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Jueves, 9 de noviembre de 2006 - 19:57 GMT
El Blog de Lalo
Raúl Fain Binda
Raúl Fain Binda
BBC Deportes

Entrenador de fútbol

El entrenador, "bestezuela que manipula y calumnia". Respuestas a "El fútbol del futuro no será de futbolistas"

La reacción de los lectores ha sido estimulante. El fragmento de la Enciclopedia Universal del Deporte, edición 2026, que incluimos en nuestra entrada original al El Blog de Lalo, muy bien podría provocar reacciones pesimistas o cínicas, pero en casi todos los casos los aportes son positivos.

Un llamado de atención muy oportuno es el de Sergio Mendieta, quien invoca desde México a "las voces coherentes, que invitan a la reflexión, como Valdano, Menotti o Galeano, que privilegian el valor del verdadero actor presente y futuro, el futbolista".

Estos tres personajes, dos hombres del fútbol y un escritor que ama al fútbol, representan particularmente bien una corriente de opinión que sigue viendo la belleza en el deporte, aunque a veces deba imaginarla a través de una gruesa costra de vulgaridad y violencia.

El espíritu que invoca el lector mexicano es el de los niños que recuerda el uruguayo Eduardo Galeano, esos que cantaban Ganamos, perdimos, igual nos divertimos.

¿Se imaginan ustedes a Mourinho cantando esto?

Claro que no, pero otra gente del fútbol sí puede hacerlo, y el lector nos recuerda esta sencilla fórmula para no extraviarnos en el bosque.

Otro mensaje en la misma vena es del venezolano Ricardo, quien ofrece "la reflexión del entrenador de la selección de béisbol de Cuba, el juego lo ganan los hombres, no los nombres".

Otro cubano, Carlos Quintanilla, cree que el protagonismo enfermizo de ciertos entrenadores se debe a "los grandes medios de difusión, que quieren sacarle el máximo al supernegocio".

Creemos, don Carlos, que no son únicamente los grandes medios los que alientan este desmadre. Es cierto, como dice José González, desde Maracay, que "la televisión necesita el espectáculo y cuando los jugadores no lo ponen alguien tiene que hacerlo", pero es fácilmente comprobable que medios medianos y pequeños de todas las latitudes comparten la mala costumbre.

Esto surge del ejemplo que proporciona el peruano Alonso Barriga (probablemente un pseudónimo, inspirado en el verdadero nombre de don Quijote, Alonso Quijada, y agregando Barriga en lugar de Panza): un entrenador que "el lunes fue tapa en todos los periódicos" porque "tiró un pelotazo a un recogebolas", y nadie habló "del delantero y el armador que fueron los mejores del partido".

El ecuatoriano José María León pone buenos ejemplos de "entrenadores que no hacen ruido ni polemizan", con nombres y apellidos: "Luis Fernando Suárez, colombiano que dirige la selección de Ecuador" y "el bigotón del Bosque, al que lo botaron del Madrid no por malo sino porque un galáctico no podía tener ese bigote".

El venezolano Tomás Hernández agrega al debate un ángulo diferente: nos dice que la atribución de un protagonismo excesivo a los entrenadores también significa "disminuir proporcionalmente la responsabilidad de los futbolistas, que en muchos casos sufren de divismo, son poco sacrificados y no responden a las expectativas".

Claro que sí, y muchas veces es precisamente ese el objetivo de los entrenadores divos. Otro lector, el francés Jean Paul Arnaud, demuestra conocer bien el fútbol inglés al recordar "el gran manipulador, Brian Clough, y ahora Ferguson es igual".

Clough fue el gran entrenador que llevó al Nottingham Forest al primer plano y lo hizo dos veces campeón de Europa, en 1979 y 1980. Cuando él perdió su vitalidad, el Forest recuperó su dimensión natural (ahora está en tercera división).

Pues bien, Clough era más Mourinho que Mourinho. El hombre se cargaba el equipo al hombro y arrollaba todo lo tenía por delante, comenzando por el periodismo y siguiendo por los adversarios.

Es una técnica bastante conocida, para que los futbolistas se dediquen exclusivamente a jugar, sin distracciones ni presiones externas. El entrenador como protagonista y pararrayos al mismo tiempo.

O como "mascarón de proa", esa "bestezuela que manipula árbitros y calumnia a los rivales", según nos dice Pedro Comparada, desde Madrid.

Y también, cómo no, está el punto de vista femenino, filoso y punzante como siempre: "Es el protagonismo que enseña el machismo", dice Amalia Contreras, una salvadoreña, ese machismo que "se alimenta de la exhibición y la prepotencia".



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