A principios del año pasado el INDEC fue intervenido por el gobierno.
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La inflación ha sido tradicionalmente una de las mayores "plagas" de la economía argentina y, después de haber atacado en varias ocasiones en las últimas décadas, este año parece haber renovado su amenaza.
Hoy, pocos niegan el hecho de que los precios están aumentando y que, cuando suben, rara vez vuelven a su nivel anterior.
Sin embargo, la magnitud de la inflación es motivo de controversia desde que el gobierno de Néstor Kirchner, esposo de la actual presidenta, Cristina Fernández, intervino el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) a principios del año pasado y desplazó a varios de sus técnicos.
El INDEC es el organismo encargado de medir los principales indicadores económicos de Argentina.
Desde entonces, empleados y ex empleados de la entidad han protestado para rechazar la presunta "manipulación" de las cifras que realiza el gobierno, aparentemente con el fin de mostrar una imagen más favorable de lo que sucede en el país, sobre todo en materia de inflación.
Esto es algo que tanto Kirchner como Fernández han negado. Ambos aseguran que la intervención del INDEC se debió a la necesidad de cambios en el organismo para mejorar la cuantificación de las variables económicas.
Dudas
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Para quienes hacemos las compras es tremendo. Mi sueldo no alcanza para nada
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Sin embargo, hay economistas que sospechan de las intenciones del gobierno. Uno de ellos es Martín Krause, del Centro de Investigación de Instituciones y Mercados de Argentina (CIIMA).
Para él, las autoridades quieren controlar el INDEC por dos razones: "La primera es política, es decir, intentan obtener rédito electoral tratando de convencer a la gente de que la inflación no es un gran problema".
"La segunda es financiera. En este caso el objetivo es reducir la deuda de Argentina, porque los intereses de los bonos que el país ha emitido en los últimos años están ligados al índice de precios", explicó Krause a BBC Mundo.
A pesar de que los gobiernos de Kirchner y Fernández han repetido una y otra vez sus justificaciones, las dudas persisten.
Dos realidades
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Tenemos que mirar muy bien en qué gastamos el dinero porque, si no, no llegamos a fin de mes
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Lo cierto es que hay una gran discrepancia entre la inflación que muestran las cifras oficiales y la que perciben los economistas independientes y el público en los comercios.
Por ejemplo, el gobierno afirma que el alza de precios en 2007 fue del 8,5%, mientras que varios especialistas aseguran que fue varias veces mayor.
Asimismo, los argentinos sienten que sus salarios no han crecido al mismo ritmo que la inflación.
"Para quienes hacemos las compras es tremendo. Mi sueldo no alcanza para nada. Por suerte tengo la ayuda de mi marido y mis hijas, porque si fuera yo sola...", comentó a BBC Mundo Norma García, una jubilada que paseaba por el centro de Buenos Aires.
"Ya hemos cambiado los hábitos. De a poquito uno se desprende de pequeños lujos que antes se podía dar. Tenemos que mirar muy bien en qué gastamos el dinero porque, si no, no llegamos a fin de mes".
"La inflación está muy mal", advirtió por su parte Carlos, un empleado de la city porteña. "Pienso que hay un 40% de incremento en los precios y no creo que esto cambie. Los salarios van mal".
"Fantasmas" del pasado
La historia reciente ha contribuido a que los argentinos se vuelvan "sensibles" a la inflación. Pocos olvidan la hiperinflación que afectó al país fines de la década de los años 80, cuando gobernaba Raúl Alfonsín.
Después de los cimbronazos vividos durante la gestión de Alfonsín (1983-1989), el presidente Carlos Menem logró controlar los precios recurriendo a la denominada "convertibilidad", un mecanismo que establecía una paridad de uno a uno entre el peso y el dólar.
Durante el gobierno de Fernando de la Rúa, entre 1999 y 2001, la crisis se tornó insostenible.
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Pero la receta de Menem (1989-1999) terminó siendo una trampa porque convirtió a Argentina en un país caro y poco competitivo, situación que golpeó sus exportaciones y lo sumió en la recesión.
La crisis se volvió insostenible y el presidente Fernando de la Rúa (1999-2001) se vio forzado a renunciar a su cargo. Se desencadenó, entonces, el mayor colapso financiero de la historia argentina reciente, que incluyó, entre otras "desgracias", la devaluación del peso y el regreso de la inflación.
El gobierno interino de Eduardo Duhalde (2002-2003) y el siguiente de Néstor Kirchner (2003-2007) reactivaron la economía y frenaron el aumento de precios.
Pero ya al final de la administración de Kirchner, los economistas advirtieron que la inflación era inevitable en un país como Argentina, que crecía a un ritmo anual del 8% sin haber podido despojarse de la incertidumbre.
Hoy los observadores coinciden en que el alza de precios es uno de los mayores desafíos que enfrenta la presidenta Fernández desde que tomó posesión hace más de seis meses.
Para ellos, resolver la situación del INDEC sería un primer paso para restablecer la confianza en la economía y, por lo tanto, comenzar a erradicar la persistente "plaga" inflacionaria.