Michael Schumacher quedará temporalmente en las estadístiscas de la Fórmula Uno, como el piloto más exitoso y mejor pagado.
Con el retiro del alemán de las pistas de F1 este domingo en el GP de Brasil, se cierra una era fantástica para Ferrari. Y en los años venideros, seguirá igualmente flotando la eterna pregunta de si fue el más grande piloto de la historia.
Algunos detalles controvertidos de su carrera hacen creer que probablemente no.
F1: ascenso fulgurante
Schumacher impresionó a Eddie Jordan en las primeras pruebas en Silverstone, la semana previa al GP y para terminar de convencerlo, le aseguró que tenía un gran conocimiento del circuito de Spa-Francocrchamps, uno de los más difíciles y exigentes de la F1.
Fue una "mentira" del alemán, quien apenas había recorrido la pista en una bicicleta alquilada.
El 24 de agosto en clasificaciones, sorprendió colocando el Jordan en un notable séptimo puesto en la grilla, superando al piloto principal Andrea de Cesaris. Pero en carrera, Schumi tuvo que abandonar por un problema del embrague en la primera vuelta.
Otro alemán en Ferrari
En un cambio de equipo muy arriesgado, Schumacher aceptó en 1996 el desafío en el que otros dos campeones, Alain Prost y Nigel Mansell, habían fracasado antes: devolverle a Ferrari los títulos mundiales que la escudería más famosa de la F1 perseguía desde 1979.
Circunstancias fortuitas como la muerte en pista de Gilles Villeneuve y el accidente de Didier Pironi (ambos ocurridos en 1982), y luego la inferioridad técnica de los autos de Maranello frente a los dominantes McLaren y Williams, habían relegado a la casa italiana a un papel secundario, exceptuando 1990 cuando Alain Prost fue derrotado por Senna en un controvertido incidente en Suzuka.
Era dorada y retiro
El abrumador dominio de Schumi se puede medir en cinco títulos mundiales consecutivos (2000 a 2004) y en todos los records que impuso en un período durante el cual sólo tuvo cierta oposición de los finlandeses Mika Hakkinnen (2001) y Kimi Raikkonen (2003) y del colombiano Juan Pablo Montoya, quien desde su debut en 2001 le mostró las garras al alemán.
La omniprescencia de Schumacher durante este período no sólo se debió a su innegable habilidad y a sus condiciones.