublado día en que la naturaleza se volvió contra aquel humilde pueblo donde nací. Mi casa ubicada en lo alto de una colina me permitía ver como el pequeño manantial, se convirtió en un torrente de aguas salvajes que se llevó todo a su paso. La gente subía desesperada hacia la colina para salvar sus vidas, inevitablemente muchos perecieron, el pueblo quedó devastado, millones de damnificados, dolor y desesperanza reinaba en el lugar. Cuando el hambre y la sed nos enloquecían¿en medio de la oscuridad¿ ¡Salió el sol! vislumbre desde mi ventana como centenares de camiones venían en fila a traernos ESPERANZA. Este país desunido por ideologías políticas, cambió sus sentimientos de confrontación por SOLIDARIDAD. Aquel recuerdo siempre eriza mi piel, haciéndome sentir que la humanidad aún no está perdida y que en la UNIÓN encontramos una FUERZA mágica e invencible
Rosa Estela Colmenares Toledo., Caracas, Venezuela

Qué costumbre tienen algunos de bloquear las carreteras en los pueblos del Perú, para reclamar al gobierno lo que su gente necesita. Por cuánto tiempo más estaremos dando vueltas como idiotas. Soy chofer de camión, transporto papas y verduras tres veces por semana. El paro, ha hecho que mis productos se pudran. Pienso en los niños, en los mercados de la capital, totalmente desabastecidos. No tengo alternativa. Si me planto, mis compañeros se me vendrán encima, ellos no entienden. Con ellos no se puede conversar. Hasta que se le acabe la gasolina a aluno de mis compañeros, y todos nos quedemos atracados, con la carga podrida. Pienso en los que llevan leche. Los niños, los ancianos. No estamos en condiciones de desperdiciar la comida, y yo no puedo hacer nada, sólo rezar.
Laura Doig Mannucci, Lima, Perú

La caravana de camiones era realmente importante : se trataba de allegar alimentos , combustibles y agua a la zona de la catastrofe. Las esperanzas estaban cifradas en la llegaa de esos vehiculos salbvadores . Pero como contrapartida , yo no podía avanzar ni sobrepasarlos . Mi misión eratorcer a mi izquierda e ingresar en un verde rutilante valle irrigado por varios riachos de aguas cristalinas . Se me había avisado que dentro de una bella caverna se habían hallado dos elementos que debían ser estudiados : un esqueleto que segun los antropólogos llevaba depositado allí por lo menos 20 años .El otro elemento un cuaderno manuscrito a manera de "Diario" , muy presumiblemente por el occiso y depositado en una oquedad de la pared rocosa de la caveran
hector "cholo" cottonaro, Córdoba X5000, Argentina

Esa tarde llegabamos al fin, la caravana de camiones llegaban a su destino: nuestro campamento, donde estaríamos 45 días para trabajar en las tareas del campo. Todos los alumnos estábamos muy exitados, aquello era una aventura juvenil que jamás olvidaríamos, nunca antes habíamos estado lejos de nuestras casas, al menos la mayoría de las muchachas. Apreté el cuaderno que me serviría de diario, -¿cuántas experiencias nuevas llenarían sus páginas? - ¿Serías buenas o malas mis experiencias? - No lo sabía...; sin embargo, estaba dispuesta a aceptar el reto.
Marta Montseny, North Bergen, NJ, U.S.A

Los camiones avanzan descolgándose por la sinuosa pendiente,poblando la calle de ruidos y olores. De un camión que carga naranjas, el olor inconfundible, en la madrugada, de los azahares. De otro, las voces apenas perceptibles de algunos viajeros insomnes. De varios camiones, por las rendijas,se escapan altivos relinchos,tal vez voces secretas e irreprimibles de las nobles bestias. Mientras la caravana pasa, los viejos caballos soñarán,llenos de entusiasmo, con la gloria de los hipódromos .O se verán galopando porla llanura abrumada de árboles y húmedas y luminosas soledadades. Pobres . A lo mejor, me duele pensarlo, los están llevando al matarife. Sus relinchos y sus sueños, acaso quedarán convertidos, muy pronto, en gloriosos embutidos.
alfonso campos, trujillo, peru

Si la partida es triste, la llegada de lo que no se espera es aparatosamente terrible, el miedo a lo desconocido que nos invade, los que nos temen porque no nos conocen, y por ese temor nos odian,de seguro nos odian y el odio que viene de lo desconocido produce violencia. Que hace la caravana de objetos mecanicos invadiendonos, que traen con arrogante insistencia.'Es una protesta por el alza de la gasolina', le escucho a alguien que pasa y me doy cuenta cuanto temor hay en la mente creadora.
tony benitez, miami,

