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Martes, 25 de enero de 2005 - 10:54 GMT
Cuentos cortos

¿Se siente inspirado, tiene ganas de escribir?

Si la respuesta es afirmativa, tenemos una propuesta para usted.

El espacio del lector lo invita a participar con un cuento corto de 200 palabras (aproximadamente cuatro párrafos). Usted puede escribir sobre el tema que quiera, puede ser una historia verídica, una anécdota personal o pura ficción.

Eso sí, nuestra propuesta tiene una pequeña trampa. No importa de qué trate su historia, ésta debe incluir obligatoriamente:

  • la palabra anemoscopio o la palabra inverecundia
  • una referencia a alguno de los programas de la BBC en español
  • no debe tener más de 200 palabras

¿Se anima?

Las historias más bonitas y originales serán publicadas en nuestro "Espacio del lector", no deje de visitarlo.

Esta convocatoria se cerró el 22 de febrero de 2005. Gracias por participar.


Estos son algunas de los cuentos que recibimos. Los textos son reproducidos sin correcciones de ortografía o de sintaxis. La BBC cuida que los comentarios no ofendan la dignidad de las personas y que no sean difamatorios. Las opiniones vertidas no reflejan el punto de vista de la BBC.

"Abril es el mes más cruel", decía T.S. Eliot en el primer verso de "La tierra baldía". Así empieza un artículo que escuche en "Ciencia al Día"por la BBC. En este articulo informaba que un investigador británico, el Dr. Cliff Arnalls, profesor de la Universidad de Cardiff, diseñó (no se que espantosa formula sacada de la galera), donde asegura que el peor de los días es el 24 de enero Me asombra la inverecundia de este tipo, ya que como esta científicamente comprobado, y todo el mundo lo sabe, (sin usar ninguna fórmula rara), que el peor día es el 21 de Diciembre. ¿Por Que? ¡Porque uno quiere seguir durmiendo, y al sol se le ocurre jorobar desde temprano!
Jose Luis Paredes, Buenos Aires, Argentina


De alguna forma u otra siempre lo había deseado mas nunca imaginé vivirlo. Tío Antonio tuvo una experiencia así; le paso estando cerca de papá, en una Semana Santa de hace 10 años; la diferencia fue que él ya no esta con nosotros; Papá no ha querido hablar del asunto hasta entonces. Y sonrío no por irrespetuoso; Si lo relacionas con el ciclo de la vida, tarde o temprano llegará, mas eso sí, ¿Cuándo? no lo sabemos. Y recordando las palabras sabias del Tío Antonio que decían: la vida es como los aeropuertos, tienen llegadas y tienen salidas, unos vienen a este mundo y otros se van en dirección del Anemoscopio apuntando hacia el Norte (haciendo alución al cielo divino) En mi caso todo fue rápido y extraño, La primera vez la escuche entre dormido confundiéndose con el sonido de mi radio trasmitiendo la BBC, la segunda, ya ni pude despertar; y en la tercera solamente le pedí que me dijera su nombre y a donde me llevaba. Nunca sentí miedo al contrario, todo fue un gran descanso. Pero afín de cuentas aquí estoy de nuevo contándotelo y no me preguntes más por que es lo único que recuerdo
Luis Geraldo Saldívar Garza, Monterrey, Nuevo León, México


Al Alcanzar a ver la luz verde destellando tres veces para con el aviso de la luz ámbar poder detenerme. Me di cuenta que cada día cuando regresaba del trabajo casi a la misma hora, me detenía en el mismo lugar en ese mismo crucero, yo sabia que esa luz roja de ese semáforo era como una rutina mas en mi jornada de trabajo la cual seria una inverecundia desafiar. Al parar mi vehículo en su totalidad siempre aprovechaba para acomodar mi asiento y poder sintonizar la BBC en mi radio o simplemente darme cuenta de quien esta esperando la luz verde del siga junto a mi; para así darme cuenta de que si es algún conocido para poder saludarlo, ya que siempre me a gustado las relaciones humanas; -bueno, casi siempre. Eso lo aprendí cuando estuve en la universidad, allí entendí que estar solo y la soledad son cosas muy distintas y que tenia que poner fin a mi apática timidez
Luis Geraldo Saldívar Garza, Monterrey , Nuevo León, México


Zenobia, una doméstica de mi niñez, solía hacerme tomar la sopa contándome leyendas de su región. Afirmaba en una de ellas que los sentimientos humanos se contagiaban del viento, cuya fuerza advertía la intensidad de los que contenía. Así, los hálitos anunciaban sentimientos delicados como la nostalgia o la ternura; las brisas, moderados como el disgusto o el cariño; los ventarrones, cargados como la ira o la pasión y así hasta los huracanes... Por eso la velocidad con que girara una veleta, o anemoscopio, nos anunciaría la fuerza de los sentimientos. Pregunté: "¿cómo saber si eran sentimientos malos o buenos?" Respondió: "si la veleta apuntaba al norte eran los sentimientos buenos y si lo hacía al sur eran los malos". Insistí: "¿qué indicaba entonces si apuntaba al este o al oeste?" Su inverecundia para evadir preguntas difíciles la salvó, pues sentenció que tomara la sopa de una vez... En una edición de "Hard Talk", de la BBC, un especialista de armas químicas señaló que! los alemanes ya contaban en 1944 con un gas que atacaba los nervios... Recordé por alguna razón a Zenobia: quizás tenía razón con sus historias sobre vientos que contagiaban sentimientos...
Martín Palma, Lima, Perú


