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Viernes, 11 de mayo de 2007 - 10:58 GMT
Blog desde la cima: abriendo camino
Iván Vallejo en el Campamento Base
Vallejo nos contará su ascenso hacia la cumbre.

Iván Vallejo Ricaurte es un montañista ecuatoriano que compartirá con nosotros a través de un blog, la aventura de escalar las 14 montañas en el mundo que superan los 8.000 metros de altitud.

En estos momentos, Vallejo intenta llegar a la cumbre del Annapurna -que en sánscrito significa "plena de abundancia"- la décima montaña más alta del mundo y la número 12 en su lista.

La expedición de cinco escaladores ya instaló el primer campo a 5.080 metros de altitud y abrió la vía de ingreso al campo 2, a 5.500 metros. También fijó 400 metros de cuerda para facilitar la seguridad en los constantes ascensos y descensos.

En estos momentos, intenta asegurar la vía entre los campos 2 y 3 (que está a 6.500 metros de altura). Luego subirá hasta los 7.000 metros para aclimatarse y reconocer la vía que lo llevará a la cumbre.

En esta entrada del blog describe el trabajo de ir abriendo camino para la expedición:


Iván Vallejo escalando
Vallejo asegura el camino que los llevará a la cima.
Voy por delante haciendo uno de los trabajos que más me gustan en la montaña: abrir huella para mis compañeros. De vez en cuando me paro a observar la descomunal pared por donde vamos a escalar y curiosamente compruebo que mientras más nos acercamos se hace más humana, es menos aplastante, menos huidiza.

Sin embargo me siguen preocupando dos cosas: que la grieta al pie, siempre presente cuando hay un cambio brusco de pendiente (técnicamente se llama rimaya), sea exageradamente grande y nos complique el paso. Y luego, de lograrlo, que el tiempo necesario hasta cruzarla, justo debajo del gigantesco bloque de hielo que cuelga desde arriba, sea muy prolongado.

Sigo subiendo hundido en mi chaqueta, dando vueltas a las preguntas y a las posibles respuestas. Remontamos la última ladera y desde allí podemos ver por fin plenamente todo el cono: las dos laderas en vértice hacia abajo y en la parte superior el inmenso serác*. Recorro con la vista de arriba abajo, de izquierda a derecha y encuentro un estupendo regalo: hay paso en la grieta inicial, mejor y más seguro de lo que esperábamos.

Me vuelvo a erguir. La almendra da vueltas en mi boca y yo respiro a más de ciento cincuenta pulsaciones por minuto. El miedo a desbaratarme, el temor a caerme, eso es todo. Concéntrate, patea, sube, golpea, yérguete.

Nos acercamos hasta el pie de la pared, allí juntos los cuatro, pero nadie se pronuncia por quien arrancará primero a escalar, o dicho de otra manera, quien será el primero en enfrentar el miedo, en tomar al toro por los cuernos. Al quedarme yo también callado tengo sentimientos encontrados. Por un lado, el alivio de no hacerme cargo de la ansiedad, ni de la adrenalina y por otro, al no afrontarlos, la sensación de pérdida de ese placer que otorga firmar por primera vez, con mis huellas, ese terreno virgen.

En un arranque visceral grito: "¡Yo voy, asegúrame Asier!"

Automáticamente se me seca la boca y me suena la panza, un pellizquito de galleta de trigo y una almendra a la boca. Me ato a la cuerda, me aseguro a las muñecas las dos herramientas con las que voy a escalar, me ajusto más todavía el cinturón de la mochila y me encuentro listo. Estoy justo en ese minuto anterior a lanzarte desde el avión cuando haces paracaidismo.

-¡Cuando quieras Asier!

-¡Vale!

-¿Subo?

-¡Sube!

Justo encima de mi cabeza, mil metros más arriba, el enorme serác de hielo.

