La fase de grupos es más de dos tercios del camino para llegar a la final, pero aún falta mucho trecho por recorrer en la Copa Libertadores, el equivalente sudamericano de la Liga de Campeones de Fútbol de Europa.
Adriano (derecha) demuestra su poderío en el aire al anotar al último minuto ante el Sportivo Luqueño.
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Todavía hay que esperar el efecto pulverizador que significa la etapa de eliminación directa, pero aún así las primeras predicciones empiezan a tomar forma: los clubes brasileños lucen como la apuesta más segura sobre quién levantará el trofeo.
Revisemos los números. Los seis conjuntos argentinos llevan un acumulado de 11 victorias y nueve derrotas. Los cinco representantes de Brasil han ganado 12 encuentros y perdido tan solo dos.
Esto, sin embargo, no es una gran sorpresa, La población de Brasil es cuatro veces y media más grande que la de Argentina, lo que hace mucho más sencillo que puedan encontrar reemplazos para todo el talento que se exporta más allá del Atlántico.
En el aspecto técnico, los conjuntos brasileños al parecer tienen una ventaja clave sobre sus oponentes continentales: un poderoso juego aéreo. Esto se puso en evidencia la semana pasada, en dos encuentros ante clubes de Paraguay.
Adriano le entregó la victoria a Sao Paulo sobre el Sportivo Luqueño gracias a un cabezazo en tiempo de descuento, mientras que el triunfo del Fluminense fue producto de dos tiros libres que llegaron por lo alto al área chica del club Libertad.
Además, los clubes brasileños son capaces de causar bastante daño a través de sus centrales. El ritmo y la capacidad atlética demostrada por estos jugadores en sus constantes estallidos hacen que sean muy difíciles de contener.
El club argentino Arsenal fue recientemente testigo de esta habilidad de los brasileños. El mes pasado viajaron hasta Río de Janeiro para enfrentar al Fluminense y los jugadores casi que se suicidan luego descubrir que habían olvidado mantener a raya a los centrales del conjunto brasileño.
Perdieron 6-0 y hubo anotaciones como, por ejemplo, en la que uno de los centrales, sin marca alguna, comenzó la acción y le entregó el balón a otro central que, también sin marca, definió cómodamente el gol.
Juego de altura
Gabriel anota el tercer gol en la victoria 6-0 del Fluminese ante el Arsenal argentino.
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Los centrales en Brasil son generalmente vistos más como atacantes que defensores. Tienen el espacio más vulnerable del terreno al frente y se espera que puedan llenarlo, manteniendo el juego abierto y además atendiendo la zona de penales.
Quizás esta importancia que le dan al trabajo de los centrales explica el por qué tienen tantos problemas al jugar en terrenos altos.
Un jugador que no se ha aclimatado está propenso a tener problemas a una altura por encima de los 2.500 metros sobre el nivel del mar. En general la gente reacciona de forma distinta a estas condiciones, pero el visitante perderá siempre parte de su capacidad atlética.
Esto significará que el equipo visitante deberá indiscutiblemente dosificarse y tratar de correr lo menos posible.
Necesitan jugar de forma muy compacta y tratar de hacer posible en controlar el ritmo del partido desde en mediocampo, pero la dependencia del estilo brasileño en sus centrales les complica poder lograrlo.
Jugando a grandes alturas los equipos brasileños a veces lucen perdidos, debido a que el aire bajo en oxígeno no hace posible que los centrales lleven a cabo su función de estar bajando y subiendo constantemente.
Solo al final
Muchas malas experiencias y resultados pobres han convertido el tema de la altitud en todo un trauma para los conjuntos de Brasil, lo que incluso ha causado división en la Federación Sudamericana de Fútbol.
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Brasil fue bastante astuto. Permaneció muy callado mientras necesitaba el apoyo del continente para concretar su nominación como sede de la Copa del Mundo 2014. Pero una vez asegurada, rompió filas
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Brasil fue bastante astuto. Permaneció muy callado mientras necesitaba el apoyo del continente para concretar su nominación como sede de la Copa del Mundo 2014. Pero una vez asegurada, rompió filas y comenzó su campaña en contra de los peligros de jugar en elevadas altitudes.
Ellos aseguran estar protegiendo la salud de sus jugadores, aunque no todo el peso de su demanda debe ser atribuido a este motivo.
Existen interrogantes sobre los riesgos de la altura pero no hay dudas sobre el peligro de jugar a altas temperaturas, pero -si la TV así lo exige- los clubes brasileños tienen encuentros por la liga local bajo el calor sofocante de las cuatro de la tarde, o de las 3, cuando los relojes retrasan una hora en el verano.
Aún así, los clubes brasileños someten a sus jugadores a tales condiciones sin un solo lamento.
Este comportamiento -para algunos cargado de hipocresía- ha causado revuelo en la Federación Sudamericana, que se reunió la semana pasada para discutir este tema.
Nueve de los diez países que forman parte de ella declararon su deseo e intención de seguir jugando en elevadas altitudes.
Brasil quedó sin duda solo y a la deriva.