En los bazares de la India el regateo y las ofertas son cosa corriente.
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Los pequeños y tradicionales bazares y comercios indios llegaron para quedarse, a pesar de funcionar en una escena aparentemente caótica, y a pesar también de los esfuerzos de las grandes corporaciones por ganar ese mercado.
Olores, paisajes y sonidos
asaltan los sentidos en
cualquier lugar de India. Y cuando se trata de ir de compras, no es la excepción.
En los bazares de Nueva Delhi, la capital, las diminutas tiendas se aglomeran, brindando una sorprendente elección de ofertas y regateos.
Hay de todo, las especias más fuertes y olorosas, saris para boda con magníficos adornos y telas brillantes, fantásticos fuegos artificiales hechos a mano, y ruedas de fuego explosivo que giran frente a las tiendas y son más altas que un hombre.
El ruido es incesante.
Agrupados cerca de la estación ferroviaria local, en un barrio de las afueras de Bombay, cientos de vendedores ambulantes en cuclillas ofrecen una extraordinaria selección de radiantes hortalizas frescas, zanahorias y hojas de curry verde, así como impresionantes montones blancos de ajo, expuestos para su venta.
Una multitud observa como un hombre cocina vada (una tradicional fritura india), friendo los buñuelos dorados sobre el fuego que sale de su carrito.
En India, dicen que hay 12 millones de diminutos puntos de venta como éste.
Pero mientras el país se apresura a sumarse a las economías más poderosas de mundo, las grandes corporaciones son las nuevas fuerzas de acopio para organizar la aparentemente caótica escena que estos ofrecen.
Nuevas experiencias
Numerosos centros comerciales se despliegan en el paisaje de las afueras de las grandes ciudades.
Los supermercados de pequeños vecindarios en el centro de los pueblos comienzan a usar aire acondicionado y máquinas de autoservicio.
En Bangalore, la capital de la alta tecnología en el sur de la India, los consumidores parecen encantados con su nueva experiencia de comprar en el supermercado del barrio, propiedad de una gran corporación india que celebra su primer aniversario.
"Todo bajo un mismo techo y más barato", decía un estudiante.
Una pareja que viajó casi cinco kilómetros para llegar al lugar a hacer sus compras opinó que: "Esto va a crear una explosión de negocios".
Para competir con los puntos de venta en las calles, los nuevos supermercados hacen hincapié en la frescura de sus productos.
En Bangalore, la espinaca había llegado a las estanterías apenas seis horas después de ser recogida.
A pesar de que aquí hay algunos de los peores atascos de tráfico del mundo, las hortalizas se entregan dos veces al día.
Alborotadas protestas
Las tradicionales tiendas de los vecindarios han sentido también los efectos.
Los comerciantes y vendedores ambulantes en las calles de Nueva Delhi se quejan de que los ingresos se han reducido a la mitad en los últimos meses, desde la apertura de dos nuevos supermercados.
En varias ocasiones, los activistas locales han hecho protestas que han obligado a los nuevos comercios a cerrar sus puertas.
Dicen que la entrada de tiendas de estilo occidental afectará el medio de vida de 50 millones de personas.
En comparación con los grandes almacenes, las diminutas tiendas no disponen de mucho, pero ofrecen un servicio extraordinario.
Sólo a unos pasos de abarrotados edificios y departamentos, estos comerciantes conocen a sus clientes de manera íntima.
A las once de la noche, puedes regresar a tu casa con un crédito por haber comprador tan sólo un cigarrillo.
En los países ricos ya no se compra así desde hace décadas.
El año pasado, se esperaba que grandes corporaciones multinacionales de venta al por menor entrarían a India, pero no ocurrió.
Nuevos mercados
La ley les prohíbe a las tiendas extranjeras vender productos que no sean de su propia marca.
Esto no causa problemas a las franquicias de Nike, Body Shop, o Marks and Spencer, pero ninguna de las tiendas de venta al por menor extranjeras están permitidas.
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India es diferente, y esto es lo que a la India le gusta
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En lugar de ello, las compañías foráneas tratan de entrar creando empresas conjuntas, a través de las que intentan disimular sus nombres, o abren enormes almacenes e insisten en que éstos sólo se dedican al comercio minorista para hoteles y restaurantes.
Los políticos indios temen por el cabildeo de la venta al por menor y por perder el voto de cientos de millones de agricultores.
Las nuevas cadenas de supermercados indias están tratando de mejorar su reputación.
El nuevo supermercado Reliance Fresh en Bangalore.
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La empresa subsidiaria del gigante de telecomunicaciones Barti me mostró su nuevo centro de formación agrícola.
En Punjab se les ha enseñado a los agricultores de trigo y arroz cómo producir cuatro cultivos al año de productos como el frijol francés o el maíz, para el mercado local y también para su exportación y venta en
supermercados de Europa.
Sin importar lo que las nuevas cadenas de supermercados afirmen, y a pesar del terrible hecho de que miles de granjeros gravemente endeudados en varias partes de India se hayan suicidado en años recientes, la compleja cadena tradicional de suministro en el país es notable.
No es extraño que los políticos se resistan a dar paso a los operadores extranjeros.
Viejas inspiraciones
Una empresa minorista local llamada Pantaloon tiene un enfoque muy diferente, y ha dejado pasar por alto el atractivo estilo de compras de los países ricos.
Su base está en Bombay y sus grandes tiendas se inspiran en el clamor de los bazares tradicionales.
Para las organizadas tiendas de las multinacionales, los grandes bazares parecen un ruidoso caos de tiendas en pasillos, con productos apilados en el piso y extravagantes ofertas.
Compra un limpiador líquido y llévate uno gratis, por ejemplo.
"India es diferente," dice el jefe que me muestra el lugar.
"Y esto es lo que a India le gusta."
A Pantaloon le va bien, al menos por el momento.
A pesar de lo que ofrezcan los nuevos grandes almacenes, comprar en este país será todavía por un buen tiempo un continuo estímulo a los sentidos.