En la Riviera Italiana un conjunto residencial custodia a la playa. Más alejado, el caserío de la muchedumbre adorna a los cerros, como moscas sobre un pastel. En una casucha desvencijada Fátima Menotti observa la puesta del sol que se pierde tras ostentosos yates mientras escucha las notas clásicas en la BBC de Londres, ella no tiene ni una lira en su gaveta pero su corazón rebosa de amor al saber que su bien amado pronto volverá del mar mediterráneo con un cargamento de langostas y de perlas coralinas. Las luces del puerto se encienden y en el malecón circulan los ferraris de faros brillantes y carrocerías aristocráticas, discoteques rodantes que transportan torsos desnudos y escotes pronunciados, son inverecundas evidencias de que el amor en las montañas muere de hambre en tanto el sexo en la playa se ahoga con extravagancias y lujos. Lo bueno es que el sol sala para todos¿
octavio espinosa, tapachula, chis, méxico


-¡Muchacho grosero! ¡Deje de decir groserías! no había terminado de decir la última palabra cuando ¡Plaf! su rugosa palma se estrello contra la boca de Luis, su nieto de 10 años. -¡Abuela que hice!, dijo éste entre asustado e indignado. -No te hagas el loco que te oí murmurando groserías. -¡Abuela, no son groserías! son las palabras anemoscopio e inverecundia!, es que a los locos de la BBC de Londres se les ocurrió inventar un espacio de cuentos cortos en donde uno debe escribir una historia utilizando esas dos palabras y no tengo ni idea que significan y estoy buscándolas en el diccionario. La abuela sintió que había metido la pata, pero sólo se limitó a decir con voz enérgica: -Bueno ya!, ¡sigue con lo tuyo! Mientras disimulaba su error bajando la mirada a su bordado. Luis ahora tiene 35 años, le vino a la mente este episodio con su abuela Dorotea al ver un Anemoscopio en un libro escolar de su hijo. -¡Qué palabritas! Se dijo, jamás se le olvidarían como tampoco se le olvidó la bofetada de la abuela que ahora recordaba con una sonrisa, bofetada que se gano gracias a "los locos de la BBC de Londres".
Javier Arteta Franco, Caracas, Venezuela


"Inverecundia" fue la última palabra que resono en la mente de Carl antes de sumirse en la in- conciencia . Nunca supo el significado de la dichosa palabra. De hecho; nunca le interso en lo más mínimo averiguar su significado. La había leído en un articulo de la sección de participe de la pagina de internet de la BBC. com en español que ya no recordaba de que se trataba. Pero por esas cosas que dicen que ocurren en el cerebro cuando este empieza a morir; "inverecundia" fue lo que salto a su conciencia justo antes de que se apagara. Fue el único de los 3,000 empleados de la BBC que murio fe un ataque cardíaco fulminate al enterarse de que se había quedado sin trabajo.
Felipe de Jesus Vargas Llanes, Los Mochis, Sinaloa., México


Artemio estaba ya en el aeropuerto de la Ciudad de México. Pese a que la temperatura ambiente era de 20 grados, su cuerpo superaba los 40 y sudaba como futbolista al término del juego. Estaba a unos minutos de viajar a Inglaterra y subirse por vez primera a un avión. Estaba excitado. Desde los ventanales admiraba el anemoscopio ubicado a media asta del banderín de Air France. Lo primero que haría al arribar a Londres sería admirar el Big Ben y escuchar, y de ser posible visitar la cabina desde la cual, por muchos años, escuchó las efemérides en la BBC. En el túnel los nervios aumentaron. Ya ubicado en su asiento, sentía que todos lo miraban. Sus ropas denotaban su humildad. En ese momento olvidó los agradecimientos a sus compañeros de trabajo que se cooperaron para cumplirle su sueño. Mientras casi todos dormían, él se mantuvo pendiente de todo, como grabando cada ruido extraño. Morfeo lo venció soñándose en un abrazo fraternal con el locutor de las efemérides de la BBC mientras su cuerpo, al igual que el avión, era estallado en mil pedazos por terroristas.
Asención Sánchez Vázquez, Guaymas, Sonora, México


Una vez más estaba allí en el parque. Continuamente, pensaba en que le iba a decir. Comentaría acerca del clima y algún desastre ocurrido en el mundo.Se sentía realmente tonto. Después, ¿De qué le hablaría?. Se desconcentró. A lo lejos, escuchó la radio de la BBC dando una amarga noticia sucedida en algún lugar del mundo. Miró,nuevamente el edificio de enfrente, ya que allí era adónde se dirigía. Mentalmente, había realizado millones de veces ese camino. Pensándolo no sentía inverecundia, pero allí , a un paso de hacer realidad lo pensado...era muy diferente. Debía de una vez , confesar su amor por ella. Esta situación lo estaba volviendo loco. Tomó coraje y comenzó a caminar hacía el lugar de destino. Su corazón palpitaba fuertemente. No sabía que iba a hacer o decir, pero algo se le iba a ocurrir. Se contentaba con pensar que sus días de análisis mentales amorosos habrían de acabar, aunque sea por un tiempo.
Valeria Martìnez, Mar del Plata, Argentina


Hace poco estaba pensando en que hacer con el primero que viniera a sugerir que los ornitorrincos eran un experimento de los atlantes o los extraterrestres. Y me parecía un verdadero atropello que la BBC le diera por obligarme a utilizar una palabra absurda como anemoscópio. La tierra es oscura y gélida bajo mis pies, al avión donde viajaba le dió por estrellarse unos cuantos kilómetros atrás. Asombrosamente todos sobrevivimos y estamos buscando refugio entre las montañas, porque la noche seguramente será muy fría, y el avión quedó en una garganta inestable y ventosa. De todas maneras, ya no tenemos temor. Seguimos embotados por el vértigo, casi nada nos importa, no sentimos mucha hambre y solo falta que nos rescaten para que explote nuestra euforia por la vida. Vemos una luz al fondo, aceleramos el paso y con rapidez salen a nuestro paso unas personas transparentes, con gran timidez nos explican que a partir de hoy seremos trasnparentes, como la comida que nos dan.
Francisco Palm, Mérida, Venezuela


