|
Tomás Ciuffardi
Guayaquil, Ecuador
|
La ecuatoriana Alexandra Escobar es una de las grandes esperanzas de su país para traer el oro desde los Juegos Olímpicos de Pekín cuando participe en la disciplina de levantamiento de pesas.
En el 2001, Alexandra sorprendió a propios y extraños cuando ganó la medalla de oro en el Mundial de Halterofilia, en Antalya, Turquía.
Esa no fue su primera presea ni tampoco la última. Desde ese entonces, Alexandra se ha coronado en repetidas ocasiones como campeona nacional, sudamericana, panamericana e iberoamericana.
"Cuando yo fui campeona mundial nadie se acordó, yo llegué al país y nadie sabía de mí. Es que justo la selección de fútbol también se clasificó por primera vez para un mundial... ¡Imagínate! Todo era por la selección...Alexandra no existía", comenta la deportista.
Pero con el paso de los años y con los triunfos conseguidos Alexandra se fabricó un espacio entre los deportistas de élite de su país y en este momento es la única mujer que representará a Ecuador en las Olimpiadas en la disciplina de halterofilia.
La primera experiencia de Escobar en unas Olimpiadas fue en Atenas 2004, donde obtuvo el séptimo lugar en la categoría de 58 kilogramos. Desde ese entonces Alexandra sabe que actuar en el escenario olímpico no es nada sencillo.
"La primera vez que fui a las Olimpiadas yo me dije: 'si he competido en un mundial y en otras competencias, esto debe ser igualito', pero es diferente, como que tienes que dar más, te sientes muy presionada, muy nerviosa y todo el mundo me decía que tenía que traer la medalla. Yo creo que eso me mató", dice Alexandra.
Ahora confiesa que su objetivo es romper sus propias marcas y si logra esa meta se "quedaría contenta, así no haga medallas".
Contra la pobreza y los prejuicios
Con apenas 10 años de edad, Alexandra se vio forzada a dejar su humilde hogar en Rocafuerte, un pequeño poblado de la provincia de Esmeraldas, en el noroeste de Ecuador, para ir a trabajar a la gran ciudad como niñera y lavandera y así ganar algo de dinero para sobrevivir.
"Fue durísimo, porque de chiquita, en vez de estar jugando o estudiando, tuve que trabajar para poder sobrevivir. Es difícil y muchas personas fueron buenas, pero otras no, te hacían hacer de todo y te trataban mal. A mí hasta me pegaron... fue durísimo".
 |
Creo que si hubiera tenido la vida fácil desde el principio no me habría esforzado por tener algo... yo intento dejar todo eso atrás como parte del pasado y ahora miro otras cosas, tengo un hijo, me estoy sacrificando por él, pero tengo que entrenar duro para subir las marcas, para coger una medalla, para triunfar
|
A los 18 años levantó por primera vez una barra con pesas mientras acompañaba a su hermana en un entrenamiento.
"Cogí la barra con 40 kilos e hice cuatro repeticiones y el entrenador se quedó con la boca abierta al verme chiquitita y flaquita haciendo tanto peso, entonces le dijo a mi hermana que me lleve más seguido".
Las pesas se convirtieron en el escape perfecto de la pobreza.
Sin embargo, Alexandra tuvo que enfrentar otros obstáculos como los prejuicios y el machismo.
"Al principio no me gustaba para nada porque la gente me hablaba muy mal, me decía que era un machito, que parecía más hombre que mujer, me decían 'mira ahí va la marimacha, ahí va el hombrecito, ahí va la lesbiana', todas esas cosas y cosas peores", cuenta Alexandra.
Ahora Alexandra, quien está a punto de cumplir los 28 años, dice estar contenta con su vida. Tiene un marido que le apoya con su actividad y un hijo -Dóminic- quien es su "inyección de motivación".
"Creo que si hubiera tenido la vida fácil desde el principio no me habría esforzado por tener algo... yo intento dejar todo eso atrás como parte del pasado y ahora miro otras cosas, tengo un hijo, me estoy sacrificando por él, pero tengo que entrenar duro para subir las marcas, para coger una medalla, para triunfar".