Ese día me levanté temprano como siempre, tomé la prensa en mis manos, leí los titulares y al detener mi mirada en esa foto, me sentí impresionada: caravana con ayuda. ¡Qué indiferente había sido! la semana anterior cuando leí en la prensa acerca de los estragos causados por el río a los pobladores del pueblo que sólo se encuentra a escasos 30 kilómetros de donde vivo. ¡Cuánta generosidad desplegada y qué desapego el mío! En ese momento pensé que eso también es parte de la vida cotidiana de cada ser humano, que al leer no es capaz de vivir las realidades ajenas.
Marisabel, La Habana, Cuba

!La comida llega al fín! Un pueblo fantasma habian encontrado todos los choferes de cientos de camiones con productos alimenticios que transportaban por orden de un pais "humanizado", pero ya era tarde para los habitantes de aquel poblado enclavado en las montañas asiaticas, donde habín sufrido la peor de las desgracias. Tarde llegaron las esperanzas de sobrevivencia. ya que el hambre, la helada y la contaminación habian terminado de sepultar a un pueblo que intentó resurgir siempre. Las hileras de camiones llevaban esperanzas y regresarían sin aliento a narrar al mundo que debemos pensar y actuar mas rapido ante las desgracias.
Agustín L. Cruz, Doraville, Ga, Estados Unidos

Huir¡¡¡ pero era solo una esperanza, porque la bomba atómica que soltaron las grandes y chicas potencias no tenia corazón. Claro que yo y mi familia nos subimos a este conwoy que organizaron los hipócritas políticos no nos llevaba a ningún lado. Los mismos hipócritas nos llenaron de víveres, agua, frazadas y demás cosas inútiles para deshacerse de nosotros, pobres infelices abrasados a una esperanza. Si, lo savia muy bien y también los que viajan conmigo.
water Padilla, camiri, Bolivia

Cuesta abajo en mi rodada, si, asi como en aquel celebre tango, asi pensaba para sus adentros el que antes habia tomado ese mismo camino varios lustros antes sin mas carga que sus expectativas e ilusiones, ahora atrapado en su retorno mas lento aun y con su carga completa, aunque no escogida por el, no hay vuelta atras a ese tiempo viejo que llora y que nunca volvera... No estaba solo en su condicion, habia otros que antes o depues tomarian esa ruta en la que una sola via es posible aunque existan las dos.
Senilema, Toronto, Canada

Uno, dos,tres, no sé cuántos camiones car- gados con mercancías circulaban, una vez más, por la rotonda del bajío con direc-ciónn a donde esta- ban acantonadas las tropas. Desde la colina, los pobladores del mísero caserío los observaban en silencio, que sólo se interrumpía por el lamento de las tripas en los vien-tres. Una vez más, era un tiempo de conflicto bélico. Una vez más, era un tiempo de hambre. Es- ta vez de mucha más.
Gilberto Pérez, La Habana, Cuba

Ayse se movia sin pensar, como guiada por una fuerza sobrenatural, espiritual y divina, estaba en otra dimensión, lo que sucedia afuera de su entorno no existia, era ella sola en su mundo, aislada en su movimiento mágico y perfectamente sincronizado, envuelta en zumbidos sublimes que se sentian como parte de ella, parte de su alma y de su movimiento. La fuerza se volvia cada vez más grande, inevitable, perfecta. Ayse no podia controlarse y no queria controlarse, se dejaba llevar y la intensidad aumentaba, la fuerza era inexplicable, inextinguible. Ayse perdió noción de tiempo y espacio, se entregó, se liberó y sintió que flotaba infinitamente. Lentamente volvió en sí, recuperó el aliento, y los zumbidos sublimes bruscamente se volvieron cornetas estruendosas, abrió los ojos, y soltó una carcajada. Sameer se incorporó, miró el espejo retrovisor, y sonrió al ver la cantidad de camiones tacando la bocina.
Diego, Islamabad, Pakistan

