Rusia
Mucha expectativa había alrededor de las dos figuras rusas, Roman Pavlyuchenko y Andrei Arshavin.
Ambos habían hecho trizas a Holanda, y como jóvenes imberbes se esperaba mucho. Pero el reloj corrió y ninguno terminó siendo factor. Más bien fueron, si se quiere, domados por la veteranía del rival en este tipo de escenarios.
Pavlyuchenko monopolizó las oportunidades de su equipo y cada vez que pudo disparó al arco. No por nada ha sido el jugador que más lo ha hecho en esta competencia. No obstante, en el segundo tiempo se disipó.
Arshavin, el centro de las atenciones, fue una copia al calco de un Lionel Messi cuando no está en su día. Recibía, finta y arrancaba dejando al marcador en su estela. Pero luego querría hacerlo todo. Frustrante.
Sin embargo, era más fácil ubicar al atacante ruso buscando en el campo al español Marcos Senna, quien fue su sombra toda la noche. Literalmente, Senna, le apagó la estrella a un Arshavin que quizás tenía la cabeza en los miles rumores de fichajes que pululan a su alrededor.
El técnico de Rusia, Guus Hiddink, le pidió a su equipo que no fueran tímidos ante España, como en el primer choque. Aquí no fue cuestión de timidez sino de un rival que lo superó en todos los aspectos, dejándole la contra como única opción de ataque.
Tras recibir el tercer gol, el partido murió. Los últimos cinco minutos fueron prácticamente irrelevantes.
Si se hubiese estado en un cuadrilátero de boxeo, Hiddink seguramente hubiese tirado la toalla.