Llegaba al mirador corriendo, totalmente deprimida. Pensaba que lo mejor que me podría pasar en ese momento, sería la muerte. Que me agarrara en brazos sutilmente, que con un delicado beso me elevara por los cielos. Rapidamente despierto de este placentero sueño y caigo en cuenta que he mojado mi camisa por lágrimas del desamor. A lo lejos veo como en arriba de un edificio se divisa un amenoscopio. Se parece a mí, allá arriba completamente solo, sin sentir amor en su vida. A la vez que el viento corre por mi cara y mi pelo, logro escuchar a lo lejos las noticias internacionales en la radio bbc. Puedo lamentar las cosas horribles que pasan en nuestro alrededor. Entonces descubro que el mundo sufre de un grave problema de inverecundia en el amor. ¿Qué importa si una relación amorosa termina? ¿ Qué importa si el amor entre dos acaba? Si en el mundo nos tenemos el uno al otro, el amor evolucionaría a ser y estar en todos. De momento reflexioné y reí, pensé positivo. Si en el mundo nos tratamos como hermanos en los momentos difíciles, tengan por seguro que el paraíso no sería un mito, sería realidad.
Giovanna Calderón, Aguadilla, Puerto Rico


No acostumbro a escribir, me produce un miedo escénico intelectual; prefiero conversar, dejar que las ideas discurran sin resistirme a ellas, cual grácil anemoscopio. Pero he aquí que tengo al frente el teclado, que me impone cierto aire solemne, la posibilidad de que la obra sobreviva a su creador y escribo con la esperanza de que algún lejano corazón se identifique con mis palabras o ser el vocero de una preocupación colectiva o que una idea se convierta en materia, talvez para sentirme más cerca de Dios. La inspiración es la chispa que brota de la nada, cuando menos lo esperamos, sin tomar en cuenta si es bien recibida. No respeta funerales, fiestas o disputas, se aparece como un recién nacido y hay que escucharla. Las noticias de la BBC me ponen en contacto con el mundo, que cada vez me resulta más pequeño Hoy que dispongo de un espacio infinitesimal de este alucinante mundo cibernético voy a gritar: !estoy aquí! y quiero que me respondan que están conmigo, que disfrutan, sienten, sufren, luchan y aman por intereses similares a los míos. Sólo sueño!: ya agoté mis 200 palabras y nada digno brotó de mi mente ni de mi alma.
elpidio peña, santo domingo, republica dominicana


Sabía que estaba muerto, contemplando el atardecer, desde aquella ventana de mi infancia. Él en la poltrona, dónde ya no estaba. Sólo quedaba el Jazz de la BBC, era sábado en la tarde. En el armario los retratos de la abuela, ya no necesitaba más. Busque las figuritas que de niño encontraba en el enlosado, con más interés que su colección de estampas, me fije en la austeridad de la trepadera, bordeando el marco, quise aspirar todo el olor a ese rancio tabaco de a centavo. No supe que hacer, lo busque en el reflejo. Lo que allí quedaba no era él; no era la inverecundia de su palabra, su barullo de domingo en la mañana, la economía de la vejez, su experiencia de la vida, no nada de él en aquel cuarto desterrado. Quise retroceder y sentarme en la esquina de la cama, pero no supe a quién pedir permiso, y así vi como el día atardecía, parado frente a la ventana.
Rodolfo, Guatemala, Guatemala


Carámbano fiel

Cruento frío el de aquel lunes; ella, Catalina, tenía siete años cuando escuchó desde la habitación contigua "¡no llegará hasta la fiesta de Reyes, es terminal!". Sus padres fijaron la vista en la radio, mientras la BBC transmitía las efemérides. Postrada y con desazón, desde la cama Catalina observaba que, día tras día, impertérrito y casi con inverecundia, el carámbano recostado en una teja, reflejaba con vehemencia, la intermitencia de las luminarias del árbol de navidad de la esquina de su casa. Insondable cuenta regresiva fue aquella en la que los ánimos del hogar, alterados, cambiaban de dirección, como un tempestuoso viento desorientador de anemoscopios, veletas o giraldas de jardín; el sentencioso diagnóstico ya había sido dado y solo, como estalagmitas, las esperanzas conocían la dirección... La evaporación del carámbano alertó sobre la llegada de la primavera. La niña cayó en coma y en sus sueños solo podía jugar con las luces reflejadas en el huidizo carámbano. El tiempo pasó, como la fiesta de Reyes. El árbol fue podado varias veces, y en él hoy se refugian más pajaritos que antes. Catalina hoy es abuela y está poniéndole luces nuevas al arbolito de su nieta.
Walter D. Tejada Campos, Buenos Aires, Argentina


El metro: ¡un universo de inverecundia! La serpiente subterránea que recorre la ciudad minuto a minuto me ha hecho reflexionar pues todo lo que sucede en sus entrañas parece escrito por García Márquez. Si, me refiero al metro. Entro a la estación e inmediatamente mi radio portátil pierde la señal de mi programa preferido de la BBC en español: "Enfoque". Ocupo uno de los asientos en un vagón repleto de una gama interminable de sujetos. No dejo de mirar el piso e inevitablemente fijo mi atención en el calzado de mis compañeros de viaje: rojos, patentes, de piel de culebra, viejos, nuevos, sucios, ¡definitivamente esto es un carnaval de estilos!. Un niño llora mientras su madre con una concentración imperturbable se lima las uñas, el señor de al lado estornuda sin parar y la anciana de atrás se tapa la nariz para no contagiarse del resfriado. Unos entran, otros salen y siempre el mismo manoseo en el proceso. Toda la rutina se repite una y otra vez hasta que la anciana exclama "¡esto es una total inverecundia,! ya no existen caballeros!" y un grosero le responde: "Caballeros hay, lo que no hay es asientos"
María Daniela Martínez, Caracas, Venezuela


