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Sábado, 18 de marzo de 2006 - 18:36 GMT
Arroja el racismo por la ventana
Raúl Fain Binda
Raúl Fain Binda
Columnista, BBC Mundo

Samuel Eto'o
Eto'o amenazó con retirarse luego de los desmanes racistas en Zaragoza.

El racismo es como ese invitado pesado, que se queda y queda y no se marcha nunca, ni siquiera cuando la dueña de casa simula un desmayo y su marido le hace respiración artificial, lamentando que haya sido "un día tan largo".

El racismo del fútbol no tiene buenas maneras: no se irá por las suyas ni escuchará sugerencias. La única forma de librarse de él es echarlo de la casa.

Eso es lo que trata de hacer la FIFA con la reforma del artículo 55 de su Código Disciplinario, incorporando sanciones mucho más severas para los clubes cuyos aficionados cometan actos de racismo: suspensión de partidos, deducción de puntos (tres por la primera infracción, seis por la segunda, descenso de categoría por reincidencia) y descalificación de equipos de una competición.

La reforma entrará en vigor en los próximos días, cuanto todas las federaciones y asociaciones nacionales afiliadas a la FIFA reciban la comunicación oficial.

Un portavoz de la FIFA dijo a nuestro colega Luis Fernando Restrepo que si alguna asociación se resistiera a implementar estas disposiciones podría ser excluida de las competiciones internacionales durante dos años.

Artículo 55
Joseph Blatter, presidente de FIFA
La FIFA aumenta la severidad de los castigos frente a conductas racistas.

Culpable de abuso racista, tal como lo define el artículo 55, es quien "públicamente humille, discrimine o ultraje a otra persona por razón de su raza, color, idioma, religión u origen étnico".

El texto original preveía, para un jugador, una suspensión por un mínimo de cinco partidos, con una multa de 8.000 euros. Si el culpable era un oficial, la multa trepaba a 12.000 euros. Si era un espectador, se le debía prohibir el acceso a los estadios durante dos años.

Si se trataba de una ofensa generalizada en una tribuna, la sanción recaería en el club, con una multa mínima de 24.000 euros. Si el partido era de selección nacional, se multaría a la federación y el equipo debería jugar el siguiente partido oficial a puertas cerradas.

La FIFA aplicó este artículo al multar con 65.000 euros a la federación española, por los insultos a los jugadores negros de Inglaterra en un amistoso jugado en Madrid a fines de 2004.

Es de suponerse que si ese episodio se registrara ahora, la FIFA tomaría medidas mucho más severas.

Cuestión de matices

¿Está exagerando la FIFA?

El técnico mexicano Javier Aguirre, del Osasuna, dijo recientemente que nunca había escuchado en la calle lo que le habían dicho en algunas canchas, con lo cual él interpretaba que el abuso no era racista.

Muchos en España creen que sí. Dicen que los insultos y las burlas a los jugadores negros no están dirigidos al color de la piel, sino al color de su camiseta. No a la raza, entonces, sino a la persona.

El técnico mexicano Javier Aguirre, del Osasuna, dijo recientemente que nunca había escuchado en la calle lo que le habían dicho en algunas canchas, con lo cual él interpretaba que el abuso no era racista.

Si un extranjero tan ecuánime como Aguirre tiene esta impresión, no es de extrañar que el seleccionador nacional, Luis Aragonés, crea que los sonidos guturales imitando al mono, dirigidos a ciertos jugadores negros, como a Samuel Eto'o en el estadio del Zaragoza, no son racistas, sino parte de la provocación habitual en el mundo del fútbol.

Eto'o y Aragonés
Luis Aragones, director técnico de España.
Aragonés fue objeto de fuertes críticas por su manera de referirse a Thierry Henry.

Le dijeron a Eto'o que su amigo, Aragonés, creía que él hizo mal en amenazar con retirarse de la Romareda en pleno partido.

¿Llamaría racista a Aragonés?

Eto'o replicó que le constaba que Aragonés no era racista, a pesar de haber llamado "negro de mierda" a Thierry Henry:

"El estaba utilizando los códigos del vestuario en una escena privada; la tecnología de los blancos captó sus palabras y las hizo públicas. Yo conozco al Abuelo y sé lo que ha hecho por jugadores negros en apuros. El no es racista, pero en esto está equivocado."

Humillación pública

En este intercambio está una de las claves: el carácter público y simbólico del racismo de la tribuna.

No se insulta y humilla a un individuo, como creen muchos, sino a todos los individuos de ese color.

El racismo del fútbol no tiene buenas maneras: no se irá por las suyas ni escuchará sugerencias. La única forma de librarse de él es echarlo de la casa

La FIFA no ha hecho más que reconocer una realidad.

El invitado infernal no se va, sigue allí, contando sus chistes puercos y sin escuchar las indirectas.

Los anfitriones ya se han cepillado los dientes en su presencia, la dueña de casa ya está de camisón y su marido se prueba el gorro de dormir del abuelo. Todo en vano.

Tal vez sea hora de arrojarlo por la ventana.


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