¿La mitad de los titulares suspendidos? No importa. ¿Los croatas tenían tantos hinchas que parecían locales? Que importa. ¿Un gol en contra en el minuto 118? Bah, no importa. Turquía no cree en nadie y menos en las probabilidades. Ahora está en semifinales.
Un libreto ya conocido para los seguidores turcos al ver como su equipo remontaba por tercer encuentro seguido un marcador que parecía imposible. Su mera presencia entre los cuatro mejores de esta competencia es tributo a su perseverancia hasta, literalmente, el último segundo.
Era la última patada del partido. El arquero Rustu sacó largo, confusión defensiva croata y Senturk le pegó como por ver si algo pasaba. Un disparo de esos de tentar a la suerte. ¡Y vaya si la tentó! Ahí se fueron las aspiraciones de Croacia.
El equipo de Slaven Bilic celebró el haberse ido arriba a segundos de terminar la última etapa de tiempo añadido como si hubiese ganado la final. Además el gol no pudo haber contenido más drama, pues su anotador, Iván Klasnic viene de dos transplantes de riñón en el último año. Ni Spielberg se inventa semejante película
Pero hoy no era el día de celebrar recuperaciones médicas y como una bofetada les cayó la igualada. El desinfle fue total. Después de esto no es que sobra la confianza y seguridad para cobrar penales.
Si la remontada turca ante los checos fue increíble, no hay adjetivos para describir este desenlace que les da un pase a semifinales por primera en sus participaciones en la Eurocopa (y su primer triunfo en la historia ante Croacia).
Alemania es el equipo que los separa de la final y para este duelo no contará ni con Tuncay o Arda Turan, ambos clave. "¿Y qué importa?", dirán los turcos.