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Lunes, 21 de julio de 2008 - 16:32 GMT
Doha: ¿podrá terminar el maratón?
David Loyn
BBC

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Este no parecería ser el mejor momento para un histórico acuerdo de libre comercio mundial.

El mundo está al borde de una crisis económica y la incertidumbre sobre los precios de alimentos ha impulsado el proteccionismo en algunos de los principales países exportadores de alimentos.

La presión política sobre el problema del precio de la comida es muy clara en países como Argentina, mientras que otros quieren mantener la flexibilidad de imponer tarifas altas en importaciones para proteger a sus agricultores.

Pero más que nada, éste es un momento coyuntural para la política internacional -por lo menos entre los líderes del mundo desarrollado- que desean terminar el trabajo iniciado hace siete años en Doha y reducir las tarifas al comercio global.

El comisionado europeo de Comercio, Peter Mandelson, pronostica un porcentaje de éxito del 50%.

Dice que aunque el incremento en la actividad económica "se mide en decenas de miles de millones de euros al año, dependerá en la naturaleza del acuerdo final alcanzado en las negociaciones más recientes".

El presidente de la Organización Mundial de Comercio (OMC), Pascal Lamy, ha sido más optimista y da un 60% de probabilidades de éxito.

En busca de consenso

En los últimos meses, Lamy ha viajado por el mundo de manera incansable en busca del consenso necesario, en un juego que ha sido comparado con jugar un "ajedrez tridimensional".

Este lunes se realiza una reunión formal con todos los representantes, con lo que inicia una maratónica serie de conversaciones que se prevé que se extiendan por varios días y noches.

Si no hay un acuerdo esta semana, la Ronda de Doha estaría muerta, ya que las elecciones presidenciales en EE.UU. están muy cercanas.

En el corazón del debate, están las exigencias de los países en vías de desarrollo para que les sean reducidas las tarifas para tener acceso a materia prima desde el exterior -acceso al mercado no agrícola- como se le conoce en la OMC.

Esperan conseguir acceso libre a otros mercados para vender sus productos -por ahora mayoritariamente agrícolas- en todo el mundo.

Los países más pobres -en teoría- no pagan tarifas en productos básicos que venden a los países de la Unión Europea (UE) y EE.UU., pero sí pagan aranceles por alimentos procesados.

Peter Mandelson
Peter Mandelson busca que los países desarrollados den más opciones para negociar.

Entonces, para beneficiarse de un régimen de comercio más libre, tendrán que prepararse para construir fábricas, y dar un valor agregado a los productos agrícolas procesados.

Ahora tienen una nueva oportunidad para hacer esto, debido a que el incremento en los precios de los alimentos ha cambiado un aspecto de la "compleja ecuación" en una dirección muy positiva, haciendo más atractivo invertir en agricultura, particularmente en África.

Los subsidios a los granjeros deben de reducirse en el mundo desarrollado -en particular de EE.UU., Japón y en la UE, en busca de hacer el acuerdo más atractivo para los países en desarrollo.

En Europa se han reducido algunos subsidios, y se ha cambiado la manera en que se dan apoyos a sus productores de manera que no se altera el comercio y dentro de las reglas establecidas.

Pero el mundo industrializado ahora exige que las grandes economías emergentes -especialmente China y la India- reduzcan también sus tarifas.

La lucha de Mandelson

Esa fue la raíz del conflicto entre Peter Mandelson y el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, el mes pasado.

Mandelson busca mayor flexibilidad para forzar más concesiones, particularmente de Estados Unidos e India, y no quería que el sentimiento de los agricultores franceses se interpusiera en su camino durante las negociaciones.

Los ministros de comercio de Europa se han reunido previamente en Ginebra para elaborar una postura unida durante las negociaciones, en un momento en el que el Primer Ministro británico, Gordon Brown, dijo que un acuerdo esta "a una distancia muy alcanzable".

En una rueda de prensa, Brown dijo que -en las conversaciones- "ahora estamos a un minuto de la media noche".

Si la medianoche -el fin de este mes- llega sin un acuerdo, el sistema de comercio global no colapsará, pero significará el final de un largo período de maniobras sin precedentes en una dirección: abrir mercados, el motor de la globalización.

También se debilitaría el principio multilateral del sistema global de comercio, que se basa en el respeto de las reglas.

Países, y bloques comerciales como la UE, adoptarán relaciones bilaterales para alterar los términos de comercio entre si, un estado de la cuestión que favorecerá a los más fuertes.

Pero pese a todo esto, hay un creciente consenso entre Organizaciones No Gubernamentales (ONG) que trabajan en las economías en desarrollo y que consideran que "no hay mejor acuerdo que un mal acuerdo".

Contenedores de tren en China
Las economías emergentes como China e India tienen que dar concesiones para negociar.

Las ONG señalan que el objetivo principal de la Ronda de Doha era remediar las desigualdades en el sistema de comercio global que parece estar diseñado en contra de los países pobres y de no ofrecer oportunidades para el sector de los servicios en el mundo desarrollado.

La globalización ha proveído una prosperidad sin precedentes -pero sólo para una minoría de la raza humana- y sus detractores consideran que la "ayuda por comercio" ofrecidos en el paquete de Doha, no da las soluciones necesarias para que los pobres puedan salir de su situación precaria.

Agenda para el desarrollo

La mayoría de los países en desarrollo obtienen gran parte de sus ganancias gubernamentales de los aranceles, y un estudio del Banco Mundial ha mostrado que la mayoría no verán ganancias inmediatas como consecuencia del acuerdo de Doha, tal y como se presenta actualmente.

El estudio sugiere que las pérdidas en ganancias arancelarias en el mundo en desarrollo sobrepasan los beneficios esperados a un nivel de cuatro a uno- US$63 mil millones, contra US$16 mil millones.

Y la mayoría de los beneficios no irán hacia los países más pobres de África, pero sí a un selecto grupo de economías emergentes- Argentina, Brasil (que se espera reciba el 23% de los beneficios), China, India, México, Tailandia, Turquía y Vietnam.

Los opositores al acuerdo, recuerdan la historia de las economías más exitosas que en su momento impusieron tarifas arancelarias para cuidar a sus frágiles industrias nacientes.

La lista de "productos especiales" que los países podrán proteger bajo las reglas de Doha es uno de los temas más polémicos a negociar.

Pero un nuevo acuerdo no debe de ser solamente una competencia entre banqueros y fábricas del mundo desarrollado contra los agricultores de países en desarrollo.

Una ronda ambiciosa también debe buscar que se reduzcan las barreras comerciales entre las economías en vías de desarrollo.

Durante los siete años de las rondas de Doha una nueva arquitectura global ha surgido, en donde China -es con mucho- el más fuerte socio comercial de muchos países africanos y se ha convertido rápidamente en el más importante consumidor de energía y alimentos provenientes de Brasil.

Pero para beneficiarse más de las nuevas reglas internacionales de comercio, las grandes economías emergentes, en particular China, India y Brasil, también tendrán que hacer concesiones.

Y es por eso que se espera que las negociaciones duren muchos días, noches y largas horas esta semana.



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