Muchos medicamentos indispensables para el tratamiento de graves enfermedades permanecen fuera del alcance de las personas que los necesitan mientras la industria farmacéutica se ha convertido en un negocio multi millonario.
Los representantes de las compañías argumentan que el desarrollo de nuevas medicinas para tratar males hoy incurables requiere de inversiones cuantiosas y que sin una alta tasa de retorno para los productos que tienen en el mercado resulta imposible afrontar el costo de las investigaciones.
Pero este argumento corre paralelo a una realidad abrumadora. Según un artículo publicado en la revista británica The Economist, el 90 por ciento de las enfermedades en el planeta recae en los países en desarrollo, pero apenas el 3 por ciento del presupuesto de investigación y desarrollo de las farmacéuticas está destinado a esas enfermedades.
El resto del presupuesto, es decir el 97 por ciento, va dirigido a tratar las llamadas enfermedades de los países ricos, como son la depresión, la ansiedad o la disfunción sexual.
Otro ángulo del problema es que cuando existen medicamentos para tratar epidemias letales en el Tercer Mundo, como es el caso del SIDA, hay una constante lucha entre los dueños de las patentes y las autoridades sanitarias locales en torno a la fabricación de versiones genéricas que abaraten el costo para los más pobres.
¿Y usted que opina? ¿Cómo podría lograrse que todos tengan el medicamento que necesitan? ¿Se puede obligar a las empresas farmacéuticas a producir medicinas baratas? ¿Es ético violar las patentes de los fármacos más necesitados?
Durante una semana recogimos las opiniones y preguntas de nuestra audiencia y se las expusimos en BBC Enlace a Kimberly Barrio, gerente de Desarrollo de productos farmacéuticos del Institute for One World Health.