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Viernes, 19 de septiembre de 2008 - 21:40 GMT
Riñones al mejor postor
Ayesha Akram
BBC, Lahore

Muhammad Amjad
Amjad es uno de los casi 40 millones de paquistaníes que viven por debajo del nivel de la pobreza.

Muhammad Amjad, de 34 años, es uno de los muchos paquistaníes afligidos por la pobreza y empujados a la desesperación por el reciente incremento en los precios de los alimentos y de los combustibles, como resultado de la crisis global y de la incapacidad del gobierno de coalición de ofrecer suficientes subsidios.

Él trabaja de taxista, en un triciclo motorizado, y en sus cinco minutos de descanso, entre un cliente y otro, saca un rosario y se pone a rezar.

Estos ruidosos medios de transporte, que se pueden escuchar desde lejos -como si fueran zumbidos de langostas- mientras aceleran sus motores de cuatro tiempos, suelen estar decorados con versos o con motivos de colores brillantes.

Pero la parte de atrás del triciclo, que él maneja desde hace casi diez años, está completamente cubierta por un anuncio pintado a grandes rasgos, con letras negras y rojas, sobre una tela blanca.

En él, Amjad da a conocer que está dispuesto a venderle uno de sus riñones, del grupo sanguíneo A+, al mejor postor.

Desesperación

"No tengo ninguna otra opción: mi familia no me puede ayudar y el gobierno no me asiste. ¿Qué puedo hacer?", dice.

Anuncio de Muhammad Amjad
No tengo ninguna otra opción: mi familia no me puede ayudar y el gobierno no me asiste. ¿Qué puedo hacer?
Muhammad Amjad

Él es uno de los casi 40 millones de paquistaníes que viven por debajo del nivel de la pobreza, según datos del Banco Mundial.

Su principal problema es un préstamo de US$4.200 que pidió, hace dos años, para pagar por la atención médica de su madre.

Casi todos los días, la persona que le prestó ese dinero toca en su puerta y le grita.

"Me insulta todo el tiempo y estoy cansado de sentir que no puedo hacer nada", dice Amjad.

La desesperación está impulsando a muchos paquistaníes a tomar medidas peligrosas.

En tres aldeas cerca de Gujranwala, a unos 75 kilómetros de Lahore, un miembro de cada una de las 300 familias que viven allí ha vendido un riñón.

Comercio próspero

Atta Chohan, un residente del área, dice que las historias de muchos de esos vendedores de riñones son similares a la de Amjad.

Riñones
Las historias de muchos de los vendedores de riñones son similares a la de Amjad.

"Con frecuencia, los vendedores son trabajadores de fábricas de ladrillos que han contraído deudas con terratenientes y no pueden pagarlas", dice Chohan.

"Algunos hombres venden sus riñones para pagar las bodas de sus hijas o servicios de salud", señala.

Además de en Gujranwala, el comercio de riñones también prospera en el sur de Punjab, en particular en ciudades como Sargodha. Allí, más de la mitad de los pobladores ha vendido un riñón.

Un economista, el Dr. Qais Aslam, señala que la causa de este negocio floreciente es simple: los pobres están llegando al límite de sus posibilidades.

"La pobreza extrema tiene efectos a corto y a largo plazo. A corto plazo, aumenta la criminalidad, la gente vende a sus hijos y a veces a partes de sí mismos", dice.

"La tragedia de Pakistán es que la mayoría de la población se está viendo obligada a convertirse en carroñera de sí misma", añade.

Los días de suerte

Amjad dice que, a pesar de que trabaja de 10 a 12 diarias, el dinero sólo le alcanza para que su familia pueda comer una vez al día.

Muhammad Amjad
Es imposible vivir con esta cantidad...Yo, por lo menos, me gano la vida honestamente

Si es una buena jornada, gana de US$14 a US$16, de los cuales tiene que gastar unos US$3 en combustible y otros US$3 en pagarle al dueño del triciclo.

"Es imposible vivir con esta cantidad", dice, mientras le corren gotas de sudor por los surcos que la preocupación ha dibujado en su rostro.

El filántropo Abdul Sattar Edhi, conocido popularmente como la Madre Teresa de Pakistán, considera que casos como el de Amjad prueban que este país atraviesa el peor período de su historia.

"Me temo que pronto llegara el momento en que los pobres comenzarán a morirse de hambre", dice.

"Yo nunca antes había visto condiciones tan deprimentes en Pakistán", agrega.

Sin embargo, Amjad señala que él todavía se puede considerar afortunado: hace poco un amigo suyo se suicidó por no poder reunir dinero para pagar la boda de su hija y la hospitalización de su madre.

Muchos de los vecinos de Amjad han empezado a robar teléfonos celulares o a cometer otros delitos menores.

"Yo, por lo menos, me gano la vida honestamente", dice.



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