Se detuvo mirando fijamente el cielo estrellado. No podia creer lo que minutos antes habia experimentado. Su trabajo sobre la fuerza de presion atmosferica en el cual habia trabajado desde varios anos no le sirvio de mucho al saber ahora lo que le cambiaria la vida para siempre. Su razon y conocimiento acerca de los trabajos de Da vinci, en particular sobre el amenoscopio, quedaba atras ahora con el descubrimiento que impactaria a la comunidad cientifica. En segundos su imaginacion lo trasladaba siendo famoso y trasmitido por todas las cadenas informativas.!Max Seitz de la BBC me miraba con admiracion mientras observaba extasiado mi nueva invencion que iba a revolucionar para siempre la aeronautica! La manipulacion de los swibels por medio de una serie de fuerza centrifuga hace posible que ahora podamos trasladarnos sin el uso de prolongado tiempo de un punto a otro en cuestion de minutos.
Armando, Ontario, Estados Unidos


Lo que se hereda no se hurta Astrolabio heredo de su padre no solo la mania de escuchar Efemerides BBC, sino el deseo de inmortalizarse mediante un singular invento, convencido de que la fama consistia en ser registrado en ese programa. Varias cosas se le habian ocurrido pero no queria fallar como su padre, quien habia gastado tiempo, esfuerzo e imaginacion en el diseno de la maquina HORMIGUICIDA o guillotina para hormigas, que inexplicablemente nunca logro atraer la atencion de los mas exitosos inversionistas, sufriendo absoluta frustracion y posterior enajenacion mental. Con apenas dieciseis anos, Astrolabio abandono la escuela secundaria y se aplico solitario a la invencion del ANEMOSCOPIO, aparato especial para observar anemonas, esas maravillas que muchos cientificos de su tiempo consideraban todavia organismos unicelulares. Asi, pensaba Astrolabio, evitaria confusiones a los microbiologos de la posteridad. Luego de probar toda clase de lentes, jamas pudo adecuar su creencia en la pluricelularida! de las anemonas con la imagen que ellos reflejaban, sumiendose en absoluto mutismo.Ante tan subita y prolongada melancolia, su madre consulto al psiquiatra familiar, quien por estar actualizado con las nuevas enfermedades mentales, pudo establecer que su hijo habia heredado la INVERECUNDIA que la habia convertido en viuda.
Luz Stella Rodas, New York, USA


Aquella noche lloraba en mi cama por un amor frustrado. Enojada con mi suerte por no ser ni bonita ni carismatica para lograr la atencion de aquel que solo me habia utilizado para sus deseos de hombre. Recordaba la frase de la Columna de Miguel, sobre que todos proclamamos el derecho a todo lo que se nos venga en gana. Yo anoraba el derecho de ser feliz, pero por otro lado tambien buscaba la justificacion y por lo tanto el derecho de desquitarme. De pronto se abrio la ventana de mi cuarto, era el viento que parecia estar de acuerdo con el conflicto en mi alma. Me levante y me acerque a mirar afuera, solo me llamo la atencion el anemoscopio de la casa de mis vecinos. Aquel gallo fiero, que siempre miraba hacia el frente, a pesar de lo fuerte del viento...
Alejandra Sanchez, Queretaro, MExico


El retorno

- ¡Qué inverecundia! Con esas palabras, a los gritos, comencé en una de mis tradicionales rabietas. Mi esposa, de elegante vestido oscuro, estaba concentrada en el noticiero de la BBC en la radio, o simulaba estarlo, ¿como siempre para ignorar mis gritos. Había encontrado mis objetos personales embalados en el corredor: mis colecciones, libros, apuntes. Incluso se notaba que habían estado a la intemperie. Es ciento que ya hacía un tiempo que me había ido sin previo aviso de la casa y recién ahora volvía... en fin cosas de hombres. ¡Pero que descuiden mis pertenencias! ¡No soporto tamaña desfachatez! Seguí gritando, y ella... como si yo no existiera. Conocía esta reacción. Pero me llamó la atención que se demorara tanto tiempo en reaccionar. En eso entró mi hijo, con su mochila del colegio. Él tampoco reaccionó con mis gritos. - Hola mamá, ¿y esa ropa? - Vamos al cementerio, hoy se cumplen seis meses. ¿Lo extrañas? - Mucho. ¡Y quién diría¿ hasta extraño sus gritos! - Yo también. Hay días que, hasta me parece que lo escucho.
Javier Cabral, Ciudad del Este, Paraguay


Raquel contempló su figura reflejada en el cristal del ventanal del aeropuerto y sonrió ante la imagen. Se había vestido con su mejor ropa para viajar a Inglaterra. Durante años, la ilusión de ese momento había hecho menos penosa su vida y aumentado su capacidad de esperanza. Moduló cuidadosamente las palabras que había escuchado tantas veces en los programas de la BBC. Le costaba pronunciar el sonido áspero de la "erre" y la suavidad pastosa de la "th", pero se había prometido a sí misma llegar a hablar como una británica legítima,así le costara años de estudio y práctica. Ella, a quien sus amigos llamaban "anemoscopio", por su inconstancia, era ahora la más aplicada de las estudiantes. Incluso cuando se trató de conseguir dinero para el viaje, no dudó en llamar a sus padrinos, en excelente posición económica, para pedirles, haciendo gala de una recién descubierta inverecundia, ayuda para el pasaje. Ese sueño, a punto de realizarse, la había cambiado de niña tímida a mujer decidida, de soñadora a emprendedora. Tomó su pequeña maleta, sacudió la cabeza en gesto de desafío al destino y caminó hacia el avión sin mirar atrás.
Estela Grasso, Montevideo, Uruguay