Me acerco despacito a la grieta tanteando el piso con el piolet** primero y con los pies después. Se me pasan imágenes por la cabeza; aunque no lo quiera, siempre viene el recuerdo de aquella vez que me caí cuarenta metros en una grieta, en el Chimborazo.

Me vuelvo a concentrar, como buscando a la vez percibir el piso con todo mi cuerpo y alcanzar la liviandad de mi ser (como Milán Kundera). Logro cruzar la grieta y tengo ante mis ojos y cuerpo la pared vertical.

Inmediatamente descargo en el hielo la fuerza de mis dos herramientas y con el sonido del golpe seco que escucho sé que estoy seguro. Me yergo. Pateo con las puntas frontales de mis crampones y vuelan por los aires decenas de astillas de hielo, el mismo golpe, el mismo sonido.

Me vuelvo a erguir. La almendra da vueltas en mi boca y yo respiro a más de ciento cincuenta pulsaciones por minuto. El miedo a desbaratarme, el temor a caerme, eso es todo. Concéntrate, patea, sube, golpea, yérguete.

Termino la parte más vertical y voy a dar a una placa de hielo un poco menos tendida, me desplomo encima de la superficie de cristal y respiro bestialmente, con la cabeza pegada a la cruz de mi piolet. Ya está, ya pasé.

Foto de Iván Vallejo
El Annapurna es la décima montaña más alta del mundo.

Vuelvo a tomar el control y alzo a ver, justo encima de mi cabeza ese serác enorme, guindado, amenazante. A mi izquierda, la pared de hielo, nieve y rocas que huye hacia arriba, pero que es el buen puerto. Hacia allá. Hacia allá, a la izquierda.

Piolets, crampones, golpear, patear y subir. Sólo subir.

Supongo que desde abajo me verán como un gato montés, atisbando, husmeando, trepando.

Calculando que he subido unos veinte metros y que si me caigo es suficiente para partirme la crisma, busco un sitio en el hielo para poner un tornillo. Mientras lo voy hundiendo a pulso, con cada giro la oquedad del aparato escupe virutas de vidrio. Estas son heridas que sirven para asegurar la vida.

Qué suerte la mía, haber sido yo el que estampó con mis herramientas y mis botas, la primera firma en esta inmensa hoja blanca de nieve y hielo

Sigo subiendo, todo hacia la izquierda. Encuentro entre las rocas un clavo y un pedazo de cuerda de años anteriores, compruebo que sirve y pongo un nuevo seguro. Volteo a ver hacia abajo y encuentro a Edurne y a Fercho con las cervicales tirando hacia atrás, observando lo que hago, enviándome las buenas vibras; a Asier no le veo, está metido al pie de la pared, dándome seguro, preocupado por mí.

Sigo hacia arriba, cuarenta, cincuenta, setenta, noventa metros. -¡Diez metros! -me gritan desde abajo Asier y Edurne-. Eso quiere decir que en diez metros se me acaba la cuerda. Busco a mi alrededor un punto para fijarla, pruebo con una estaca de nieve que saco de la mochila y al tercer golpe con el martillo recibo de vuelta un contragolpe tan seco, que se me mueven todas las calzas de la dentadura. He topado con una losa de roca. En otro sitio escarbo debajo de la nieve y enseguida encuentro hielo, saco un nuevo tornillo y lo voy colocando, girando despacito, una y otra vez, hasta que por fin queda el asa a ras del cristal. Tomo aire, inflo los pulmones y grito con el sabor de la victoria: -¡Fijaaaaa!!!!

¿Cuál sabor? ¿El de vencer la gravedad?

No. Para nada. Si la tengo a mi lado, cuando le dé la gana me aplica y chao.

¿Cuál entonces?¿Cuál sabor?

El de vencer mis miedos, eso es todo.

Cien metros por encima del suelo estoy atado a un tornillo de hielo; abajo Asier, mi amigo, mi compañero, cuidando de mí a través de la cuerda. ¡Qué placer! Qué suerte la mía, haber sido yo el que estampó con mis herramientas y mis botas, la primera firma en esta inmensa hoja blanca de nieve y hielo.

