Aunque ahora sea un evento fundamentalmente comercial, en sus orígenes respondió a una fiesta pagana de los druidas en el día donde se creía que los muertos volvían a la Tierra para merodear entre los vivos.
Parece que la celebración fue llevada a Estados Unidos a mediados del siglo XIX por los inmigrantes irlandeses.
Desde entonces, todos los 31 de octubre, un ejército de niños salen por sus barrios a reclamar golosinas bajo la amenaza "dulce o travesura".
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BBC ENLACE A SÓLO UN CLIC
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Hollywood de por medio, este despliegue de calabazas, decorados macabros y disfraces de brujas, esqueletos, monstruos y seres tan horripilantes como sea posible se ha ido extendiendo por el mundo.
Pero el evento ya nada tiene que ver con su motivación original -a no ser por el sentido de la decoración- y ha terminado por convertirse en poco más que una fiesta de disfraces.
¿Y usted que piensa? ¿Por qué se ha empezado a adoptar en Latinoamérica un festejo que hasta hace unos años sólo se veía en las películas? ¿En una región donde ya existen fechas para honrar a los muertos, le molesta la banalidad de esta celebración? ¿Hay que resistir esta influencia externa o divertirse y dejar de ser un aguafiestas?
Durante una semana recogimos las preguntas y comentarios de la audiencia para exponérselas en BBC Enlace a Celso Lara, antropólogo y escritor guatemalteco.