Anemoscopio

"Esto es una locura" penso Franc cuando bajo de la combi y vio que un auto negro llegaba justo a la vereda donde estaba caminando. Hacia meses el sentia que lo estaba siguiendo el servicio de inteligencia peruano que trabajaba para la mafia que goberno su pais durante la decada de los 90. "Esto es una pesadilla" craneo confusamente Franc, asi que se esforzo para encontrar una luz a esta loquera: "estos malosos ¿a quien le pueden temer?. En esos dias escuchaba bastante la "bbc al dia" asi que se animo a contarle su problemon a Scotland Yard. Seguro de que leerian sus e-mails escribio a los ingleses. Y se alegro cuando semanas despues apresaron al jefe del "servicio de inteligencia", un lunatico que se creia alumno de la gestapo. Pero su historia continuaria, aunque ya se estaba preparando para los problemas.
Alberto Nuñez Colan, Huaral- Lima, Peru


Hace algùn tiempo reflexionando sobre las arenas del mar,me encontrè con dos palabras AMENOSCOPIO y INVERECUNDIA.En una imagen inmediata y reveladora se vino a mi mente los sin lìmites de la radio de la BBC en español,cuando se presenta obsequiando a todo los pueblos del mundo su ilimitado acervo cultural y sus bondades para la expresiòn del ser humano.Asì, de vuelta a mis reflexiones en un campo verde de pastizales veo un camino en el centro.A los lados del camino se encuentran dos hombres,se miran fijamente a los ojos y,se retiran.Al tiempo,los dos hombres se vuelven a encontrar.Uno de ellos estaba ciego y,el que nunca perdiò la mirada le dijo:"No importa,sìgueme".Al tiempo,el hombre que nunca perdiò su vista iba caminando por el centro del camino con una gran cantidad de personas y,detràs el hombre ciego cuidando que no se extraviaran.
Julio Vivas, Santa Ana de Coro, Venezuela


Esa tarde al regreso del cementerio estaba inverecundio por la falta de Esperanza, aunque sepan que tenía mala memoria y no recuerdaba las cosas desagradables, su muerte le tenía al borde del colapso y no había anemoscopio que señalara el camino que debía seguir para continuar con su maltrecha vida. A lo lejos la BBC radio transmitía el último discurso de Martin Luther King, aquel defensor de los Derechos Humanos y que por falta de alguno de ellos es que esa tarde lluviosa regresaba de aquel cementerio donde había terminado de depositar aquel cuerpo inerte y su vida radiante que pasaría a ser tan simple como las hojas de los arboles en otoño que son arrastradas sin destino y con olvido para desgracia de ella y de él propio. Nada podía hacer ya, lo único que sí pudo cumplirle era la promesa de que cuando muriese la enterraría en el mismo cementerio donde habían sepultado a su ama. Triste adios tienen los perros que sin Derechos viven su vida fue el epitafio que escribió su fiel amante que aulló fuerte para espantar a los zopilotes que rondaban aquella tumba malolienta. Así Dolores se despidió de su Esperanza su novia, su perra, y su amante.
Agustín L. Cruz, Doraville, Georgia, Estados Unidos de Norteamerica


Tras varios días de búsqueda Samuel localizó la casa en las afueras de la ciudad. Llamó a la puerta y, después de unos minutos, lo recibió un anciano. -Vengo por lo del anuncio en el periódico-, dijo Samuel. -¿cómo va a llevárselo?-, preguntó el viejo. -En mi automóvil-. El hombre alzó los hombros ante la aclaración de Samuel y le pidió que lo siguiera hacia el interior de la oscura casucha. Mientras lo veía perderse en la penumbra, Samuel captó el sonido de una melodía, descubriendo enseguida la tenue luz del cuadrante de un antiguo radiorreceptor. De pronto una voz sustituyó a la música: . Samuel no logró escuchar la noticia, pues el viejo había regresado: -Lléveselo en esta jaula-, le indicó. Oculta por una pieza de tela, la jaula no dejaba ver su contenido. No obstante, Samuel pagó el precio estipulado y salió de la vivienda. Entonces, bajo el sol del mediodía, deseó contemplar su preciada adquisición. Pero el anciano, desde la puerta, advirtió sus intenciones: -¡No lo descubra!-, lo detuvo gritándole, --recuerde que estos seres padecen de inverecundia extrema. Si usted lo ve, no cesará de proferir injurias, hasta morir-.
javier barrientos guerrero, querètaro, mèxico


Los cronopios se revolvían de manera frenética y lloraban desconsoladamente porque no conseguían el modo de apagar el amenoscopio. Seguían llegando cada vez más cronopios desesperados, impactados por la noticia emitida por bbcmundo.com en Vía Libre. La inverecundia se apoderaba del lugar porque los cronopios comenzaron a patear el artefacto. El resultado: André Breton se levantó iracundo de su sillón y comenzó a despotricar la falta de inconsciencia y caos en la escena. Pedía más visceralidad en las patadas al amenoscopio. Los cronopios, angustiados y malhumorados, no soportaron sus malacrianzas y exigencias. Optaron por amarrarlo, amordazarlo, abrir el amenoscopio y clavarlo salvajemente en su interior; sus chillidos persistían. Los traviesos cronopios reían. Breton gritaba y gritaba. ¡Pum! El amenoscopio explotó. Se abrieron las puertas de la percepción. Aparecieron Los ángeles y demonios de Swedenborg, los antílopes de seis patas, el asno de tres patas, Haniel, Kafziel, ! Azriel y Aniel; el mirmecoleón, odradek, el squonk y el unicornio chino. Jorge Luis Borges trataba de domarlos pero estaban llenos de ira. Los cronopios, cronopios al fin, remediaron la situación haciendo una rueda de baile a su alrededor. Borges no veía, pero reía y se acordaba de la madre de Julio Cortázar.
Alejandro Sebastiani Verlezza, Caracas, Venezuela


