Este año ha sido un sueño para Boca Juniors.
Boca Juniors, en celebración de su título de la Copa Libertadores.
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El Mundial de Clubes que se efectúa actualmente en Japón le presenta la oportunidad a los ganadores de la Copa Libertadores de obtener la gloria global.
Equipos de todo el continente sudamericano han estado soñando con viajar a Tokio desde que en 1980 se implantó en territorio japonés -cuando Toyota empezó a patrocinar el evento- una suerte de "final" contra el campeón de Europa.
En los últimos tres años, el esquema se amplió para representar a los campeones de cada confederación. Esto, desde el punto de vista sudamericano, le otorga más prestigio a la competencia aunque también más riesgo al agregar un escollo como la semifinal.
Sustos recientes
El resultado equivocado significa regresar a casa sin siquiera tener la oportunidad de luchar contra el titular de la Liga de Campeones.
Este partido de semifinal incomodó al Sao Paulo en 2005 y al Internacional de Porto Alegre en 2006, en encuentros en donde vencieron ajustadamente al Al Ittihad y al Al Ahly, respectivamente.
Parte del problema son los nervios, el temor de perderse el honor de jugar en la final. Aunque también hay otro elemento en juego.
Hasta hace pocos años los equipos sudamericanos esperaban estos encuentros con sus pares europeos para buscar demostrar su superioridad técnica.
El brasileño Adriano le dio el título al Internacional ante el Barcelona.
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Pero tanto en la final entre el Sao Paulo y el Liverpool en 2005, como en la del Internacional contra el Barcelona el año pasado, la estrategia de los clubes brasileños era un reconocimiento a su inferioridad.
No se podía escapar ya de las realidades del mercado global de fútbol, pues los principales conjuntos europeos tienen la capacidad de reclutar talentos en todos los rincones del planeta.
Y ante la imposibilidad de mantener a sus jugadores estrellas, los sudamericanos aprendieron a boxear astutamente.
Con la presión de ganar la semifinal ambos clubes sufrieron; una vez en la final, la presión desaparecía permitiéndoles defender profundo, achicar espacios, demorar el juego y anhelar marcar en un certero y mortal contraataque.
Esta táctica le permitió al Sao Paulo y al Internacional llevarse el trofeo a casa con victorias 1-0.
Otra visión
Banega, el sustituto de Riquelme.
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Aquí es donde empiezan los problemas de Boca, pues no parecieran tener la misma solidez defensiva de sus predecesores brasileños.
Desde que ganaron la Libertadores, los xeneixes ya no cuentan con el lateral izquierdo Clemente Rodríguez y, más importante aún, tampoco tienen al central Daniel Díaz.
No será el mejor defensa del planeta, pero Díaz era la fundación de la defensa de Boca. Su reemplazo, el ex Liverpool Gabriel Paletta, no convence aún.
También está el caso de Juan Román Riquelme, el creador, artífice del título continental del club. El mediocampista -de regresó desde el Villarreal- no jugará en Japón.
La posición de Riquelme la ocupará el adolescente Ever Banega, quien ha tenido un año sumamente ocupado: brilló en el campeonato sub 20 sudamericano en enero, jugó para Boca en la liga local y la Libertadores y después en el Mundial juvenil de Canadá donde se tituló campeón.
Ha jugado tantos encuentros en 2007 que es asombroso que aún pueda caminar. Su próximo desafío será superar a los campeones africanos, el Etoile Sportive du Sahel.
Martín Palermo, junto con Rodrigo Palacio, conforman el ataque de Boca.
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Los tunecinos eliminaron en su primer partido en el Mundial de Clubes al Pachuca mexicano, en el cual los Tuzos dominaron todo el encuentro.
Si Boca pretende hacerlo mejor, Banega deberá combinarse con el delantero Rodrigo Palacio, quien hace un par de años parecía destinado a cosas mayores.
Hoy en día su forma futbolística es de altibajos y este torneo sería perfecto para regresar a la palestra.
Sobre todo con una defensa que no se muestra impenetrable, Boca necesitará de Palacio ante el Etoile -y luego contra el poderoso AC Milan- si los xeneixes quieren llevar a Sudamérica otra vez a lo más alto.