Muchas de las cosas más sabrosas del deporte no tienen que ver con el esfuerzo del atleta, sino con las vicisitudes y avatares que acompañan al fenómeno deportivo.
En una conferencia de prensa desopilante, José Mourinho dice que está más asustado con la gripe aviar y el cisne muerto en Escocia que con la presión que le mete el Manchester United de Alex Ferguson en el ultimo tramo de la Liga Premier.
(Esto refleja la alarma que siente la gente del Chelsea, que ha perdido una docena de puntos en las últimas semanas, aunque todavía conserva una ventaja de siete puntos.)
Y así podríamos seguir con mil ejemplos, de todos los deportes.
La historia detrás del hecho
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Muchas de las cosas más sabrosas del deporte no tienen que ver con el esfuerzo del atleta, sino con las vicisitudes y avatares que acompañan al fenómeno deportivo
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Miren por donde miren, casi siempre encontrarán una historia viva, palpitante, detrás de informaciones deportivas aparentemente triviales.
El fenómeno deportivo va mucho más allá de un rato de sudor. El placer en la victoria, la decepción en la derrota, todo eso vale, pero no es la clave de la vigencia popular del deporte.
Y aquí conviene repetirlo: el deporte trasciende porque cuenta una historia, porque es el relato de una aventura humana.
Inter y Villarreal
Tomemos, por ejemplo, el enfrentamiento del Internazionale de Milán y el Villarreal en cuartos de final de la Liga de Campeones Europeos.
Se podría decir que un grupo de sudamericanos eliminó a otro grupo de sudamericanos (ya que aquí habría que buscar con lupa a españoles e italianos), pero son tan abismales las diferencias en cotización de jugadores, en poderío institucional, en ambiciones, en recursos, que el desenlace, la victoria final del supuestamente débil, vale por veinte culebrones vengadores en la televisión.
Esa cualidad del deporte como vehículo de una narración se da en varios planos.
Diferentes planos
Tiger Woods junto a su padre en otros tiempos.
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En primer plano transcurre la historia pequeña del juego en sí mismo, quién marca, quien vence, quién pierde.
Un poco más allá, está la reacción de los aficionados, con sus propias frustraciones y esperanzas, como individuos y como grupo.
Y en el fondo, la gran historia, la pasión, las intrigas, los sacrificios, los pisos serruchados, la generosidad, la crueldad, la obsecuencia, la aurora de algunos talentos y el ocaso de otros.
Todo esto, desde sus diferentes niveles, repercute en la sociedad, alcanzando incluso a millones de personas que se creen inmunes al fenómeno deportivo.
Una renuncia
El gran drama deportivo de esta temporada ha sido el colapso del proyecto de Florentino Pérez en el Real Madrid.
Esto es así porque la historia se desarrolla en los cuatro escenarios: el césped, las tribunas, los pasillos del poder y la sociedad en general.
Caramba, si la renuncia de Florentino Pérez hace más ruido, aflige o alegra a más gente que la renuncia de un ministro.
Augusta y Tiger Woods
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Caramba, si la renuncia de Florentino Pérez hace más ruido, aflige o alegra a más gente que la renuncia de un ministro
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Las informaciones más interesantes del Masters de Augusta (que terminará mañana domingo) no han sido, a nuestro juicio, las alternativas del juego, sino la historia de cómo el club arruinó los links, una de las maravillas del golf, y la dignidad y emoción con que Tiger Woods afrontó el juego mientras su padre agonizaba.
Quienes se hayan perdido estas informaciones, no sabrán mucho sobre el Masters de este año, más allá del nombre del ganador.
Sí, la información de que Fulano o Mengano se colocan una chaqueta verde tiene su interés, pero necesita algo más para dejar los límites de la mera estadística.
Para ser hazaña, la acción del deportista debe soltar un resorte de la imaginación popular.
Debe contar una historia, narrar una aventura.
Escríbale a Raúl Fain Binda
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