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Sábado, 24 de diciembre de 2005 - 09:18 GMT
En el vientre de la ballena
Raúl Fain Binda
Raúl Fain Binda
Columnista, BBC Mundo

La Bombonera el 18 de diciembre de 2005.

Hasta hace unos días tuvimos dudas sobre la veracidad del relato bíblico de Jonás y la ballena. Nos parecía imposible la hazaña de sobrevivir tres días y tres noches en el vientre del monstruo.

Ahora, tras sobrevivir tres horas en la Bombonera, la experiencia de Jonás nos parece un paseo por la rambla.

Después de todo, el profeta estuvo solo, protegido de la tormenta, suponemos que sentado en algún cómodo repliegue del vasto estómago, con tiempo y tranquilidad para componer un himno de acción de gracias.

¿Cuántas personas caben en las entrañas de una ballena?

La afición de Boca no es una hinchada ordinaria. Es muy conciente de sí misma, de la resonancia de su aliento en el vientre de la bestia
Depende del tipo de cetáceo, claro está. En la panza de un cachalote, la ballena de la cabeza inmensa, suponemos que no cabrán más de dos o tres personas, apenas con espacio para una mesita ratona, la lámpara y la bandeja de los refrescos.

En el estómago de una ballena azul, el gigante de los mares, podrían entrar unos siete individuos o, con mucha buena voluntad, dos hombres medianos, dos mujeres pequeñas, una cama matrimonial y una mesa de ping pong.

Pero el estómago de la Bombonera, la ballena de la Boca, se dilata en forma mágica.

Estómago dilatado

Nosotros éramos Jonás y 55.000 personas más en un vientre diminuto. La tormenta, en este caso, rugía dentro de la ballena, no afuera.

Fue la noche del domingo 18 de diciembre, el segundo partido final de la Copa Sudamericana. Boca Juniors y Pumas empataron 1 a 1, el mismo resultado que en el partido de ida, en México. En la definición por penales, Boca se impuso 4 a 3.

El partido fue malo, pero qué importa. En estos casos, el espectáculo no está en la cancha, sino en las tribunas.

Imaginen una carrera de caracoles, con una audiencia de película de Fellini. ¿Qué mirarían ustedes? ¿La pista o la tribuna?

La Bombonera el 18 de diciembre de 2005.
Festejo de los jugadores junto a la parcialidad.
La Bombonera es felliniana hasta en eso: nos recuerda que lo importante no es lo que está ocurriendo en el centro del escenario. No recordamos los goles, tal vez no los vimos.

Qué importancia tiene que Palermo empuje la pelota a la red, en contraste con el rugido de aprobación de la Número 12.

Una afición diferente

La afición de Boca no es una hinchada ordinaria. Es muy conciente de sí misma, de la resonancia de su aliento en el vientre de la bestia.

Los hinchas mexicanos, 300 o 400 personas, estuvieron en un reducido sector de la popular, encima nuestro. No los vimos, no los oímos.

Desde nuestra bandeja de plateas, toda la Bombonera era un ancho río de pasión boquense, con las empinadas barrancas de las tribunas, encendidas, ardiendo, latiendo al ritmo de los bombos.

Así como la geografía contribuye a marcar el carácter de los pueblos, la Bombonera determina en gran medida el carácter de la Número 12.

Un estadio diferente

El estadio es pequeño, empinado, con las tribunas cerniéndose como una amenaza sobre el campo. Cuando se cumplan las normas internacionales y todas las tribunas tengan asientos numerados, la capacidad se reducirá, tal vez a 30 o 35 mil personas.

Ahora, con las gradas de las populares desnudas, la capacidad se multiplica en varios sentidos: personas, sonido, pasión, inspiración para el equipo de la casa e intimidación para el visitante.

En otros estadios la pasión se diluye. En el estadio Olímpico de Roma, la afición está lejos del campo, mientras que en el Camp Nou o el Santiago Bernabeu el aliento no es incondicional: está supeditado al placer estético que experimente la hinchada y a la fe inconstante de sus líderes.

Una cuestión de fe

La Bombonera el 18 de diciembre de 2005.
Palermo convirtió el único gol para Boca Jrs.
La hinchada de Boca no está en el negocio del intercambio sentimental. Su fe es total, constante, sin espacio para la duda. Lo que quiere por encima de todo es la victoria, y sabe que cuando las papas queman todo depende de ella.

Y el domingo ganó la Bombonera. En otro estadio, el resultado habría sido diferente.

Como en el caso de Jonás y la ballena, en Boca y la Bombonera lo que verdaderamente importa es la fe.

Así como el encierro en el vientre del monstruo disipó las dudas del profeta, también templa el espíritu xeneize.

Cuando la visita empató el partido y forzó la definición por penales, todo pareció indicar la victoria de los mexicanos, porque el desenlace les daba tranquilidad, esperanza, mientras que a los locales les parecía una injusticia, una señal infausta.

La pulsión boquense, su identificación con el éxito, nace en la tribuna, a diferencia de otros clubes exitosos, donde la victoria se gesta en el campo de juego.

La Bastilla o Trafalgar

Ante el Pumas, el Boca Juniors fue ordinario, pero la Número 12 jugó uno de sus mejores partidos. Para nosotros fue el espectáculo más emocionante que hayamos presenciado.

Una noche como la del domingo, en la Bombonera, es una de esas cosas que ocurren una sola vez en la vida de una persona. Equivale a participar en el asalto a la Bastilla, ver caer a Nelson en la cubierta del Victory, socorrer a San Martín en San Lorenzo, entrar con Bolívar en una ciudad liberada. Cosas así.

¿Dices que exageramos?

Pues entonces no has estado nunca en el vientre de la ballena.


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