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Miércoles, 11 de julio de 2007 - 04:18 GMT
Brasil evitó el "Maracaibazo"
Vladimir Hernández
Vladimir Hernandez
Enviado especial de BBC Deportes a Venezuela

Doni celebra un gol de su equipo.
Doni fue estrella del partido.

Uruguay jugó mejor, presionó a Brasil y le quitó la pelota, pero la canarinha tuvo más frialdad en la tanda de penales para convertirse así en el primer finalista de la Copa América.

El partido había quedado 2-2 al final del tiempo reglamentario y la tanda de penales tuvo altos y bajos para ambas selecciones.

No obstante, Brasil se impuso 5-4, cuando el tiro del capitán celeste Diego Lugano lo contuvo el portero Doni para hacer estallar la algarabía de las decenas de miles de seguidores de la verdeamarelha en el Estadio Pachencho Romero de Maracaibo.

Será una derrota difícil de digerir para los uruguayos, sobre todo porque durante la tanda de penales tuvieron la victoria al alcance, pero Pablo García la estrelló en el palo y se perdió definitivamente la oportunidad de eliminar al actual titular de la Copa.

Fue Doni quien durante el tiempo regular evitó varias veces la caída de su conjunto y de su valla, y nuevamente en la última instancia detuvo dos penales, para erigirse en la figura del partido.

Brasil estuvo al borde de la eliminación en los penales, pero el lenguaje corporal de sus jugadores era despreocupado, con un aura de que había calidad para sacar el juego arriba. Y así fue.

Intercambio de golpes

El partido empezó lentamente, con ambos como púgiles midiendo las fuerzas del otro.

Diego Forlán (izquierda) celebra la anotación de un gol.
Forlán anotó contra Brasil pero sus esfuerzos no fueron suficientes.

No fue sino cuando pasaron 10 minutos de la primera parte que llegó la primera oportunidad de gol y fue para Brasil.

Julio Baptista abrió la cancha por la derecha a pase en profundidad y centró bajo al área. El balón quedó para Mineiro, quien venía entrando, pero su disparo fue tapado parcialmente por el portero celeste Fabián Carini; no así el rechace que lo puso Maicon al fondo de la red.

Inmediatamente el partido fue interrumpido por una falla en una torre de iluminación.

La paralización del encuentro pareció favorecer más a la canarinha, quien se asentó sobre el juego, esperando a la celeste, agazapado, para después atacar.

La formula de Dunga de utilizar a Mineiro, Josué y Gilberto Silva en el centro del terreno le hacía muy difícil a los uruguayos romper el cerco defensivo.

Sin embargo, cerrando la primera mitad la celeste se adueñó de la pelota y empezó a generar opciones de peligro: primero Forlan y después de Recoba dispararon desde fuera del área bien tapados por el portero Doni.

Justo en este pasaje del encuentro, Uruguay logró un tiro de esquina, el rechace defensivo lo tomó Forlan al borde del área y mandó un tiro bajo que se coló a la derecha de Doni para el 1-1. El tercero de Forlan en dos partidos.

Brasil jugaba prácticamente como local, con decenas de miles de hinchas venezolanos vestidos de canarinha y aupando a la selección brasileña que veía ahora el partido empatado.

Y cuando mejor jugaban los uruguayos, Brasil se volvió a ir arriba. Una falta de Jorge Fucile sobre Robinho pegado a la banda derecha, provocó un tiro libre que Julio Baptista empujó con el cuerpo en lo que pareció un fallo defensivo celeste: había por lo menos tres brasileños esperando la pelota del gol.

Sabor amargo

En el segundo tiempo, Uruguay monopolizó la pelota, luego de sacrificar a un defensa (Darío Rodríguez) por un medio de ataque (Ignacio González) e introducir a Sebastián Abreu por Álvaro Recoba.

Brasil volvió a contentarse con esperar atrás a la celeste, en su propia mitad. Era una apuesta arriesgada y Uruguay no la perdonó.

Gilberto Silva y Christian Rodriguez
El partido se resolvió por penas máximas.

Una escapada por izquierda de Christian Rodríguez terminó en un centro al área que peinó Forlan y quedó solo para ponerla adentro al ingresado Abreu. 2-2.

Con el empate, Dunga ripostó colocando a un 10 como Diego en sustitución de Baptista y además renovó las tareas defensivas en el medio campo, sacando a Josué y poniendo a Fernando. Luego ingresó Afonso por Vagner Love.

Pero la pelota le perteneció a Uruguay hasta el final, hasta que llegó la justicia dictada según la suerte de la tanda de penales.

En esta ocasión fue Brasil quien prevaleció, pero lo que quedó claro es que no puso el mejor fútbol.

A Uruguay le quedó, además del sabor amargo de ser quizás un injusto perdedor, un partido de consuelo por el tercer lugar.

Este miércoles se define la final, entre el ganador de México y Argentina, a disputarse en Puerto Ordaz.

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