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Viernes, 22 de agosto de 2008 - 07:39 GMT
Un atleta, dos banderas
BBC Deportes

Unas por la diáspora, otras por decisión oficial, pero las nacionalizaciones por conveniencia olímpica son el deporte global en boga.

Geor y Gia
Los dos georgianos dedican sus logros a Brasil.

Dos brasileños llegaron a Pekín georgianos.

Renato Gomes y Jorge Terceira no hablan la lengua ni están familiarizados con la problemática política que se vive actualmente en Georgia, pero a nombre de ese país llegaron lejos en voleibol de playa y por poco obtienen una medalla de bronce.

No la consiguieron pues fueron vencidos, justamente, por una dupla 100% brasileña: Ricardo Santos y Emanuel Rego.

Hace tres años, al quedar fuera del equipo brasileño, Gomes y Terceiro se nacionalizaron georgianos para poder representar a ese país en Pekín 2008.

Los dos atletas "georgianos" adoptaron incluso los nombres de Geor y Gia para este torneo.

Latinos europeos

El argentino Diego Romero, quien en Atenas 2004 compitió en Yachting representando a su país, ganó esta vez en Pekín una medalla de bronce... pero para Italia.

El cordobés se nacionalizó italiano por falta de apoyo económico en Argentina, y ahora resultó ser uno de los mejores exponentes argentinos en clase Láser. Sin embargo, su medalla es oficialmente italiana.

Jackson Quiñónez
Las marcas del ecuatoriano Quiñónez se quedan en España.
Jackson Quiñónez compitió en Pekín para dos países: en la letra lo hizo para España, pero su esfuerzo lo dedicó a Ecuador.

Cuando habló con nuestro enviado Rafael Chacón durante las eliminatorias de los 110 metros con vallas, reconoció su real bandera: "Espero poder seguir mejorando mi nivel deportivo y así poder darle esa alegría al pueblo latinoamericano y especialmente a mi país de origen, Ecuador".

Quiñónez se ubicó en Pekín entre los ocho mejores en su disciplina, sin embargo, su récord no cuenta en la estadística latinoamericana. Se queda en la europea.

El atleta, quien nació en Ecuador y representó a ese país en los Campeonatos Mundiales de Atletismo de 2003 y 2005, y en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, no encontró en su país el apoyo necesario para desarrollar más su carrera deportiva.

España lo recibió como ciudadano en 2005 y un día su entrenadora, Ascensión Ibáñez, lo convenció de que cambiara de nacionalidad.

El caso de Quiñónez está lejos de ser excepcional. El mercado está abierto. Si se es un buen atleta con anhelos olímpicos pero pocas oportunidades, hay una alternativa: representar a otra nación.

En Pekín es notable la cantidad de deportistas que adquirieron otra nacionalidad con el fin explícito de estar en esta competencia.

Estrategia de Estado

Hay países que adoptan como política oficial la de nacionalizar atletas para aumentar sus posibilidades olímpícas.

Un caso claro es el de Bahrein, que llevó a Pekín 10 atletas, pero sólo uno es nacido en ese pequeño país del Golfo Pérsico.

Zhang Yining de China
China, es el rey del Ping Pong.
Tal estrategia ya les dio resultado con la presea dorada que obtuvo Rashid Ramzi en la prueba de 1500 metros. Con sus 28 años, Ramzi, nacido en Marruecos, se ha convertido en el primer medallista bahreiní de la historia del atletismo.

Es política oficial o mera diáspora, como pasa en el deporte rey de China, donde un buen número de tenistas de mesa, o ping pong, juegan para otros países.

Una manera de enfrentar al gigante del tenis de mesa mundial es fichando a deportistas chinos entrenados en esa disciplina.

El caso de España es ejemplar: tiene cinco representantes españoles en ese deporte, pero sólo uno, el madrileño Alfredo Carneros, es nacido español. Tres son originarios de China y una cuarta nació en Ucrania.

Dos banderas

La mexicana Erika Leal, en nado sincronizado, representó a Australia y no a México, como lo hizo antes en dos ocasiones. Ocupó al final el lugar 21, pero en las gradas sus padres ondeaban dos banderas: la de México y la australiana.

Becky Hammon
Becky Hammon porta el uniforme ruso pero se lleva la mano al pecho con el himno de EE.UU.
Los acuerdos entre países, los efectos de la emigración y el aliento al deporte, combinados, generan normalmente un clima favorable a este tipo de nacionalizaciones.

Pero no siempre son bien recibidas. Becky Hammon nació en Dakota del Sur, Estados Unidos, pero en febrero pasado, la basquetbolista decidió defender la bandera rusa en Pekín, luego de no encontrar cupo en el seleccionado estadounidense. Su entrenadora en EE.UU. la tachó de antipatriota.

La presencia de atletas olímpicos en otros países es semejante a la de los futbolistas que juegan en selecciones nacionales de bandera extraña.

Sin embargo, en el fútbol las reglas son estrictas: nadie puede representar a un país si ya antes lo hizo para otro. En el ámbito olímpico, las nacionalizaciones se han convertido en la estrategia deportiva del día.






 

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