Amanecía; la chica abrió la ventana y sintió la caricia del viento en sus mejillas. Observó el anemoscopio. El viento corría hacia el norte; donde su abuela decía que vivían los dioses. Cerró los ojos y escuchó una vieja tonada. Fue como si por unos instantes sintiera a su abuela... Recordar las canciones que su abuela solía cantarle le llenaba de nostalgia, por lo que encendió el televisor. Recorrió los canales: People and arts, Discovery Chanel... nada. Se detuvo en el noticiero de la BBC y observó el reporte meteorológico. Siempre le había fascinado el clima; era como averiguar el ánimo de Dios. Fueron estas memorias los que le recordaron a su abuela. Desde que había vivido con ella fue su inspiración. De niña solía correr en los campos de su casa sólo para sentir el viento... Los recuerdos la invadían y sentía de nuevo deseos por salir y seguir las nubes. Recordó que su abuela siempre le decía que no dejará de soñar, y lo había hecho; así que tomó su anemoscopio y salió a la calle. Por el día de hoy recorrería de nuevo los vientos del recuerdo y buscaría en la brisa las canciones de su abuela.
Marisol Topette, Guadalajra, Jalisco


La perspectiva del lagarto

Cae la tarde. Una nube gris, enorme, casi se posa a ras del suelo. Termina el silencio, para dejar paso al murmullo del viento. Llueve, se moja la hierba. Los pajarillos, contentos, se recogen bajo los árboles. La vida florece. Una risueña joven, de pelo ondulado, asoma a la ventana; espera por su amado, mientras oye un programa sobre el centenario de Neruda en la BBC de Londres. A los pocos minutos llega él, nervioso y todo mojado. Se miran, sonríen, sueñan. Ella abre la puerta y, entre abrazos y besos, con un paño lo seca. Entonces, sobre nubes de algodón y seda, los corazones se hinchan de pasiones. Un lagarto llega también a la ventana con toda inverecundia; mira asombrado. Le crece una burbuja encarnada, pero aún sigue mirando. Algo parece divertirle. Tal vez percibe que adentro y afuera la vida germina. Quizás, quién sabe, recuerda experiencias pasadas, placenteras según toda evidencia.
Jose T. Beato, Miami, Estados Unidos


Se levantó de la cama con la esperanza de que su sueño se convirtiera en realidad. Soñó que vivía en un mundo que rompía todos los esquemas: el Sol giraba alrededor de la Tierra, y ésta alrededor de la Luna, las estrellas brillaban de día y la noche ya no era obscura; reinaba el amor y los malos pensamientos se convertían en cuerpos que podían ser condenados a la pena capital. La inverecundia se trataba como a las gripes: con vacunas masivas. Lo que más le había impresionado era el anemoscopio, que no estaba en el techo de la iglesia, mas pendía de la cúpula de ésta y medía el cambio de dirección de las intenciones de los gobiernos: o apuntaba hacia la paz o hacia la guerra. Miles de niños descalzos cantanban felices, ya no existía el hambre ni las enfermedades. Los niños cantaban: "Damos gracias por los nuevos tiempos, nuestros pies hablan con la tierra, nuestra sonrisa son pájaros que vuelan, nuestra felicidad son las estrellas". Sus pensamientos fueron quebrados por un estruendo: fuego en la calle, disparos de mortero, y la portada del sitio en internet de la BBC le decía que todo había sido un sueño.
Dagoberto Flores, Portland, Estados Unidos


Aquel niño inicio un viaje por su anemoscopio (Aparato inventado por Anemos Ravel en el año 5567 y que permitia hacer viajes astrales a otras epocas). Habia estado revisando los archivos del año 2005 de BBCMundo y sintio curiosidad por la forma tan curiosa en que vivian los niños en esa epoca. Quiso saber mas y comenzo su viaje en el animoscopio. Se asombro del atraso imperante. Los paises estaban divididos, Habia algo llamado dinero y algunos niños sufrian desamor por parte de sus padres. Los seres humanos tenian increibes modos de perder el tiempo y sus vidas. Muchos veian guerras, revoluciones violentas, gente morir de hambre y lo consideraban normal. Sin embargo todo esto comenzo a cambiar cuando a comienzos de ese año 2005 la gente empezo a decir la verdad. La internet y la posibilidad de dar una opinion sin mostrar su rostro fueron el comienzo del fin de aquel mundo donde decir la verdad equivalia a ser un loco. El niño sonrio al salir del anemoscopio y tambien se sintio aliviado de haber nacido en aquel año de 10522. ¡Que raros eran esos antepasados nuestros¡ dijo finalmente el niño.
Nelson, Barquisimeto, Venezuela


¿ANEMOSCOPIO? ¿TIENE ALGUNO? Preguntó Tania al vendedor. La idea surgió durante la noche escuchando en BBC/Radio un programa sobre Wilde. Interesante, pero no podía concentrarse, el recuerdo de su ilusión perdida la mantenía en un estado de triste duerme-vela preguntándose: ¿por qué no me amó? ¿Debí ser más hermosa? ¿Inteligente? ¿Afectuosa? ¿Indiferente? Preguntas sin respuesta que especialmente esa noche agitaban su fatigado cerebro. Repentinamente en ese estado entre el sueño y la conciencia lo supo: Él no logró ver en su corazón la flor que ella pudo entregarle, la anémona con que la sirenita de los cuentos adornaba sus cabellos, y que para Tania no significó nunca otra cosa que una flor tierna como su amor, que ofrecería a aquél que la depositaria en su corazón y en donde la anémona-amor viviría por siempre. Tania acudió a la tienda para comprar un anemoscopio, que entregaría a su amado para que pudiera ver, como con un microscopio a la anémona y ya nunca padecer de tristeza y soledad. No encontró ninguno, pero ahora ya no importaba, sabía que en algún lugar encontraría a un hombre equipado con uno, y llena de alegría salió del almacén a encontrar el nuevo día.
Mayra Topete, Guadalajara, México


