La ayuda de Francia fue clave para asegurar la presencia de España en la cumbre.
No la invitaron a la reunión más importante de los últimos años y ni siquiera la habían puesto en la lista de espera, pero para sorpresa del anfitrión, George W. Bush, España estará presente con voz y voto en las negociaciones del G-20 este fin de semana.
Después de un camino de insistentes llamadas y cabildeos para reclamar su papel en el mundo, España, la octava economía del mundo, ha conseguido entrar a la cumbre de la mano de Francia, que le cedió una de las dos sillas que le tocaron: una por ser miembro del G-7 y otra por ocupar actualmente la presidencia de la Unión Europea.
"Nadie te regala nada: los países más ricos no están esperando que un país despunte para darle un premio", comenta Miguel Ángel Bastenier, experto en relaciones internacionales del diario El País.
"Quizás se ha llegado a la reunión de carambola y con una actitud casi mendicante pero desde todo punto de vista es un éxito. Es la primera vez que España va a estar en una reunión de tanta importancia", agrega Bastenier.
Pero, ¿por qué España se vio obligada a depender de Francia para asegurarse una silla?
El enfriamiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y España -causado, en gran parte, por el retiro de las tropas españolas de Irak en 2004- parece no haber ayudado.
Bush y José Luis Rodríguez Zapatero casi no han hablado durante sus mandatos mientras que las relaciones con su antecesor, José María Aznar, se caracterizaron por las fotos sonrientes de ambos mandatarios.
"Aznar intentó meter a España en el G8 por su amistad con Bush y como moneda de cambio por su participación en Irak, pero no pudo ser. Luego se perdió la oportunidad de que España esté en el G20 por su vocación más europea", explica Vicente Palacio, del Observatorio de Política Exterior de la Fundación Alternativas.
Fortalezas
Quizás por ello la presencia de España en la cumbre de este sábado también tiene un sentido reivindicativo de su peso en el mundo y de experiencias que puede aportar a la actual coyuntura económica, como la solidez de su sistema bancario.
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, lo ha resumido en una frase: "La octava economía del mundo tiene que estar".
Una de las razones de esto, afirma Palacio, puede estar en la buena relación entre América Latina y Europa.
"En países como Venezuela y Bolivia el FMI está muy deslegitimado y se corre el riesgo de que, si no hay acuerdos en Washington, se produzca una fragmentación financiera por regiones. Ahí España puede lograr consensos porque, entre otras cosas, no le conviene un choque entre bloques", agrega Palacio.
Otro elemento a su favor es su sistema bancario: mientras bancos de países como Alemania y Reino Unido han entrado en crisis, los españoles han permanecido sólidos.
"Los bancos españoles no están tan afectados por los créditos tóxicos y las hipotecas dudosas, con lo cual el sistema de regulación si tiene algo que mostrar al mundo", señala Juan José Dolado, catedrático de Economía de la Universidad Carlos III.
Impacto
"No obstante", agrega Dolado, "la economía española está cayendo a tanta velocidad como otras en gran parte por cuestiones domésticas como la burbuja inmobiliaria".
En ese sentido, Palacio señala que "quizás puede haber un intento del gobierno español de enmarcar la crisis interna como una consecuencia de la mundial por los costos políticos que pueda tener pero, en cualquier caso, si ha insistido tanto para estar en la cumbre del G20 es porque las decisiones que se tomen allí serán de alcance global".
Los tres expertos coinciden en algo: la reunión en Washington se ha sobredimensionado.
"Son más las expectativas que lo que se va a hacer. Es una reunión que no se ha preparado, se han puesto parches pero la crisis ya ha hecho metástasis. De cara a futuras reuniones sí se tiene que producir una recapitalización del FMI, o de una nueva figura reguladora mundial, y volver a separar banca de inversiones de banca comercial", señala Dolado.
"No creo que esta reunión vaya a solucionar muchas cosas más allá del impacto de la fotografía: Los importantes del mundo hablan sobre la crisis económica mundial", subraya Bastenier. "Pero la foto también tiene mucha importancia en política exterior".
"En el caso de España su presencia es de especial relevancia porque será la primera vez en tres siglos, desde Westfalia en 1648, que estará en un cenáculo de tal envergadura. Seguramente a cambio de algo a Francia, porque estas cosas funcionan así, pero estará en la mesa", concluye Bastenier.