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Enrique R. Martínez Díaz
La Habana, Cuba
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Mi ciudad, capital del país, tiene un sistema de transporte público, también uno privado y mucha gente que se moviliza con sus propios medios, incluyendo las bicicletas, "rickinbilis,", patines y "chivichanas".
Los "camellos" son como las películas del sábado.
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El transporte público tiene muchos problemas, pues el país es pobre, la ciudad grande y superpoblada. Además, entran los problemas del carácter criollo (país con negros de ojos azules y blancos de "pelo malo"), capaz del sacrificio mayor, o la suprema indolencia, con la hispánica herencia de hacer "lo que me da la gana".
No tenemos metro, pero sí algo llamado oficialmente "metrobús" y popularmente "camello", una especie de remolque donde caben cientos de personas y donde puede pasar cualquier cosa. Incluso llegar temprano a su trabajo.
No hay tranvías. Alguien a principios de los años 50 del pasado siglo, "genialmente" pensó que pasarían a la historia (hay quien dice que esta idea fue "ayudada" por los fabricantes de automotores). Tenemos guaguas (lo que otros llaman ómnibus o buses), que casi nunca son puntuales y siempre van llenas.
El transporte público es barato (al cambio oficial, un pasaje en "guagua" cuesta cuarenta centavos, equivalente a dos centavos dólar); los taxis particulares ó "almendrones" cuestan entre 10 y 20 pesos, según el lugar a donde vaya el taxista (¡no usted!) y el horario.
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Alguien hace un chiste y estalla en carcajadas la "guagua".
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Un viaje en "guagua" o Camello en La Habana puede ser divertido ó trágico, según como usted lo mire: puede pasar calor, sentir que lo comprimen contra un asiento, enterarse de la vida y milagros de cualquiera, incluidos detalles íntimos insospechables.
También puede quedarse bizco viendo las exuberancias de nuestras mujeres, sobre todo de las "pepillas", "titis", "mangos", etc, (así se les dice aquí a las mujeres jóvenes) y encontrar el amor de su vida; puede ser víctima de un carterista o tropezar con un novio o marido celoso que quiere evitar que le "rocen" (aquí se dice jamonear) a su Dulcinea (¡siempre existe el peligro que ésta compruebe que el "otro" está mejor dotado!).
Alguien hace un chiste y estalla en carcajadas la "guagua". Muchas veces el "guaguero" le instala una grabadora, y pone a todo volumen la música de su preferencia (que puede variar desde Charles Aznavour hasta Calderón, o desde Barbarito Diez hasta la Charanga Habanera).
Como alguien dijo, en La Habana los Camellos (y las guaguas) son como las películas del sábado :!Violencia, sexo y lenguaje de adultos!
Nota: estos textos fueron remitidos por los usuarios de BBC Mundo. Las opiniones vertidas no reflejan el punto de vista de la BBC.