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Lunes, 29 de septiembre de 2008 - 21:08 GMT
"Yo también quiero un plan de rescate"
Lourdes Heredia
Lourdes Heredia
BBC Mundo, EE.UU.

Denesa Segrest
Al ver a los políticos jugando a salvar la economía me da un vuelco en el estómago
Denesa Segrest
Denesa Segrest está a punto de perder su casa y mira con atención la pantalla de televisión mientras el Congreso vota por un plan de rescate. Ella es una de las 9.000 personas que enfrenta cada día la ejecución hipotecaria en Estados Unidos.

"Algo van a tener que hacer", señala en el autobús de la BBC que viaja todo el país y ahora se encuentra en Memphis, Tennesse, una de las ciudades más pobres, pese la industria turística.

"Yo no pierdo la esperanza de poder salvar mi casa, pero al ver a los políticos jugando a salvar la economía me da un vuelco en el estómago. Por un lado tienen que hacer algo, pero no confío en que lo hagan por el bien común", señala Denesa.

El sentir de ella, se escucha por todo el país. Denesa se mudó hace 5 años a una nueva casa que era su sueño hecho realidad.

La pesadilla

"Tiene un jardín y una reja muy bonita. Es de ladrillo con grandes ventanas. No es grande, pero sí es suficiente para mí y mis dos hijos", le cuenta a BBC Mundo con lágrimas en los ojos cuando piensa que lo puede perder todo.

Robert Milton Warren
¿Ese paquete que me dice, señorita, me dará trabajo a mí?
Robert Milton Warren
Denesa es víctima de las hipotecas de alto riesgo. Al inicio pagaba US$215 de hipoteca al mes, ahora le piden US$1.125. Nunca se imagino estar en esta situación porque le prometieron una tasa de interés fija, sólo que se "olvidaron" de comentarle que sólo era por los dos primeros años.

"Llevo dos meses sin pagar", señala esta mujer cuyo trabajo, paradójicamente, es asesorar a otros para que no les pase lo que a ella.

"Mi peor pesadilla es que vengan a sacarme de mi casa", dice Denesa, que pasa de la incredulidad al enojo y la frustración.

La realidad

De camino al centro de la ciudad, en el bus, es fácil ver la dura realidad de muchas ciudades estadounidenses. Junto a mí está sentado Robert Milton Warren, quién lleva viviendo de la caridad por los últimos 8 años.

Blind Missisisppi Morris y esposa
Trabajamos más y compramos menos, en espera que las cosas mejoren, aunque a veces nos falta el optimismo
Blind Missisisppi Morris y esposa
"Yo perdí mi casa hace mucho. Vivo en la calle, me trato de duchar en baños públicos. Hay días que no como y nadie me da trabajo. ¿Ese paquete que me dice, señorita, me dará trabajo a mí?", me dice cuando le preguntó sobre el plan de rescate.

Según los últimos datos, las nuevas reclamaciones de ayuda por desempleo subieron la semana pasada a su mayor nivel en siete años. Según el Congreso, desde el inicio del año se han perdido 800.000 puestos de trabajo y el nivel de desempleo podrá alcanzar el 7% en un futuro cercano.

En el parque central, donde hay un escenario para distintas bandas, la vida continúa como si nada estuviera pasando. O por lo menos eso parece a simple vista. Ahí se reúnen turistas y cuando les pregunto sobre el paquete económico, sus ojos invariablemente se entristecen.

Muchos se preguntan si realmente el plan de rescate ayudará a salvar empleos y a minimizar las ejecuciones hipotecarias, como dicen los políticos, aunque los economistas insisten en decir que lo que han estado analizando hasta ahora no será una varita mágica.

Bailar sin pensar

"No quiero pensar en eso", me dice Pam Rivard que llegó desde Georgia a Memphis, "la ciudad donde vive Elvis Presley" en el viaje anual con sus amigas.

Pam Rivard
No quiero pensar en eso
Pam Rivard
"La gente se acostumbró a ganar y nunca a perder. La avaricia se convirtió en el rey de Wall Street y ahora todos tenemos que pagar los platos rotos... pero ¿qué otra cosa podemos hacer?", dice mientras las amigas la jalan para que siga bailando de bar en bar.

Cuando termina su presentación, el músico Blind Missisisppi Morris le cuenta a BBC Mundo que él también está a punto de perder su casa.

"Yo también quiero un plan de rescate", bromea, mientras su esposa Melody comenta que la risa es sólo un mecanismo de defensa.

"Tratamos de seguir nuestra vida lo mejor posible. Trabajamos más y compramos menos, en espera que las cosas mejoren, aunque a veces nos falta el optimismo", explica la señora.

Melody resume bien lo que se siente estos días en las calles de las ciudades estadounidenses: la espera de tiempos mejores, con la incertidumbre de si algún día llegaran.



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