Las exportaciones agropecuarias -y no tanto el crédito- han sido el motor del crecimiento de Argentina.
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Si se habla del crédito, Argentina parece ir a contramano del resto de América Latina: los préstamos no abundan y tampoco han sido el motor del crecimiento económico.
Aquí la "penuria" crediticia no responde a la crisis del mercado inmobiliario estadounidense, como ocurre en otras partes del mundo, sino más bien a causas internas.
Superado el colapso financiero de 2001, Argentina ha logrado crecer a un ritmo anual de un 8%, uno de los mayores de América Latina.
Pero curiosamente, no lo ha hecho con ayuda del crédito, como podría pensarse, sino gracias a las exportaciones agropecuarias, que le han reportado grandes dividendos debido al aumento de los precios internacionales de las materias primas.
Ciertamente, los préstamos escasean y los pocos que hay son a corto plazo. Una de las principales razones de este fenómeno es la desconfianza de los argentinos.
Pocos olvidan que, a partir de 2001, sus ahorros quedaron encerrados en el llamado "corralito" financiero con el que las autoridades trataban de evitar un "sangrado" del sistema bancario.
Muchos lo vieron como una "confiscación" de sus depósitos.
"El fantasma del "corralito" sigue dando vueltas en el imaginario popular", comentó a BBC Mundo el economista Alan Cibils.
"Si bien la posibilidad de que vuelva a ocurrir no tiene sustento real, muchos argentinos salen a resguardar su dinero cada vez que escuchan algún rumor".
Resentido
Pero la desconfianza no sólo se debe al "corralito". En tiempos de crisis, el peso sufrió una fuerte devaluación y numerosas personas se refugiaron en el dólar, divisa que hasta hoy es vista como una tabla de salvación frente a la "fragilidad" de la moneda nacional.
El conflicto entre el gobierno y el campo genera incertidumbre entre los ciudadanos.
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A esto se sumó el hecho de que Argentina se declaró en "default", es decir, incapaz de pagar su deuda externa.
"El crédito hipotecario hace tiempo que está resentido en Argentina. Los préstamos para el consumo, también, y se otorgan cada vez en menos cuotas", resumió Cibils.
"Similarmente, el crédito para las empresas medianas o pequeñas se ha visto restringido".
Se calcula que los préstamos bancarios a la totalidad del sector privado han caído del 23% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2000 al 13% del PIB en la actualidad, un porcentaje bastante bajo en comparación con Europa y el resto de América Latina.
En cuanto al financiamiento externo, Cibils explicó que prácticamente el único crédito que obtiene el gobierno proviene de la emisión de bonos de deuda, que en los últimos años han sido comprados casi exclusivamente por Venezuela.
Inflación
Los analistas sostienen que no sólo la desconfianza -una constante desde la crisis de 2001- ha puesto freno al crédito, sino también la creciente inflación.
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Muchos argentinos salen a resguardar su dinero cada vez que escuchan algún rumor
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"El problema es que el gobierno niega el aumento de precios", explicó Cibils.
"Ha intervenido el organismo que mide el índice inflacionario, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), y las cifras que publica son cuestionadas por la mayoría de los analistas independientes".
Según el economista consultado por BBC Mundo, una medición "poco confiable" desalienta a los bancos a otorgar préstamos de mediano y largo plazo.
Asimismo, produce incertidumbre entre los consumidores, que prefieren no comprometerse a tomar un crédito que tal vez no puedan pagar en el futuro.
Y los que tienen dinero, ya sea en mano o en depósitos bancarios, prefieren resguardarlo comprando dólares o electrodomésticos, colocándolo "bajo el colchón" o sacándolo del país.
"Otros, los que están en mejor posición económica, adquieren bienes durables como inmuebles o automóviles", completó Cibils.
No sorprende, entonces, que Argentina viva un "boom" inmobiliario y que, tan sólo en 2007, la venta de carros nuevos haya alcanzado el récord histórico de 570.000 unidades patentadas.
Conflicto agrario
Algunos economistas afirman que el crédito se ha retraído aún más por el conflicto que el gobierno y el campo mantienen desde marzo.
Después del colapso financiero de 2001, los argentinos desconfían del sistema bancario.
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"Como no se sabe qué va a pasar con esta disputa, mucha gente ha dejado de renovar depósitos a plazo fijo y ha retirado su dinero de las cuentas bancarias para comprar dólares", explicó Cibils.
Como consecuencia, se ha producido una baja en la liquidez, lo que significa menos dinero disponible para préstamos.
Todo este cuadro de situación se resume en una preocupación fundamental para los analistas: que, sin crédito, Argentina no puede seguir creciendo al ritmo que ha exhibido en los últimos años.
Algunas señales de desaceleración de la economía, tales como la inflación y un menor consumo, parecen confirmar sus temores.