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Lunes, 29 de enero de 2007 - 16:42 GMT
El teléfono de Ronaldo
Diego Torres
BBC Deportes, Madrid

Ronaldo
No era buena la relación de Ronaldo con el vestuario.
El vestuario del Real Madrid huele a perfume francés. Los jugadores han terminado el entrenamiento y se están duchando. Beckham se despeina frente al espejo. Suena el teléfono. Es el móvil de Ronaldo. Atiende. "Hola presi", dice. Es el presidente, Florentino Pérez, que llama a su jugador favorito para que le diga qué tal le va, cómo ha entrenado, qué le parece si quedan a comer.

La escena se remonta al otoño de 2003. Florentino Pérez se ha propuesto controlar personalmente el vestuario del Madrid. Ronaldo deja las instalaciones en un Audi A-8 oscuro, conducido por su chofer, César. El resto de sus compañeros le ven alejarse con desconfianza. Pérez es percibido como una amenaza por la mayoría de la plantilla. Desde que expulsó del club a Vicente del Bosque, el técnico, y Fernando Hierro, el capitán, en mayo de 2003, su poder se ha extendido hasta las duchas, hasta las taquillas. Lo impregna todo. Las paredes tienen oídos. Que alguien del grupo extreme la complicidad con un presidente tan fiscalizador resulta muy inquietante para la gente como Raúl, el nuevo capitán, muy debilitado.

Los insultos del entrenador y los mensajes difamatorios del club tuvieron un solo sentido. Ronaldo no respondió. Se limitó a entrenarse fuerte por si tenía que jugar en el Milan
Hace cuatro años, cuando la directiva del Madrid lanzó una ofensiva para acabar con el poder que tradicionalmente correspondió a los jugadores, Ronaldo recibió el tratamiento de un ejecutivo de primera. Su esfera de poder trascendió el círculo de los futbolistas. Contrató a su propio jefe de prensa y empezó a consultar otros médicos y otros servicios, al margen del club. Lo hizo sin prepotencia. Con la cautela bien aprendida de diez años de convivencia en vestuarios revueltos. Siempre sonriente. Como diría Del Bosque, "desdramatizándolo todo".

Ronaldo empezó a viajar. Viajaba en su avión privado. A París después de los entrenamientos, o a Moscú, y regresaba por la noche, después de cenar. No fue extraño que llegara tarde a los partidos. A veces sin dormir. Un día, el entonces director general del Madrid, Jorge Valdano, le preguntó: "Ronaldo, ¿de qué huyes?". El jugador siempre replicaba con una sonrisa llena de dientes: "¡Es que tuve una infancia muy difícil!".

El declive del imperio

La decadencia del Madrid guarda paralelismos con el declive imperial del siglo XVII. La España de Felipe IV tuvo a Velásquez y a Góngora pero vivió amenazada por el fracaso inevitable. Igual que a Felipe IV, obsesionado con la "pérdida de reputación", a Florentino Pérez le preocupaba "la imagen". Aunque contó con Figo, Zidane y Ronaldo, no fue capaz de afrontar un destino calamitoso. Como en palacio, donde los funcionarios se encomendaban al pregón de rezos públicos y a las campañas de limpieza espiritual, en el Bernabéu, Forentino Pérez apeló al "espíritu de lucha". Demasiado tarde. El vestuario había sido convertido por él mismo en un desierto emocional. Desconcertado, en febrero de 2006 Pérez presentó la dimisión. En el acto se autoinculpó por haber "maleducado" a los futbolistas.

Fabio Capello (izq.) y Ronaldo
De espaldas: Capello (izq.) decidió ignorar al artillero brasileño.
Expuesto por su viejo aliado, desamparado por sus compañeros, Ronaldo se quedó solo. Su vida social se limitó a las barbacoas en la mansión de La Moraleja. Su nexo más sólido con el vestuario fue Robinho. El pequeño paulista fue testigo directo de los últimos días del astro, del noviazgo con una dentista, y de sus altercados con Fabio Capello. "¡Eres un gordo de mierda! ¡No te vas de nadie!", le llegó a gritar el técnico, ante otros compañeros. Nadie lo defendió. El capitán, Raúl, siempre fue más partidario de Capello.

Los insultos del entrenador y los mensajes difamatorios del club tuvieron un solo sentido. Ronaldo no respondió. Se limitó a entrenarse fuerte por si tenía que jugar en el Milan. De paso, reprimió ciertos placeres. Los compañeros de vestuario advirtieron con asombro que, en los días de aperitivo, o cuando se celebraba algún cumpleaños después de los entrenamientos, el brasileño no probaba sus bocadillos preferidos. Pasaba junto al jamón ibérico sin tocarlo. Omitía la tortilla con pimientos. Adelgazaba. Ignorado por Capello, desde hace meses tenía su mente puesta en Milán.

Ramón Calderón ha dejado todas las decisiones en manos de sus técnicos... Y Capello, sin control, hace y deshace como un monarca despótico
Florentino Pérez se negó a vender a Ronaldo al Milan en 2005. "Es el mejor delantero del mundo", repetía. "¿A quién compro si no lo tengo?". Ahora el criterio ha cambiado. Van Nistelrooy es el único jugador del Madrid que ha metido más de tres goles. Es el Madrid menos eficaz de los últimos 20 años. Sin embargo, nadie quiere contar con Ronaldo.

El actual presidente, Ramón Calderón, ha dejado todas las decisiones en manos de sus técnicos. No establece complicidades con los jugadores. Y Capello, sin control, hace y deshace como un monarca despótico. El vestuario desautorizado, disgregado, sin líderes, es un testigo mudo. Beckham sigue despeinándose frente al espejo. El teléfono de Ronaldo ya no suena.

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