La Cámara de Diputados argentina aprobó este jueves la reestatización de la empresa de bandera Aerolíneas Argentinas, hoy en picada tras un pasado de alto vuelo.
El plan de la cámara baja modifica la propuesta original de Cristina Fernández.
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Esto ocurre luego de que, en julio, el gobierno y el grupo español Marsans -hasta ahora el accionista mayoritario de la compañía- firmaran un acuerdo para el traspaso de los títulos al Estado.
El plan avalado por la cámara baja modifica algunos aspectos del enviado originalmente por el gobierno de la presidenta Cristina Fernández.
El proyecto impide que Aerolíneas Argentinas vuelva a ser privatizada, como había propuesto el oficialismo. Además estipula que el valor de compra de la empresa deberá ser definido por el Parlamento y no por auditores designados por el gobierno y el grupo Marsans, como se había acordado al principio.
Finalmente, el Congreso exige estar informado sobre los fondos que el Estado destina actualmente a Aerolíneas, cuya situación financiera y operativa es crítica.
Se estima que cada día se gasta US$1,6 millones del bolsillo de los contribuyentes argentinos para mantener la compañía en operaciones.
Según los analistas, el oficialismo debió ceder ante los reclamos de la oposición para evitar que su iniciativa de nacionalización fracasara, lo que hubiera significado otro revés legislativo como el sufrido el mes pasado en el conflicto con el campo.
Ahora el Senado deberá dar su aprobación final al proyecto de reestatización de Aerolíneas Argentinas.
Situación turbulenta
La presidenta Fernández decidió retomar el control de la compañía para sanearla. La transacción incluye la readquisición de la subsidiaria Austral, que opera vuelos domésticos.
El Congreso debe dar luz verde a la nacionalización de Aerolíneas porque la ley que permitió su privatización, a principios de la década de los años 90, impide su regreso al Estado.
La empresa, que tiene una planta de 9.000 empleados, está atrasada en el pago de sueldos y acumula una deuda estimada en US$890 millones, que la oposición no quiere que absorba el Estado argentino.
Tras su privatización la compañía ha sufrido una serie de problemas operativos.
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Parte de la flota de Aerolíneas no está en condiciones de volar. En los últimos meses se han multiplicado las quejas de los pasajeros por el retraso de los servicios o su incumplimiento.
En julio, el gobierno anunció el desembolso de US$50 millones para hacer frente a los salarios y comprar repuestos para algunos aviones averiados.
Fundada en 1950 por el presidente Juan Domingo Perón, Aerolíneas Argentinas llegó a ser una de las mayores compañías aéreas del mundo. Sin embargo, la creciente competencia y una serie de malas gestiones provocaron su declinación.
Fue privatizada en 1991, cuando fue adquirida por la empresa española Iberia -el único oferente- por un monto de US$560 millones.
Luego cambió de manos para ser gestionada por American Airlines, la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), de España, y en los últimos siete años el grupo Marsans. Pero en ningún caso la compañía logró levantar vuelo.
Expertos han denunciado que, tras su privatización, Aerolíneas Argentinas fue progresivamente desmantelada.
Ola de nacionalizaciones
La re-estatización de la línea de bandera es una de las tantas encaradas en los últimos años, primero por el gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007) y ahora por el de su esposa, Cristina Fernández, con la intención de que el Estado intervenga más activamente en la economía.
Según los analistas, las nacionalizaciones en Argentina se suman a las que ya han realizado Hugo Chávez, en Venezuela, y Evo Morales, en Bolivia, para revertir reformas neoliberales aplicadas durante décadas.
Este proceso involucra a sectores como hidrocarburos, telecomunicaciones y servicios públicos, entre otros.
Muchas empresas argentinas pasaron a manos privadas durante la gestión de Carlos Menem (1989-1999).
Entre las que han sido recuperadas por el Estado figuran el Correo Argentino en 2005 y Aguas Argentinas en 2006.