El director de la Reserva Federal defendió el plan ante el Congreso.
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Mientras el Congreso estadounidense debate el plan de la Casa Blanca para aliviar la crisis del sector financiero, defensores y detractores de la propuesta también intentan hacer escuchar sus puntos de vista puertas afuera.
La mayoría coincide en la gravedad de la situación: se está probablemente ante la mayor crisis financiera del país desde la Gran Depresión.
Pero mientras unos pregonan que socorrer a entidades que prestaron dinero irresponsablemente es enviar el mensaje equivocado al mercado, otros sostienen que no hacerlo implica arriesgarse a un colapso generalizado del sistema financiero.
Para unos debiera ser el mercado el que depure el sistema con un mínimo de intervención estatal y sin que los contribuyentes deban pagar la cuenta de su bolsillo.
Para los otros, sólo una decidida acción de la Reserva Federal y del gobierno puede restablecer la confianza quebrada en el sistema y evitar el colapso económico.
Economistas por el "no"
La propuesta original presentada al Congreso por el secretario del Tesoro, Henry Paulson, se basa en un paquete de rescate por US$700.000 millones.
En ella el gobierno asumiría los préstamos de alto riesgo en poder de los bancos en problema, restaurando su cartera crediticia y sacando del "rojo" a las entidades.
También se estima que incluirá restricciones a los sueldos de los ejecutivos y mecanismos más agresivos de supervisión por parte de los entes reguladores. Pero no hay muchos más detalles que estos sobre el plan de Paulson.
Y muy probablemente la propuesta sufra profundas modificaciones si quiere superar las objeciones de los legisladores, a pesar del urgente llamado a aprobarla que hizo el presidente George Bush el lunes pasado.
Por lo pronto, no es buena señal para el gobierno que el republicano Richard Shelby, miembro de la Comisión de Bancos del Senado, sistemáticamente se remita en cada entrevista a una carta abierta que ya lleva cinco páginas de firmas de economistas que se oponen al plan.
La iniciativa es liderada por Paola Sapienza, una profesora de Finanzas de la Northwestern University, y ya cuenta con la adhesión de unos 180 colegas (y creciendo) de todo el país.
Los firmantes señalan "tres fallas fatales" en la propuesta gubernamental.
Según estos economistas, el plan "es injusto" pues subsidia a los inversores a costa de los contribuyentes, "es ambiguo" en cuanto a la misión y las competencias del organismo regulador que propone y "carece de visión de largo plazo" al debilitar el mecanismo de funcionamiento de los mercados en aras de superar disrupciones de corto plazo.
"No es un regalo"
En cambio, para Sebastián Edwards, profesor de Economía de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), la propuesta contempla las medidas adecuadas y no necesariamente tiene que resultar costosa para los contribuyentes.
"Este paquete no implica un regalo" a los bancos, dijo a BBC Mundo "sino una transacción comercial que puede salir para uno u otro lado... inclusive el gobierno hasta podría ganar dinero con la venta de los títulos" cuando se estabilice la economía.
Según Edwards, la crisis se inició con la burbuja inmobiliaria, cuando "se entregaron hipotecas a gente que luego no las pudo pagar".
El economista explica que de allí surgieron complejos títulos financieros cuyo valor se desconoce con certeza y eso sembró dudas sobre la capacidad de honrarlos por parte de las entidades que los poseían.
Como consecuencia nadie quiere hacer negocios con nadie por temor a que la contraparte quiebre y no le pueda pagar.
"Lo que busca el paquete es remover estos títulos 'tóxicos' de modo que el ciclo del crédito, que es esencial para una economía, vuelva a funcionar", afirmó.
Asumir los errores
Mark Witte, economista de la Northwestern University, es uno de los firmantes de la carta abierta en oposición al plan.
Según dijo a BBC Mundo no resulta razonable que "los dólares de quienes pagan impuestos terminen yendo a estos bancos a compensar a gente que asumió riesgos desproporcionados" para aumentar sus ganancias.
Cuando una firma se coloca en riesgo de bancarrota -explica- debe recortar los beneficios de sus ejecutivos que la llevaron a esa situación, asumir ajustes o incluso liquidarse. Cuando reciben una ayuda excepcional, como esta, desaparecen los incentivos para las correcciones.
Witte está preocupado además por la falta de "transparencia y mecanismos de supervisión" que se desprenden del proyecto oficial.
"La Reserva Federal siempre está advirtiendo que esto es importante en el sistema financiero, y poner ahora toda esta cantidad de dinero en manos del Tesoro, sin un control claro, no me parece que sea la manera en que deban hacerse las cosas", aseguró.
Aprender del pasado
"Lo que hay que hacer ahora es evitar males mayores", dijo a BBC Mundo Isaac Cohen, ex funcionario del Banco Mundial y ex director de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
"Es cierto que hubo decisiones irresponsables, que hubo ligereza en mantener una política monetaria de bajas tasas de interés y actitudes de consumo irracionales... pero dejar ahora que esta crisis se extienda y afecte a toda la economía no es tolerable".
Cohen señala que "ya un gobierno dejó caer la economía esperando que el mercado limpiara todo eso y así caímos en la Gran Depresión".
También recuerda que Ben Bernanke, el presidente de la Reserva Federal, es "una de las autoridades en el país" en el estudio de ese período, por lo que "debe saber a lo que nos exponemos".