Me fije en una casita de planta baja en la que unos niños jugaban entre la colada recién tendida mientras esperaba en la cola de autobuses que avanzaba lentamente. Mi carga llegará tarde, pensé, mientras me encendía un cigarro. Creo que me debí dormir porque el sol me despertó dándome de frente en la cara a través del cristal delantero del camión. Al mirar por la ventana me pareció ver otra vez la misma casita donde antes jugaban los niños, sólo que estos eran ahora adultos que tendían la ropa blanca aprovechando el buen tiempo. Que parecido tan curioso, pensé, sin darle mayor importancia a la coincidencia. Tras un buen rato mirado fijamente la carretera, me sobresaltó la visión de lo que parecía la misma casa en la que dos ancianos reposaban en hamacas junto a la colada blanca al viento. Esperé unos minutos, hasta que dejaron de respirar, los recogí mientras emitían su último aliento y los junté con el resto de la carga. Arranqué y seguí mi camino, dejando atrás aquella casita.
javi, Madrid, España

Como si fuera un caracol, la enorme hilera de camiones repletos de mercancías, trajeron a mi memoria, los días previos a esa partida. Los Laboratorios Pasteur de París, me habían otorgado una beca en una mitica ciudad de ciudad de ruinas y misterios insondables. Dos semanas antes de partir, comencé a sentir una sensación extraña que recorria mi cuerpo. Y fué ahí que las ví. Cada una con su carga a cuestas marchando por el jardín, dejando tras de sí una impronta como un caracol agónico. Necesitaba volver a Buenos Aires. El avión encendió las turbinas, carreteó unos minutos y después de dos sacudidas me dí cuenta que estábamos en vuelo. Una multitud nos esperaba. En un diario cualquiera, debajo de grandes titulares, estaba la foto de mi hotel reducido a escombros. Era el año 1985 y la ciudad de Méjico acababa de sufrir el peor terremoto de su historia.
Silvia E.Chiarini, Buenos Aires, Argentina

Vinieron del Norte, atravesando desiertos dorados y paisajes brumosos. Llegaron una noche y se estuvieron quietos, ronroneantes, ante al silencio atemorizado de puertas cerradas y ventanas ciegas del poblado. A la mañana siguiente, continuaron su marcha, enorme caracol ascendiendo los cerros ruborosos de sol recién nacido. Aún los puedes ver, si fuerzas la vista, emergiendo de cuando en cuando entre las cumbres nevadas en un eterno descenso hacia los valles y las quebradas. Una caravana fantasmal, ahogando entre sus hierros herrumbrados el monótono suspiro de sus motores.
Estela Grasso, Montevideo, Uruguay

La mañana despuntó con una ruido infernal Melida, se despertó, y se dió cuenta que el ruido venia de la carretera, el estruendo era tal que se podia pensar que estaban tumbando la loma,llamó a su marido que roncaba, lo haló por una pierna, Zoilo abrió los ojos ,se tiró de la cama, agarró el pantalón se lo puso y fue abrir una hoja de ventana,se asomó para ver y dijo ¡hay coño!nunca habia visto tantas maquinas juntas, para donde carajo irán, salió afuera de la casa , se puso una camisa y una gorra yá su mujer habia colado café y le esperaba fuera de la casa , corrierón los dos, se detuvierón y recordarón era el dia en que los zapatistas salían de Chiapas para ir al Zocalo,corrierón ,tra-tando de alcanzar uno de lo camiones, hasta que llegarón hasta un camión pintado de rojo y se engancharón en la parte atrás de la cama.
Enrique Caminero, Ferrières en Gantinais, Francia

La Noche Anterior (en un pueblito) murio el Obrero Humilde Roberto despues de una larga enfermedad. Como los ricos no querian ni velorio ni funeral, sus compañeros en un gesto de solidaridad organizaron un velorio funeral [con caravana] para el sepelio de Roberto. Despues, Roberto fue enterrado con la dignidad que merecia pero nunca recibio durante su vida en la Tierra.
Roberto Alvarez-Galloso, Miami, Florida

A traves de mi ventana, veo un serpiente de camiones, contorsiandose hacia mi pueblo. Parece que por fin ha llegado para almacenar las tienda despues de esperar tanto. Me atrevo a soñar con sus lujos. Un poco sexista, me imagino que traen juguetes belicos para los niños, munecas para las niñas y ropa de ultima moda para todos. Puedo oir a los niños gritando y saltando por alegria. Espero tambien que traigan un poco de arroz, algo para comer, para la gente que pasa hambre. Pero, de repente, me doy cuenta de que mi vision es desdibujada. Veo a traves de mi ventana un serpiente venenosa. Los camiones no llevan juguetes para entretenerse a los ninos, ni arroz para alimentar a la gente, sino armas para dar de comer a los cementerios. Oigo a mi pueblo chillando por miedo y muriendo. Este serpiente nos muerde fatalmente.
John Stephenson, Londres, Reino Unido




 

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