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Sábado, 8 de julio de 2006 - 16:44 GMT
La final del fútbol inexistente
Raúl Fain Binda.
Raúl Fain Binda
Columnista, BBC Mundo

El escritor Italo Calvino (1923-85) prefiguró hace casi medio siglo esta final en Berlín entre Italia y Francia.

Estadio de Berlín.
El vencedor de la final de este mundial en el estadio de Berlín es un dato trivial...
La vio, en un sueño, como un choque entre dos fuerzas supuestamente agotadas, sostenidas únicamente por un milagro de la voluntad.

Calvino se imaginó en el palco de honor de un estadio, recibiendo a los capitanes de los equipos finalistas del torneo de calcio en una ciudad misteriosa y acaso hostil.

Ambos están enmascarados, ambos visten de azul. Calvino hace un ademán al primero:

-Soy Agilulfo de Italia y Especialmente sus Ciudades del Norte, con una Pizca del Sur para Equilibrar y Disimular. Todos me dan por muerto, pero he batido al equipo alemán y ahora batiré al franco.

El soñador mira al otro capitán. "¿Y tú?"

-Yo soy Agilulfo de Francia y sus Territorios y Colonias, Símbolo Hipócrita de la Unidad Nacional. Me han dado por muerto mil veces pero aquí estoy. Soy viejo pero sabio, y ganaré.

Con máscaras

En realidad, muchos podrían decir (y lo han dicho) que el fútbol italiano no existe como institución, como competición o justa deportiva. Que lo único que existe es el elemento humano, los jugadores
Calvino se da cuenta de que los capitanes no se han quitado las máscaras. "¿Por qué?"

Y ambos capitanes responden al unísono:

-Porque yo no existo, señor.

-¿Y cómo pueden jugar al fútbol, si ya no existen?

-Con la fuerza de voluntad, y con la fe en nuestra causa.

Luego, ya desvelado, Calvino simplificó y añadió detalles literarios a su sueño. Se vio a sí mismo como el Emperador Carlomagno e imaginó al torneo de fútbol como el transcurrir de la vida.

A los capitanes inexistentes, cuya dualidad debilitaba la imagen, los fundió en un personaje único, un caballero también inexistente pero impecable en su armadura blanca.(*)

Los equipos de Italia y Francia de 2006 se ajustan precisamente a la visión de Calvino en su sueño de 1959.

Tanto el fútbol italiano como el francés estaban virtualmente liquidados cuando se inició el torneo en Alemania.

El caso italiano

El entrenador Raymond Domenech y el jugador Zinedine Zidane.
Domenech trajo de vuelta a los "viejos", encabezados por Zidane.
El caso más evidente es el italiano, porque su inexistencia está virtualmente institucionalizada.

En realidad, muchos podrían decir (y lo han dicho) que el fútbol italiano no existe como institución, como competición o justa deportiva. Que lo único que existe es el elemento humano, los jugadores.

Ese elemento humano es el que ha puesto la energía en ese organismo muerto que es (o era) el fútbol italiano.

Como diría el Agilulfo de Calvino: "Con la forza di volontà, e la fede nella nostra santa causa!"

El caso francés

El Agilulfo francés también estaba muerto, o moribundo. Henry, genial pero abúlico, no lograba insuflarle vida. Fue necesario recurrir al hálito vital de sus fantasmas retirados, Zidane, Makelele, Thuram, Vieira.

Nos informamos leyendo a Cayetano Ros, de El País (8/7/06).

Nos dice que después del 98, las canteras francesas parieron jóvenes apenas satisfactorios, sin la chispa que animaba a Zidane, Platini, Tigana, Giresse.

El fútbol francés comenzó a exportar a sus jugadores cada vez más jóvenes, y su maduración se frustraba en ámbitos extraños. Así fueron los casos de Alliadière, sofocado en el Arsenal, Pericard (Juventus), Dorothé (Valencia).

Ros agrega que la nueva generación, la de Cissé, Mexès, Breché, Merien, Kapó, Diarra, Malouda, fue sacrificada por Domenech, el entrenador, cuando llamó de vuelta a los "viejos", a los Agilulfos, encabezados por Zinedine Zidane.

Recambio o corrupción

El fútbol francés comenzó a exportar a sus jugadores cada vez más jóvenes, y su maduración se frustraba en ámbitos extraños
El columnista de El País nos dice que, sea cual fuere el resultado el 9 de julio, el fútbol francés no tiene recambio.

Nosotros nos preguntamos si se puede decir lo mismo del fútbol italiano.

No, porque el problema no es de gestación de jugadores, sino de corrupción de dirigentes.

Los Agilulfos italianos se animan periódicamente: cada doce años llegan a la final del Mundial.

Lo hicieron en 1970 (cayeron ante Brasil), en 1982 (ganaron ante Alemania), en 1994 (perdieron ante Brasil) y ahora en 2006.

¿Importa tanto saber quién ganará?

Persiste la incógnita.

Equipo italiano entrenando.
Al igual que Francia, el equipo italiano estaba virtualmente liquidado al incio del torneo.
La Vida es Juego ha consultado numerosas bibliotecas y toda la correspondencia de Calvino, sin poder descubrir el detalle histórico acaso más importante: la identidad del ganador en el sueño del escritor.

El vencedor en Berlín el 9 de julio de 2006 no es un misterio, o por lo menos dejará de serlo en pocas horas (escribimos esto al mediodía del sábado 8). Si ustedes nos permiten el atrevimiento, diremos que este dato es trivial.

Mucho más importante es identificar al Agilulfo victorioso en un sueño de 1959. ¿El francés o el italiano?

Esta incertidumbre no nos deja dormir.

Porque, como dijo Carlomagno, "Be', per essere uno que non existe, siete in gamba!"

(*) El resultado fue "Il cavaliere inesistente", publicado por Giulio Einaudi Editore en 1959.


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