Hace dos meses los integrantes de la selección ecuatoriana de fútbol demostraron ser más que simples especialistas en jugar en la altitud de Quito, al lograrse clasificar a los octavos de final del Mundial.
Procedente del Villarreal, Valencia fue firmado por un año en calidad de préstamo.
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Ahora la intención es no abandonar el contexto internacional y parte de ese proceso de consolidación podría estar llevándose a cabo en el inesperado ambiente del Wigan Athletic.
Impresionado por lo que vio en Alemania 2006, el entrenador del equipo de la Liga Premier, Paul Jowell, decidió contratar al mediocampista ecuatoriano Luis Antonio Valencia.
Alto, fuerte y talentoso Valencia, quien acaba de cumplir 21 años, es un jugador de enorme potencial que ya tiene 21 presentaciones y tres goles con su selección.
Sin embargo, un cambio de este tipo siempre es una apuesta en la que se arriesgan el club, el jugador y su país.
En el ascenso del fútbol ecuatoriano el próximo paso es lograr que sus mejores jugadores consigan afincarse en Europa.
Desde un punto de vista sudamericano es siempre triste ver la partida de las estrellas. No obstante, hay innumerables ejemplos del beneficio que representa este proceso.
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No ha pasado suficiente tiempo para ver el impacto del fútbol ecuatoriano. Aún así es llamativo que, consistentemente, quienes han venido a Europa no han podido adaptarse
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Cuando llegan a Europa los jugadores se ven obligados a ser más profesionales, se superan al enfrentar a los mejores del mundo cada semana y sus logros sirven para inspirar y dar ejemplo a los nuevos talentos de sus respectivos países.
Ecuador aún sigue esperando por su primera historia de éxito en Europa. Su exportación más duradera hacia el otro lado del Atlántico ha sido el lateral derecho Ulises de La Cruz, quien ha tenido una carrera de múltiples altibajos con el Aston Villa.
Para ser justos, todavía es temprano para evaluar al fútbol ecuatoriano a nivel mundial. El primer jugador del país que se fue a Europa fue Ermin Benítez, padre de un miembro de la actual selección, apenas en 1986.
De manera tal que no ha pasado suficiente tiempo para ver el impacto del fútbol ecuatoriano. Aún así es llamativo que, consistentemente, quienes han venido a Europa no han podido adaptarse.
Es un tema que frecuentemente se debate en Ecuador. Normalmente se llega a la conclusión de que a los jugadores les falta autoestima y que les cuesta dar los mejor de sí mismos cuando están lejos de las estructura de apoyo que le dan sus familias extendidas.
Esperemos que esto no se aplique a Luis Antonio Valencia. Sin embargo, la experiencia de la temporada pasada podría ser una señal preocupante.
El defensa ecuatoriano del Aston Villa, Ulises de la Cruz, ha sido el más exitosos de los jugadores ecuatorianos en Europa.
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El joven ecuatoriano no consiguió abrirse paso en el Villarreal español, que terminó cediéndolo al Recreativo Huelva de la segunda división.
En Villarreal, Valencia estaba en el más sudamericano de los equipos españoles. El técnico Manuel Pellegrini es chileno y trabajó en Ecuador. La plantilla incluía jugadores de Argentina, Brasil, Bolivia y Uruguay.
Sin embargo, a pesar del contexto favorable Valencia no pudo hacer el grado.
Wigan, en el norte de Inglaterra, no ofrece esas ventajas. Hay un nuevo idioma que aprender y un distinto estilo de fútbol al que hay que acostumbrarse; todo muy lejos de la comunidad ecuatoriana de Londres.
Por lo tanto, Valencia tendrá que triunfar por el camino duro. Sin embargo, no hay razón para que sufra de falta de autoestima. En frente de una audiencia global ya demostró a sí mismo que es uno de los mediocampistas jóvenes más talentosos del momento.
Si lo puede hacer en un Mundial, no hay nada que le impida lograrlo semana tras semana con el Wigan Athletic.