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Sábado, 21 de enero de 2006 - 17:36 GMT
África es la revolución
Raúl Fain Binda
Raúl Fain Binda
Columnista, BBC Mundo

Achille Webbo, de Camerún, se enfrenta con Joao Pereira, de Angola
Las revoluciones siempre despiertan más interés que los regímenes establecidos.

Los europeos prestan más atención a la Copa de África de Naciones que a la Copa América.

Esto se debe, entre otras cosas, al interés de millones de inmigrantes de origen africano y sus descendientes, cuyo reclamo se hace sentir en los ratings de la televisión y el tiraje de los diarios.

(La Copa América llega de contramano a los medios, porque los partidos se juegan cuando los europeos duermen).

Pero las emisoras, los diarios y los sitios de internet también tienen otro público que atender, un interés mayoritario, y no dedicarían tanto espacio a la Copa de África si no tuvieran otra razón de peso.

Esa razón es uno de los anzuelos periodísticos más antiguos: el fermento revolucionario.

La revolución

El equipo de Costa de Marfil celebrando
Costa de Marfil, una de las sorpresas del fútbol africano.

Los europeos dan mucha importancia al fútbol africano porque su realidad actual es revolucionaria.

Las revoluciones siempre despiertan más interés que los regímenes establecidos. O decadentes, si ustedes quieren.

Desde El Cairo hasta Ciudad del Cabo, el fútbol africano está sacudido por formidables convulsiones, reflejadas hace poco en la clasificación para el mundial de países supuestamente atrasados futbolísticamente: Togo, Angola y Costa de Marfil, donde además se libra una guerra civil paralizante.

La eliminación del torneo mayor de Nigeria, Camerún, Senegal, Marruecos y Egipto, vista al principio como un signo de debilidad de esos países, es en realidad la consecuencia del avance de la segunda fila del fútbol africano.

El débil al poder

En fútbol, el orden establecido es (¿o era?) el predominio de cuatro o cinco naciones europeas y sudamericanas, en una especie de "mercado cerrado".

Los procesos revolucionarios se caracterizan por este tipo de saltos bruscos, que desafían el orden establecido.

Esto abre oportunidades para los individuos y organizaciones que en circunstancias normales sabrían perfectamente cuál es "su lugar".

En fútbol, el orden establecido es (¿o era?) el predominio de cuatro o cinco naciones europeas y sudamericanas, en una especie de "mercado cerrado".

En este mercado, y cuando las normas en las ligas europeas lo permitieron, tres países sudamericanos, Brasil, Argentina y Uruguay, fueron los proveedores tradicionales de "mano de obra especializada".

Ahora es diferente. El caso Borman abrió las compuertas y ahora el mercado africano ofrece mano de obra capaz a un costo muy bajo.

Africanos europeos

Zinedine Zidane jugando
El caso de Zidane desmintió una de las grandes falacias del fútbol: que África era capaz de producir grandes jugadores negros pero ninguno árabe.

Las crónicas desde Egipto sobre esta Copa de África mencionan al camerunés Samuel Eto'o, el marfileño Didier Drogba, el egipcio Mido y los nigerianos Kanu y Jay-Jay Okocha, en un contexto que parece señalarlos como las máximas estrellas del fútbol africano.

Esto pasa por alto a buena parte del seleccionado francés de fútbol, mayoritariamente africano: Vieira es senegalés; Zidane es hijo de inmigrantes argelinos.

Y no olvidemos al legendario Eusebio (64 años el próximo miércoles), que es de Mozambique.

Falacia desmentida

El caso de Zidane desmintió una de las grandes falacias del fútbol: que África era capaz de producir grandes jugadores negros pero ninguno árabe. Se suponía que la cultura árabe reprimía la expresión individual, que el caos de las sociedades negras era más fértil para el fútbol.

El verdadero estímulo no es el caos, sino la pasión, exacerbada por la necesidad.

La mejor cuna del fútbol es humilde, es pobre.

Fertilidad de la miseria

Ronaldinho
Sin el estímulo de la miseria, la estructura del fútbol brasileño no sería capaz de engendrar a jugadores como Ronaldinho. Daría a Kaká, como no, pero nunca a Ronaldinho. ¿Ven la diferencia?

Hay algo en el fútbol que se nutre de la miseria, o mejor dicho, del deseo de escapar de ella.

Este es el gran secreto de la fabulosa creatividad del fútbol brasileño, en un gigantesco país donde se dan todos los ingredientes necesarios: tradición, pasión, buen gusto, organización, recursos, ambición y también el motor misterioso de la miseria.

Sin el estímulo de la miseria, la estructura del fútbol brasileño no sería capaz de engendrar a jugadores como Ronaldinho.

Daría a Kaká, como no, pero nunca a Ronaldinho. ¿Ven la diferencia?

El fútbol africano está en pañales en comparación con el latinoamericano, pero le sobra vitalidad y el espolón de la miseria pica más fuerte.

Vigencia de la mafia

Los mafiosos fueron los primeros en advertirlo, como siempre.

En estos días han circulado numerosas denuncias e informes periodísticos sobre casos de abuso de adolescentes africanos, atraídos con la promesa de jugar en los grandes clubes europeos.

Los gestores o intermediarios les prometen el futuro, que deben pagar por adelantado.

Las familias reúnen como pueden el dinero para el pasaje y la "gestión" del agente.

Algunos de esos jóvenes terminan jugando en clubes de Bélgica o Francia, pero la mayoría se desloma en trabajos serviles en las cocinas de los ricos.


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