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Jueves, 9 de noviembre de 2006 - 20:07 GMT
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Un llamado de atención muy oportuno es el de Sergio Mendieta, quien invoca desde México a "las voces coherentes, que invitan a la reflexión, como Valdano, Menotti o Galeano, que privilegian el valor del verdadero actor presente y futuro, el futbolista".
Estos tres personajes, dos hombres del fútbol y un escritor que ama al fútbol, representan particularmente bien una corriente de opinión que sigue viendo la belleza en el deporte, aunque a veces deba imaginarla a través de una gruesa costra de vulgaridad y violencia.
El espíritu que invoca el lector mexicano es el de los niños que recuerda el uruguayo Eduardo Galeano, esos que cantaban Ganamos, perdimos,
igual nos divertimos.
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OTRAS ENTRADAS EN EL BLOG DE LALO
Enciclopedia Universal del Deporte, edición de 2026: "Aunque cueste creerlo, el fútbol no fue siempre un deporte individual. Durante la primera etapa de su desarrollo, hasta el siglo 20, se tuvo la impresión de que los futbolistas eran los verdaderos protagonistas del juego.
"Este error, que los historiadores atribuyen a la coincidencia semántica entre 'futbolista' y 'fútbol', se disipó finalmente y todos coincidieron en que el papel de los futbolistas era secundario, concebido para facilitar el lucimiento de los verdaderos protagonistas, los entrenadores.
"Es increíble la ingenuidad del público de hace unos años, que encontraba más placer en las tediosas maniobras de 22 futbolistas que en los insultos, mentiras, provocaciones, incitación a la violencia y otras maravillas que nos ofrecen los entrenadores antes, durante y después de los partidos".
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Esteban Echeverri, nos llama a la realidad preguntando a qué paraíso van los campeones cuando se mueren. Sugiere que, según Blog de Lalo, deberían ir a un cielo reservado a los grandes, donde no se admite el ingreso de la gente común. Y concluye, suponemos que ya con una sonrisa: "Mantengamos el equilibrio, que los campeones son gente común, como los vendedores de enciclopedias".
Tienes razón, Esteban: los campeones son tan vulgares como los autores de blogs. La diferencia es que ellos a nosotros nos conmueven, mientras que nosotros a ellos tal vez los fastidiemos.
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Michael Jordan estuvo el domingo en el circuito Ricardo Tormo, de Valencia, y ya no fabrican espectadores más grandes, en todo sentido.
Dirán ustedes que el gigante del baloncesto acudió a presenciar y festejar la consagración de su compatriota, Nicky Hayden, como campeón mundial de MotoGP, pero al Blog de Lalo se le ocurre que Jordan no colecciona campeones pequeños: no estuvo allí por Hayden, sino para presenciar una nueva apoteosis de Valentino Rossi, un campeón digno de él.
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La naturaleza del odio en el deporte es el tema más importante entre los planteados esta vez por los lectores. Concretamente, como dice el chileno Humberto Acosta, "¿es prudente hablar de odio cuando muchos temen una desgracia?"
Que nos disculpe el lector, pero esto equivale a decir que el médico debería abstenerse de mencionar la enfermedad de su paciente, para no exacerbar los síntomas.
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El domingo se jugó el clásico más importante del fútbol internacional, Real Madrid-Barcelona (2-0), en el Santiago Bernabéu, y me pregunto cuántos lectores quedaron satisfechos y cuántos decepcionados con el resultado.
Esta es una buena pregunta para el Blog de Lalo, uno de los más internacionales de todos, por las características del servicio periodístico al que pertenece.
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Algunos ponen en duda la competencia técnica del organismo ("no creo que sepa nada de fútbol", nos dice JMP, de Londres) y otros su buena fe ("parece saber más de marketing y números", opina José María León, de Guayaquil; "si no puedes contra el marketing, únete a él", dice Ricardo, de Caracas).
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La lista de la FIFA para seleccionar al mejor jugador mundial de 2006 es como una bolsa de avaro, que puede contener desde perlas hasta baratijas, pasando por calcetines sucios, alfileres y tubos vacíos de dentífrico.
Sus 30 nombres han sido paridos por un comité, y ya se sabe que cuando un comité quiso diseñar un caballo le salió un camello.
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José María León y Jean Paul Arnaud son los remitentes de los
mensajes más provocativos en el correo de esta semana.
Arnaud dice que el despido prematuro de un técnico se puede atribuir a dos razones diametralmente opuestas: "una conjura para librarse de él" o que "al chivo le ha llegado el momento y está maduro para el sacrificio".
(El lector, que nos escribe desde París, no le perdona a
Aragonés el insulto a Thierry Henry, y evidentemente se alegraría si le cortan el pescuezo.)
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La selección, persecución y sacrificio del chivo expiatorio es uno de los espectáculos más crueles (e instructivos) en el fútbol de alta competición.
Dos o tres malos resultados siempre desatan la cacería, con el periodismo a galope tendido y haciendo sonar las trompas, a pedido del público.
En esto nos comportamos como ese líder popular durante la revolución francesa, que seguía a sus partidarios, en vez de éstos seguirlo a él.
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El correo de los lectores, en el debut del Blog de Lalo, sugiere que Michael Schumacher no es tan impopular como muchos suponen, pero también queda la impresión de que el público desea el retiro del viejo campeón para concentrar su atención en un deportista menos cuestionado.
Muchos corresponsales reconocen el genio de Shumi, aunque varios destacan que no se lo puede considerar el mejor de todos los tiempos.
También insisten en destacar el cuestionamiento ético, en un par de casos con observaciones muy filosas.
La que más me impresiona es la de Anita Manosalvas: "Nadie dirá que Senna era un santo, pero jamás tiró a matar tan inmoralmente como Shumi. Para ser campeón verdadero no sólo se debe ganar, sino que se deba ganar en buena lid".
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Bueno, ya estoy aquí, en mi nueva casa. Todavía no estoy acostumbrado.
La anterior, la columna La Vida es Juego, tenía una sola ventana, por la que yo me asomaba para decir lo que se me ocurría a quien quisiera escuchar.
Me sentía libre, pero al mismo tiempo la sensación de soledad comenzaba a angustiarme.
Esta casa, El Blog de Lalo, tiene muchas ventanas adicionales, por las que deberán asomarse mis lectores, para decirme lo que ellos piensan.
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