*serác: en los sectores de mucha pendiente de los glaciares, el hielo resquebraja y forma grietas que dividen la superficie del glaciar formando bloques muy grandes e irregulares conocidos con el nombre de seracs. Son por naturaleza inestables, al hallarse justo en el límite de una masa en movimiento como es el glaciar.

**piolet: pico o bastón de alpinista, utilizado en la progresión sobre hielo y nieve para asegurarse, picar en el hielo, clavar tornillos de hielo y autodetenerse en caso de caída o deslizamiento. Se ata a la muñeca del alpinista mediante una agarradera.

Envíe sus preguntas a Iván Vallejo o sus comentarios al blog utilizando el formulario a la derecha.

Éstos son algunos de los comentarios recibidos. Los textos responden a las preguntas planteadas en el foro y son reproducidos sin correcciones de ortografía o de sintaxis. La BBC cuida que los comentarios no ofendan la dignidad de las personas y que no sean difamatorios. Las opiniones vertidas no reflejan el punto de vista de la BBC.

Iván, que todo esa fuerza que has demostrado te acompañe en lo que falta. Saludos,
Rodolfo Westendarp, Santiago, CHILE

Uno de los regalos que me ha dado esta vida es haber conocido a Iván y ser su amigo. Es un ser excepcional. No hay mejor cosa que compartir con Iván una buena comida y dejar que se prolongue, con una buena conversación. Gracias querida vida !
Andrés, Madrid, España

UN orgullo para nuestro pais, y un ejemplo de coraje, virtud, y profesionalismo. un abrazo. D.Jose Donoso
Diego Jose Donoso, kiev, ucrania

Adelante Iván!! Eres un orgullo para el país y un ejemplo para la humanidad. Que Dios te bendiga!
Rodrigo Quiñones, Quito , Ecuador

Querido Ivan; Conservo una foto de vos donde estas sonriendo, mi hermana me la envio desde Ecuador. Con esta buena vibracion que tu esfuerzo ahora te reclama, debes saber que mi fuerza moral en este nuevo proyecto ira contigo paso a paso. Que en cada cumbre sobre los 8000 te sientas abrazado por el calor de todos los seres humanos que estaremos pendientes de ti, en especial de tus hermanos ecuatorianos. Eduardo
Eduardo Alcazar, Londres, Reino Unido

¿Dios, familia y montaña? ¿cuáles son tus sentimientos y sensaciones cuando coronas una cumbre a más de 8000 metros de altura? ¿Hay diferencia entre cada una?
Aldo Márquez de la Plata, Guayaquil, Ecuador

Increible conocer a traves de la fuerza de tu narracion esta experiencia sublime de enfrentarse a traves de estos soberanos de hielo, a la imensidad humana en su maxima expresion. Me sientoo como ecuatoriano orgulloso de saber que un compatriota esta viviendo estas experiencias en el "techo del mundo", Todo animo para ti y tus companeros de expedicion. Mi pregunta: cuantas horas duermen al dia?
Juan Pablo, Miami, USA

Iván, qué siente al llegar a la cima de una montaña y estar tan alto alejado de todo? Gaby
Gaby, Loja, Ecuador

Si alguno presenta mal de las alturas ¿que hacen? Les deseo mucha suerte. 12/5/2,007 10:31 am
Joaquín Ufión Caldera, Alajuela, Costa Rica

Hola Iván, te entrevisté hace mucho en Ecuador cuando trabajaba para Ecuavisa. Recuerdo que nadie le prestó mucha atención al reportaje, pero yo luché para que le dieran espacio porque, coma amante de la montaña, comprendí tus desafíos y luchas. Me alegra tanto que hayas subido el Everest y ahora estés en el Anapurna. Cada vez que regreso a Quito pregunto por ti y sobre lo que estás haciendo. Que Dios te bendiga y mucha suerte. Malena
Malena Marchan, Miami, EE.UU



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