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Sábado, 29 de abril de 2006 - 17:55 GMT
El dilema de Penélope Scolari
Raúl Fain Binda
Raúl Fain Binda
Columnista, BBC Mundo

El nombre secreto de Luis Felipe Scolari es Penélope.

Montaje de Penélope y Scolari
Antigua moneda griega, hoy en el Museo Virtual de BBC Mundo.
Las aventuras de Scolari, sus negociaciones con la Asociación Inglesa de Fútbol y su decisión de no aceptar el cargo de seleccionador nacional de Inglaterra tienen muchos puntos ambiguos.

Casi tantos como la historia de Penélope, sus pretendientes, el tejido que destejía por la noche y el eventual retorno de Ulises a Itaca.

La versión oficial de la historia de Penélope es la que convenía a Ulises: la de una mujer fiel, resignada, acorralada, que trató de ganar tiempo hasta el regreso de su virtuoso marido.

De las muchas interpretaciones alternativas se destaca la feminista, que ve en Penélope a la víctima de un marido descarriado y una sociedad machista.

Ideales diferentes

Entre estas interpretaciones diametralmente opuestas, caben muchas otras, por la sencilla razón de que Ulises representa el ideal masculino, itinerante, aventurero, inconstante, mientras que Penélope representa el tradicional ideal femenino, sedentario, constante e inmutable.

Pobre infeliz,
se paró tu reloj infantil
una tarde plomiza de abril
cuando se fue tu amante.
Se marchitó
en tu huerto hasta la ultima flor
no hay ni un sauce en la calle mayor
para Penélope

Juan Manuel Serrat
Scolari parece la versión calculadora de Penélope: detesta a Ulises y desprecia a sus pretendientes, pero quiere lo mejor para ella y su hijo Telémaco: por eso a todos dice que sí y después hace lo que le conviene.

En esto, tanto Scolari como John Bull, su pretendiente británico, cometieron groseros errores de interpretación.

Errores paralelos

Scolari creyó que podía llegar a un acuerdo en secreto con los ingleses, para no comprometer su posición con los portugueses.

Esto era particularmente importante, porque Portugal e Inglaterra pueden encontrarse en el Mundial, y el técnico de uno no puede, impunemente, ser el próximo técnico del otro.

Los ingleses creyeron, en su arrogancia, que Scolari desafiaría la ira portuguesa.

O tal vez no pensaron en esto, aunque se le hubiera ocurrido a un negociador principiante.

Prestigio y bienestar

Penélope, Museo Vaticano.
"To be...ou não ser", de la serie "Meditaciones de Penélope a Hamlet", Museo Vaticano.
Pero esta particular Penélope también debía velar por su prestigio profesional y el bienestar de sus Telémacos, el entrenador y el preparador físico que lo siguen a todas partes.

La contradicción entre el secreto que Scolari quería guardar y la "transparencia" prometida por los dirigentes ingleses debía resolverse tarde o temprano: cuando lo hizo, algo debió romperse.

Al reconocer que la afición portuguesa no le perdonaría la "traición" de jugar con dos camisetas al mismo tiempo, y que los ingleses no estaban dispuestos a mantener en secreto el acuerdo, Scolari se encontró, como Penélope, tejiendo y destejiendo al mismo tiempo.

Otro tejido

Destejió el acuerdo con los ingleses y al mismo tiempo tejió una renovación de su contrato con los portugueses, que vencía el 31 de julio: al parecer, el presidente de la federación lusitana le habría propuesto una extensión por dos años más.

Los ingleses, despechados, recordaron hoy que hace dos años Scolari aceptó ser el técnico del Benfica pero que durante la Eurocopa 2004 firmó la renovación de su contrato con la federación portuguesa hasta el Mundial.

El técnico atribuyó su cambio de opinión a la "intromisión" del periodismo inglés. "Es algo que no está en mi cultura". Lo dijo un brasileño, y sin ponerse colorado.

La presión periodística sobre el seleccionador brasileño es tanto o más fuerte que sobre el seleccionador inglés, y Scolari es famoso por su firmeza de carácter.

Un diálogo con Madail

Ayer por la tarde, poco antes de cambiar de opinión, Scolari fue abordado en público por Gilberto Madail, presidente de la Federación portuguesa:

-¿Tenemos un acuerdo?

-Sí, tenemos un acuerdo, soy un profesional.

-Y ese acuerdo es hasta el....

-Hasta el 31 de julio.

-Entonces hasta el 31 de julio no te reunirás con nadie...

-Me reuniré con el obispo y hasta el Papa si me da la gana. Una reunión no es un acuerdo. Yo puedo tener una reunión en una pista de baile y eso no significa un compromiso.

El dilema de Penélope

Y allí quedó la conversación. Horas después, Scolari lo había pensado mejor.

Claude Lorrain, Partida de Ulises,  Museo Le Louvre, París
Claude Lorrain, "Partida de Felipão a Albión", Museo Le Louvre, París.
Penélope quiso conservar a Ulises, a su pretendiente inglés, a Telémaco y hasta al perro Argos, todo al mismo tiempo, pero al fin debió reconocer que debía sacrificar algo.

Es curioso, pero Scolari, esta Penélope, es también Ulises, porque ha trabajado en diferentes países alrededor del mundo.

Tal vez allí es donde se equivoca: no puede ser ambas cosas a la vez.


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