El sufrimiento de Juan Román Riquelme.
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Arsenal se convirtió en el primer club de Londres en alcanzar la final de la Liga de Campeones al rescatar un empate sin goles frente al Villarreal.
El conjunto cañonero salió a defender la leve ventaja de un gol conseguida en el encuentro de ida y resistió durante noventa minutos el asedio del llamado "Submarino Amarillo".
El argentino Juan Román Riquelme erró un cuestionado lanzamiento penal a dos minutos del final hundiendo las aspiraciones del Villarreal de extender el partido a una hipotética prórroga.
El rival del Arsenal en la final del próximo 17 de mayo en París saldrá de la eliminatoria entre el FC Barcelona y el AC Milan, que se encuentra con ventaja para el conjunto catalán gracias a su victoria en el estadio San Siro 1-0.
Sin gol
El encuentro fue un monólogo desde el pitazo inicial, similar a lo ocurrido en el partido de ida.
Jens Lehman, héroe de la clasificación del Arsenal.
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En el estadio de Highbury fue Arsenal el que llevó la batuta, pero en El Madrigal fue el Villarreal el que buscó la portería contraria.
El conjunto castellonense tuvo dos ocasiones en el primer tiempo por intermedio de Juan Pablo Sorín y Guillermo Franco, pero en ambas oportunidades se interpuso la figura del portero Jens Lehmann.
Arsenal mostró el mérito de mantener el orden y aguantar las embestidas del Villarreal.
Consciente del valor del empate -la clasificación a la final- el técnico Arsene Wegner planteó un sistema sobre el terreno de juego opuesto al tradicional estilo del Arsenal.
Si en el pasado el característico juego ofensivo de su equipo resultó en continuas decepciones, salir a defender la ventaja terminó siendo una propuesta beneficiosa.
Antes tuvo que luchar ante las ocasiones falladas del mexicano, de origen argentino, Guillermo Franco.
Y en especial en el lanzamiento penal que desperdició Riquelme, el mismo que ha sido fundamental en la campaña que llevó al Villarreal hasta las semifinales de la máxima competición en Europa.
El sufrimiento se extendió hasta el último minuto. Los tres pitazos que decretaron el final del partido sellaron la clasificación a la final de un club inglés por segundo año consecutivo.
Doce meses después de la celebración del Liverpool.