El detective Rastrillo y el detective Viruta fueron contratados para la redacción de la BBC Mundo para encontrar las incógnitas que mediaban el siglo veinte y uno. Y manos a la obra, se puso el detective Rastrillo a rastrillar todos los vericuetos en un cibercafé y el detective Viruta, sacó de su abrigo, que lo cubría de aquel oscuro invierno, un anemoscopio viejo y oxidado por el desuso del tiempo; también sacó viruta y comenzó a sacarle viruta a las pantallas. Pero en la loca carrera por encontrar la verdad del mundo, se encontraron que tenían muchas dudas por resolver. Una de ellas fue por qué sucedió lo del maremoto Tsunamis; o para qué una guerra en Irak; o un incendio en un concierto de rock; o por qué tanta miseri a o tanta riqueza desperdigadas por el planeta tierra. A lo cual, una noche, tuvieron su primer infarto y en su estado de coma se les presentó el Anemascopio y les habló con vos de ultratumba que el destino no sabe de igualdades. En ese instante recuperaron la vitalidad de la vida e inmediatamente llamaron a la BBC y pidieron la renuncia.Y en pago por sus servicios, hoy son los detectives Rastrillo y Viruta repartidores de la BBC.
José Ignacio Samacá Hernández, Buenos Aires, Argentina


Todos dicen que debo ser constante
que mi comportamiento es algo impropio
pues a menudo como un simio copio
de cada nuevo jefe, su talante.

¿Acaso les molesta que haga acopio
de lo que considero interesante?
¿Por qué me acusarán de enajenante
como a quienes se embriagan con el opio?

¿Soy un desfachatado extravagante?
¿Una veleta soy sin amor propio?
Hoy, "El Espacio del Lector" mediante
y sin ayuda del estetoscopio
mi corazón proclama que es su amante
la inverecundia del anemoscopio.

Fernando G. Jerez, La Habana, Cuba


"Inverecundia" no es una palabra muy común en el lenguaje cotidiano. "¡Qué descaro!" es lo que uno exclama, por ejemplo, cuando lee en la prensa escrita o en Internet alguna noticia seleccionada, cortada y empaquetada con un propósito manipulador tan grosero y evidente que no puede evitar ser notado, aun por los lectores más obtusos. Exactamente esto fue lo que se dijo el joven maracaibero Anemoscopio Montiel tras un breve repaso a la prensa mundial, cierta mañana de enero de 199... No podía imaginar que tiempo después el se encontraría leyendo, en su tranquilo (aunque caluroso) gabinete de estudio, las mismas consabidas noticias, cuando de pronto, extrañamente, se iba a sorprender encontrando todo muy creíble, interesante y veraz. Es verdad que se había pasado muchas de las últimas noches de claro en claro, leyendo, como era su vieja costumbre, noticias, y viendo televisión y escuchando radio: CNN, Bloomberg, BBC, Fox News. "¡Qué comedimiento!". "¡Qué corrección!". "¡Qué noticieros más objetivos y profesionales!". "¡Qué amor a la verdad!". "¡Qué ética". Solo con una fulminante inyección de un poderoso calmante pudieron los enfermeros del Hospital que vinieron a buscarlo sacarlo de su incomprensible y desesperado monólogo.
eloy machado, caracas, venezuela


En la antigua historia científica, cientos de años antes de que se transmitiera en radio la BBC en español, se creía que el universo en donde vivíamos se componía de cuatro elementos: tierra, aire, fuego y agua. Se podría postular que esta creencia hubiera inspirado al gran Maestro, Leonardo DaVinci, a inventar un sencillo aparto utilizado para entender mejor las propiedades del aire, y en particular, la dirección del viento. Al aparato le puso de nombre anemoscopio y dijo que esté le permitiría volar al ser humano. Años después, cuando se desplegó el primer avión, supimos que DaVinci tenía razón. Pero años antes del primer avión, cuando unos receptores en la costa este de los Estados Unidos recibieron la señal de la primera onda de radio en la historia, se podría haberlo interpretado como una forma de volar en sí. Por la radio "vuelan" palabras que alcanzan al mundo entero. Esta diseminación de información rápida y eficaz promueve un intercambio sin límites que a la vez comprueba que nuestro universo está hecho de mucho más que unos cuatro elementos, y que nuestra potencial humana es aun más infinita.
Benjamín Barrett, Nueva York, Estados Unidos


No teníamos idea de lo que íbamos a encontrar. Entramos a la ciudad cuando el desmayado crepúsculo boqueaba sobre el primer letrero de neón de la calle. Había un bar, donde los dipsómanos, con la mayor inverecundia, mostraban su rostro tallado por burbujas. Yo tenía en mis manos la nota. Debajo del último párrafo la firma se quebraba en ángulos imprecisos. Más allá, en el difuso frontispicio del Palacio Municipal, una turba portaba pancartas y lanzaba denuestos contra el invisible alcalde. Las mujeres llevaban niños dormidos en sus brazos. Los hombres levantaban sus puños. En sus miradas un sacrílego fandango. Alguien lanzó una piedra contra los ventanales. El ruido despertó a los geranios. Luego llegó la ordalía de la noche con su gritería de grillos y los sublevados voltearon sus miradas hacia el bar donde los dipsómanos lanzaban sus relámpagos. Todos corrieron hacia la taberna. Los hombres empujaron a las mujeres que debieron cederles el paso para no dejar caer los niños. Un señor pidió silencio para escuchar la transmisión de la BBC de su segmento de ciencias porque allí hablaban sobre el uso de los anemoscopios y a él le parecía más interesante que el ruido de la turba.
Roderick Guzmán Meza, Panamá, Panamá


