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Jueves, 26 de octubre de 2006 - 13:03 GMT
El Blog de Lalo
Raúl Fain Binda
Raúl Fain Binda
BBC Deportes

River-Boca

La naturaleza del odio deportivo y otras yerbas

La naturaleza del odio en el deporte es el tema más importante entre los planteados esta vez por los lectores. Concretamente, como dice el chileno Humberto Acosta, "¿es prudente hablar de odio cuando muchos temen una desgracia?"

Que nos disculpe el lector, pero esto equivale a decir que el médico debería abstenerse de mencionar la enfermedad de su paciente, para no exacerbar los síntomas.

Hay un tabú sobre la palabra odio, pero al parecer muy pocos vacilan ante el sentimiento que representa. En realidad, el significado estricto de la palabra es relativamente anodino: "Antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea", según el diccionario de la Real Academia.

Los diccionarios ingleses son más enérgicos al definir la palabra hate, que es el equivalente: "Intensa hostilidad y aversión, normalmente originados en temor, ira, o sentido de agravio. b) disgusto o antipatía extremos", dice el diccionario Merriam-Webster.

Los sentimientos de los partidarios de Boca Juniors, por ejemplo, en relación con los hinchas del River Plate, se ajustan y muchas veces superan a ambas definiciones. "Yo espero todo el año para tener el placer de ganarle a las gallinas", nos dice el boquense Pirincho.

El rechazo a este tipo de sentimientos lleva a Roberto Álvarez-Galloso a aclarar que "no tengo odios porque el odio mata".

Otros lectores tocan el tema incorporando un significado más profundo que el semántico: "El fútbol tiene una alta dosis de pasión, así que se puede amar y odiar", dice el ecuatoriano José María León; "los griegos entendían que el teatro descargaba las tensiones íntimas, que de alguna forma purgaban el espíritu de los espectadores: es preferible odiar al partidario de un equipo rival que partirle la cabeza", opina el limeño Juan Pablo Castro Reyes, dando su particular interpretación del concepto griego de catarsis.

Y "odiar" no es un sentimiento exclusivamente latino, como nos recuerda Barry Wilkin, de Stratford-upon-Avon, el pueblo de Shakespeare: "es verdad que en el fútbol no se puede amar sin odiar".

Otros lectores prefieren enfocar el tema desde la perspectiva de la rivalidad entre grandes equipos y sus razones.

Julio Henríquez, de Phoenix, Arizona, equipara la rivalidad del fútbol con la rivalidad del béisbol: "Barça-Madrid y Red Sox-Yankees, algo así como la derecha y la izquierda, conservadores y liberales".

Y el mexicano Narciso Fernández apunta que "el Real Madrid representa el individualismo, mientras que el Barça representa la victoria del colectivo".

El uruguayo Gustavo explica que la rivalidad se debe a un "choque de idiosincrasias". En el caso de Peñarol-Nacional, "empleados del ferrocarril inglés crean un club de garra y lucha y empiezan a chocar con los señoritos criollos y nacionalistas".

Los lectores comparten la impresión de que Real Madrid-Barcelona se ha convertido en el clásico más importante del panorama internacional, pero también apuntan que esto es reciente y se debe al avance de las comunicaciones.

Allí están Juan AF, de Asunción ("es importante pero no especial; se volvió algo más comercial por la cantidad de estrellas") y Robert Coltrane, de Miami ("no refleja una verdadera realidad deportiva, sino la globalización de las comunicaciones").

Otro punto de vista similar es el de Alejandro Rubio, de Munich, quien enfatiza la importancia del "gancho publicitario" y la consiguiente "focalización de la prensa en este partido."

Y, en fin, la naturaleza de las simpatías múltiples. Nadie lo explica mejor que José María León, al explicar las diferencias entre Emelec y Barcelona de Guayaquil, y el mecanismo que ha llevado a este lector ecuatoriano a simpatizar con Boca Juniors, Barcelona y Bayern Munich, y detestar (¿o debemos decir odiar?) a River Plate, Real Madrid o Borussia Dortmund.

En este plano, también es valioso el aporte del tucumano Juan Carlos Pires, quien destaca que el aficionado busca diferentes ámbitos para volcar sus simpatías y antipatías: en su caso, se interesa por rivalidades en su provincia, Buenos Aires e Italia, sin prestar atención a las de otros países o provincias. "Me llama la atención, porque mi familia no es italiana", dice.



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