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Sábado, 16 de septiembre de 2006 - 18:29 GMT
Que no traicionen al equipo
Raúl Fain Binda.
Raúl Fain Binda
Columnista, BBC Mundo

Arsène Wenger, entrenador francés del Arsenal.
El entrenador francés del Arsenal, Arsène Wenger, opinó en la polémica.

¿De qué nacionalidad es el equipo de nuestros amores? ¿Es importante o irrelevante que el propietario hable el mismo idioma que los hinchas?

Estas preguntas no son retóricas en el fútbol actual.

Ayer mismo, corrieron rumores de que un multimillonario ruso (¿cuántos habrá, caramba?) había ofrecido 650 millones de dólares por el Arsenal Football Club.

El fútbol inglés es particularmente vulnerable, por ser tan rico y por la relativa facilidad con que se pueden comprar y vender los clubes.

Los rusos ya tienen al Chelsea y al Portsmouth (su nuevo propietario, Alexandre Gaydamax, es un empresario franco-ruso), y un misterioso personaje de origen iraní, con pasaportes británico y canadiense, está gestionando la compra del West Ham por cuenta de inversionistas de origen tan recóndito que según unas versiones serían árabes y según otras israelíes.

Otros casos

El Manchester United es ahora propiedad de una familia estadounidense, los Glazer, mientras que el Aston Villa acaba de ser adquirido por otro millonario de ese origen, Randy Lerner.

El Liverpool estuvo a punto de ser vendido hace un par de años a Taksin Shinawatra, el primer ministro de Tailandia.

La operación se frustró, en medio de denuncias sobre la posible injerencia de intereses vinculados con las apuestas deportivas, que en Tailandia son muy poderosos.

La UEFA

Y en los últimos días, Lennart Johansson, el presidente de la UEFA, expresó su inquietud ante la llegada de Carlos Tévez y Javier Mascherano al West Ham, así como la posible adquisición del club por un consorcio internacional, en un acuerdo tan transparente como una losa de cemento.

El fútbol inglés es particularmente vulnerable, por ser tan rico y por la relativa facilidad con que se pueden comprar y vender los clubes.

"Las apuestas ilegales son un problema", dijo en una reunión de la FIFA. "Imaginen ustedes que dos clubes en la misma competición son de propiedad de la misma persona, a través de compañías diferentes."

Y Johansson agregó: "El hecho de que el dueño de un jugador sea un individuo, en vez de un club, aumenta el riesgo de las apuestas ilegales".

Arsène Wenger, el entrenador francés del Arsenal, que suele presentar equipos sin ningún jugador inglés, dio a entender ayer que su permanencia dependía de que el club siguiera en poder de intereses ingleses.

Valores ingleses

"Es importante que los clubes ingleses tengan valores ingleses. Llegará un día en que yo no esté, y tampoco los jugadores, pero los propietarios serán los mismos. Ellos son los que transmiten los valores", dijo.

Wenger sólo tiene razón a medias. Los verdaderos custodios de los valores tradicionales de un club de fútbol no son los dirigentes, sino los hinchas, los aficionados que calientan los asientos tanto en las buenas como en las malas.

En las tribunas del Estadio Emiratos, el nuevo templo del Arsenal, los espectadores son ingleses, o extranjeros que han asimilado los valores locales. El alma de esa gente no es diferente del alma de los espectadores en la época de Herbert Chapman, en los años '30.

El problema es que esos aficionados pueden ser traicionados.

Y el riesgo de traición aumenta a medida que el club se hace más poderoso y multiplica su capacidad de generar dinero.

Traición a la Juve

El Juventus fue traicionados por los dirigentes, y por eso está ahora en segunda división del calcio.

Carlos Tévez (izquierda) y Javier Mascherano.
La llegada de Tévez y Mascherano preocupa a algunos ingleses.

Nadie duda de que vuelva a Primera A, claro, un poco porque la riquísima familia Agnelli lo sostiene, y otro poco porque los hinchas seguirán siendo juventinos aunque el club siga cayendo.

Wenger valorará en esto el hecho de que los Agnelli sean italianos, pero el factor real es la nacionalidad de la tribuna.

El problema de esa tribuna es cómo evitar que en las oficinas traicionen sus intereses.

¿Batalla perdida?

En muchos países parece una batalla perdida. No todos tienen la suerte de los españoles, cuyos dos clubes más importantes pueden purgarse democráticamente de conducciones que perjudiquen el interés institucional.

Queda la ilusión de que las aficiones terminen absorbiendo culturalmente a los nuevos propietarios, como los chinos hicieron con esas dinastías de emperadores foráneos, que terminaron siendo tan chinos como los chinos.


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