La veleta

"La clase que viene, vamos a hacer un anemoscopio", nos había dicho la señorita Susana aquella tarde. Nuestras caras de desconcierto eran tales, que ella nos miró con una sonrisa socarrona... ¿Un anemoscopio? ¡Señorita Susana! ¿Cómo vamos a hacer un aparato para examinar el ánimo? Yo me acordaba de que mi tío Roberto, que era médico, usaba siempre el estetoscopio, para escuchar los latidos del corazón, así que ese día, lo fui a ver. ¿Un anemoscopio? ¿También usará eso? Pero mi tío no estaba. Sumido en complejas elucubraciones, me fui para casa, para preguntarle a mi madre, que siempre escuchaba los programas de la BBC sobre ciencia, para qué servían los anemoscopios. Pero me mandó al diccionario, que develó mi duda. Entonces, ¡tenemos un anemoscopio en casa! ¡Pero no se llama así! En una esquina de la casa, mi padre había colocado un gallo, que como un mascarón de proa, le hacía frente al viento. Nos divertíamos con mis hermanos los días de viento mirando cómo se movía, enloquecido. Al día siguiente, entré al aula con una sonrisa de oreja a oreja. Cuando llegó la señorita Susana, me acerqué y le dije: "Hoy vamos a hacer la veleta".
Vanesa Calvitti, Buenos Aires, Argentina


Los expedicionarios se encontraban alrededor del radio ansiosos de oír algún comentario que los haría sin duda salvar la vida. Rostros de preocupación en cada uno de ellos. Síntoma de la desesperación de aquellos valientes aventureros, todos daban su opinión, alegaban y todos creían tener la razón sobre cual era la estación de radio que se debía sintonizar para tal vez informarse de los cambios bruscos en la dirección del viento que se habían dado apenas tres días antes y que ponían en una situación dura a los exploradores al no tener suficientes alimentos para sobrevivir. A petición de Alberto, que escuchaba diariamente los programas de ciencia de la BBC de Londres recorrieron el cuadrante milímetro a milímetro hasta que con un volúmen muy bajo encontraron la famosa estación europea de radio. El locutor comentaba con voz entrecortada y temerosa que los inexplicables cambios en la dirección del viento en todo el mundo habían afectado la migración de las aves y hacía que los anemoscopios con total inverecundia se volvieran locos y que giraran una vuelta a la izquierda y una vuelta a la derecha. En ése momento Alberto se cayó de la cama. Todo había sido un sueño "científico".
Manuel Carlos Fernando Fernández Villagrán, México DF, México


Mi primer vuelo en un ultra liviano

Aquel día antes de realizar mi primer vuelo en un avión ultra liviano, estaba escuchando un programa de ciencias en la radio de la BBC, en el hablaban de la posibilidad de hacer un repelente de mosquitos que no tuviera un olor perceptible al humano, la noticia me calmó un poco, pues, nunca me había montado en un aparato de estos, estaba muy nervioso, además el constante mirar de el piloto al anemoscopio no hacia más que crispar mis nervios que ya estaban a punto del colapso. Le pregunte al piloto - que ahora no recuerdo su nombre- por que miraba tanto ese aparato y me contestó que estaba esperando a que cambiara la dirección del viento, para así tener un viento más favorable a la hora de despegar. Luego de algunos minutos comenzó a carretear el ultra liviano por la pista hasta que alzamos vuelo, al principio no quería ni abrir los ojos, pero una vez que lo hice puede contemplar el maravilloso paisaje que desde arriba se observa. Esta de mas decir que desde ese día no he parado de volar.
Francisco Pérez, Barquisimeto, Venezuela


Las voces de Marte

John contempló la superficie marciana, mientras escuchaba BBC Radio. Él vivía hacía un año, en el planeta rojo. Todo fue duro; entrenar, estar lejos de la Tierra, de su novia que había quedado allá "abajo" como se acostumbraba decir. Pronto, el planeta rojo tendría su primera ciudad, ellos estaban trabajando en ello. Washington Mars se llamaría, más lejos comenzarían a trabajar en otra, sería un centro industrial, se llamaría New New York. Y finalmente Nueva Londres, una ciudad de viviendas completaría el sueño. John, miró de vuelta hacia el horizonte nocturno, se veía aquella pirámide extraña... Esta vez sintió deseos de explorar, echar una caminata nocturna solo. Todos dormían, luego con su traje de vacío se fue a caminar... Conectó los micrófonos y pudo escuchar el viento marciano... Era como una canción, un llanto, o una alegre risa, un silbido extraño, o cascabeles de una serpiente antes del alba. El anemoscopio de su equipo daba las lecturas del viento. Le pareció oír una voz... Imposible. Nadie de su grupo sabía que él estaba allí. Juraría que alguien le había hablado. Se dio vuelta, los marcianos le miraban ¡Y eran como nosotros!
Ricardo Vulcano González, Tandil, Argentina


Para ser como los anemoscopios aquellos, pienso que debiéramos ser menos ornitófagos. Anoche, oyendo Vía libre, me puse a pensar en las gaviotas que muy poco aire llevan debajo de las alas, cuando las comemos enrolladas en un vouille de canard. Se abren con un tenedor un cuchillo, en un movimiento sincronizado con la penúltima selección de "notas de jazz". No, no podemos ser tan malos, y comernos pulpa de palmípedo como si fueran ostras. No. Mejor seamos como los anemoscopios; criaturas sensibles y bullangueras que escuchan "enfoque," cada vez que piensan en Delilah, la de los pies hermosos.
Manuel Páucar, Jacksonville, EEUU




 

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