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Sábado, 11 de marzo de 2006 - 20:59 GMT
La relatividad en Fórmula 1
Raúl Fain Binda
Raúl Fain Binda
Columnista, BBC Mundo

El carro de Fórmula 1 de la BMW
¿La aman o la odian?, la velocidad no siempre es la favorita de los pilotos.

En el automovilismo hay un malentendido básico: el público cree que los pilotos aman la velocidad, cuando en realidad ellos saben que la velocidad es su enemiga.

Ya lo decía el maestro Juan Manuel Fangio: lo ideal es ganar lo más lento posible.

Eso de ir rápido por simple amor a la velocidad es algo que cautiva al público y que queda muy bonito en la primera parte de las películas, antes de la escena del accidente y la posterior convalecencia, durante la cual el héroe aprende el valor de la responsabilidad, se reconcilia con su novia y el sufrido mecánico y procede a ganar todas las carreras que cuentan.

En la Fórmula 1 no hay (o no debería haber) ningún irresponsable de ese tipo.

Casi todos los pilotos de primera fila están en la etapa post-accidente, reconciliados con los personajes "buenos" y tratando de ganar carreras, que es lo más difícil de la película.

Los campeones

En España se asombran porque Fernando Alonso huye de la prensa "del corazón" y se refugia en su casa de Oxford, en Inglaterra, prefiriendo jugar al fútbol con sus amigos estudiantes en vez de retozar por las discotecas, del brazo de alguna mujer más rápida todavía que su Renault.

Estamos convencidos de que Alonso, el campeón joven, lo mismo que Michael Schumacher, el campeón viejo, y también los principales aspirantes a sucederlos, ya sean Raikonnen, Montoya o Button, comparten el ideal de Fangio.

Quieren ganar lo más lento posible.

Los pilotos que aman la velocidad, el peligro, son los que se estrellan. Los que la respetan, la temen y reducen los riesgos, son los que ganan.

Juan Manuel Fangio
Para muchos, inlcluyendo Michael Schumacher, Fangio ha sido el mejor piloto de Fórmula 1 de todos los tiempos.

Fangio, hombre de pocas palabras, nunca se explayó sobre aquella frase clarividente, con lo cual algunos tontos creyeron que era un espíritu timorato.

El testimonio de Stewart

El ex campeón mundial Jackie Stewart tuvo la suerte de contar con la ayuda de un escritor de primera fila, Peter Manso, el verdadero autor de su libro autobiográfico Faster (Más rápido), del que tomamos algunos pasajes:

"Velocidad: en realidad todo es el reverso de la velocidad, o sea cómo eliminarla.

"En un coche de carrera, la velocidad no existe para mí excepto cuando estoy conduciendo mal. Entonces las cosas se me vienen encima, en vez de pasar en cámara lenta.

"(Cuando conduzco bien) veo las cosas desde lejos, en todo detalle. Una curva se me acerca lentamente. Tengo tiempo de sobra para frenar y equilibrar el coche, para doblar y salir con la mejor trayectoria, y encima tengo tiempo para mirar el contador de revoluciones y comprobar la velocidad.

"Cuando conduzco mal, tomo esa curva a la misma velocidad pero todo pasa con gran prisa. Las cosas se precipitan hacia mí en vez de pasarme, y yo estoy alterado.

La imagen icónica de Albert Einstein sacando la lengua
Para los pilotos, entonces, la velocidad tiene un valor relativo, en el sentido que le daba Einstein
Raúl Fain Binda

"La velocidad, entonces, es algo contra lo que debo competir", decía Stewart.

Teoría de la relatividad

Bueno, en realidad lo decía Peter Manso, autor de numerosas biografías, entre ellas las de Marlon Brando y Norman Mailer.

Pero eso es lo que pensaba Jackie Stewart. El genio de Manso consistió en extraer este pensamiento, que para el escocés no valía gran cosa porque era "obvio", y darle su verdadero valor para el público, que nunca había corrido una carrera.

Para los pilotos, entonces, la velocidad tiene un valor relativo, en el sentido que le daba Einstein.

Stewart no es un intelectual, pero cualquier profesor de física encontrará algo familiar en su descripción de una curva tomada a "toda velocidad".

Subjetividad de la velocidad

El campeón escocés también nos está diciendo que la velocidad tiene un elemento subjetivo, que marcha paralelo a la pura velocidad física.

En otras palabras, la percepción de la velocidad es más importante que la velocidad propiamente dicha.

Nosotros, como público, como espectadores, vemos dos formas de velocidad: en el circuito y frente al aparato de televisión.

En el circuito, los coches viajan más rápido que en la televisión, porque la pantalla no puede mostrar todos los puntos de referencia que "aceleran" a los coches.

A estos puntos de referencia, a los valores geométricos y visuales, hay que agregar el batifondo, el ruido de los motores, la excitación de los espectadores, o, si el observador está en boxes, la adrenalina de los mecánicos y los técnicos.

Más lentos en TV

Si usted mira las carreras por televisión, en cambio, verá que los coches marchan en forma relativamente lenta. Y si apaga el sonido, la impresión de "lentitud" se acentuará aun más.

Los pilotos, como decía Stewart/Manso, tienen una percepción totalmente diferente:

"Cuando alguna gente habla de velocidad en relación con las carreras, no sabe de qué está hablando. Doscientas millas por hora en un auto de F1 es literalmente ochenta millas en la autopista."

James Stewart ex piloto de Fórmula Uno
Stewart fue tres veces campeón mundial de Fórmula 1.

En el auto de Fangio

Hace muchos años, un joven periodista visitó a Fangio en Balcarce con el objetivo de persuadirlo de posar para la portada del número aniversario de una revista.

Fangio se compadeció del pichón de periodista y, dado que debía viajar a Buenos Aires, ofreció llevarlo en su Mercedes Benz.

Durante el viaje, Fangio señaló los peligros de la ruta y criticó la imprudencia de los otros conductores, aunque él viajaba mucho más rápido que ellos.

Stewart diría que Fangio, en realidad, viajaba mucho más lentamente, porque su control del coche y de la velocidad era mucho mayor.

El periodista se bajó aterrado de ese Mercedes, y Fangio nunca posó para su revista.

Esto también prueba la relatividad: para Fangio, la tapa de una revista no tenía la más mínima importancia.

Fernando Alonso nos cae simpático porque a él tampoco le gustan las portadas.


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