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Lunes, 3 de diciembre de 2007 - 14:26 GMT
75 años de "O jogo bonito"
Tim Vickery
Tim Vickery
Columnista de la BBC

Kaká
Kaka es la última estrella del fútbol brasileño que deslumbra mundialmente.
Setenta y cinco años atrás, Brasil ganó uno de los más importantes partidos de la historia y se dio a conocer en el futbol mundial.

De visitante en Montevideo, Brasil derrotó 2-1 a Uruguay el 4 de diciembre de 1932.

Ese día, la antorcha pasó de un equipo al otro y Brasil comenzó su camino de dominación del fútbol mundial.

En ese momento, en 1932, Brasil no era nada especial.

De las primeras doce Copa America -anteriormente llamada Copa Suramericana- Brasil había ganado únicamente dos y ambas con la ventaja de ser local.

Uruguay en cambio había triunfado en seis y la fama se había propagado más allá de su continente.

Despegue azul

La celeste había prácticamente creado y puesto en valor el fútbol moderno cuando ganó la medalla de oro en los juegos olímpicos de 1924 con un artístico estilo de juego que los europeos no habían visto nunca antes.

Y consiguió otra vez el oro cuatro años después, en el momento en que comenzaba a ser claro que el fútbol había crecido tanto que superaba a los Juegos Olímpicos.

Se necesitaba un campeonato mundial de fútbol.

Uruguay se presentó como sede del torneo y también ganó, dos años y medio antes de la decisiva visita de Brasil.

Una vez que hay dinero de por medio, la puerta se abre para los mejores jugadores cualquiera sea su origen

En verdad, 1932, era un buen momento para enfrentar a Uruguay.

El equipo que había ganado todos esos títulos había envejecido y sus grandes jugadores como Scarone y Andrade ya no jugaban en el equipo nacional.

Y el largo reinado de los "reyes del fútbol" se apreciaba que pertenecía más a Brasil que a Uruguay.

La gran diferencia de población entre los dos países lo hacía inevitable y Brasil construía esa diferencia trabajando en busca del talento que había en todos los sectores de la sociedad.

Esa es la importancia del partido de 1932. El juego y sus consecuencias puso fin efectivamente a los intentos de la elite brasileña de conservar el fútbol para ellos y aseguró que sería en adelante el deporte de las masas.

Llegan las estrellas negras

Los jugadores excepcionales del equipo brasileño ese día fueron Domingos da Guía, un defensor elegante que desarrolló el arte de distribuir el balón desde el fondo y Leonidas da Silva, el elástico delantero que anotó ambos goles.

Edson Arantes do Nascimento "Pelé"
Pelé fue uno de los benefiados por la profesionalización del fútbol brasileño.

Ambos eran jóvenes y ambos eran negros. Da Guía jugaba su segundo encuentro con la selección y Da Silva hacía su debut.

Los jugadores negros habían hecho progresos en el fútbol -en gran parte inspirados en el ejemplo del uruguayo Isabelino Gradin que jugó en Brasil en la Copa América de 1919- pero tenían todo tipo de barreras en su camino.

En 1921 el presidente de Brasil Epitacio Pessoa intervino para asegurar que en esos años los jugadores negros no fueran seleccionados para la Copa América.

Después de que Domingos da Guía y Leonidas da Silva ayudaron a derrotar a los campeones mundiales en su propia casa, era muy difícil excluir a los jugadores negros y luego, cuando el profesionalismo fue introducido, fue imposible.

Pago a los mejores

Una vez que hay dinero de por medio, la puerta se abre para los mejores jugadores cualquiera sea su origen.

Y no en poca médida como consecuencia de ese partido de diciembre, el fútbol profesional fue introducido en Brasil a pesar de la fuerte oposición de una elite favorable al deporte amateur.

Los jugadores podían vivir de su habilidad en la cancha

Los clubes uruguayos recientemente se habían vuelto profesionales y las dos jóvenes estrellas brasileñas que mostraron sus virtudes en la cancha del estadio Centenario, fueron llamadas con apetitosas ofertas por los dos gigantes de Montevideo; Peñarol firmó a Da Silva y Nacional a Da Guía.

Ello forzó a Brasil a inclinarse ante lo inevitable. Si los clubes no querían perder a sus mejores jugadores, ellos tambien debían volverse profesionales.

El cambio fue hecho. Los jugadores podían vivir de su habilidad en la cancha.

Si no hubiera ocurrido, no habría habido Pelé. Y no se trata sólo de jugadores negros.

Ello significa que Zico, hijo de un inmigrante portugués pobre, pudo crecer en la sociedad como resultado del fútbol.

O que un jóven de clase media alta como Kaká hubiera escogido el fútbol como profesión en cambio de seguir los pasos de su padre y convertirse en ingeniero.

El desfile de jugadores brasileños no termina. Y su origen se remonta a ese 4 de diciembre de 1932, cuando la selección auriverde derrotó a Uruguay 2-1.

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