El premier del Reino Unido no acudió a la cumbre por la presencia del líder de Zimbabue.
|
La cumbre entre la Unión Europea y los países africanos que tendrá lugar este fin de semana en Portugal ha ocupado varios espacios en los diarios y los medios de comunicación en ambos lados del Mediterráneo antes de siquiera comenzar... y no son precisamente buenas noticias.
La decisión del primer ministro británico, Gordon Brown, de no asistir a la reunión de Lisboa para no encontrarse con el presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, cuyo gobierno es acusado por Londres de violar los derechos humanos, fue la primera piedra en el camino.
Mugabe ha sido un elemento de conflicto en todas estas cumbres. El antecesor de Brown, Tony Blair, se negó a viajar al Cairo 7 años atrás a la primera de estas reuniones por el mismo motivo.
En 2003, un encuentro en Lisboa fue cancelado porque algunas naciones africanas lo boicotearon debido a que Mugabe no había sido invitado.
Otra mancha para la reunión fue la carta abierta publicada esta semana por algunos de los mejores escritores de ambas orillas acusando a los líderes de los países participantes de "cobardía política" por no incluir sesiones especiales para tratar la situación de los habitantes de Zimbabue y Sudán.
Autores europeos entre los que se encontraba Vaclav Havel y Guenter Grass, y africanos como Wole Soyinka, J.M. Coetzee y Nadine Gordimer, consideraron que los jefes de Estado anteponían su "deseo de evitar confrontaciones al sufrimiento de millones".
Pero además de los temas directamente vinculados con la cumbre, las relaciones entre Europa y particularmente el norte de África han ocupado varias páginas de la prensa en estos últimos dos meses por noticias que reflejan los años de encuentros y desencuentros entre ambas regiones.
Reyes, presidentes y colonialismo
El viaje de los Reyes de España a los enclaves españoles de Ceuta y Melilla a comienzos de noviembre despertó una ola de reacciones en Marruecos que cobraron forma en movilizaciones populares, el retiro del embajador marroquí de Madrid y una inédita condena del monarca Mohamed VI.
Marruecos protestó por la visita de los reyes de España a Ceuta y Melilla.
|
El rey marroquí dijo que la primera visita en 32 años de reinado de Juan Carlos de Borbón y la reina Sofía a estos territorios ubicados en el norte del continente africano, hería los sentimientos de sus súbditos.
Otro que recibió críticas fue el presidente francés, Nicolás Sarkozy, en su última visita a Argelia, cuando funcionarios del gobierno recordaron que Francia no se había disculpado por los años de colonialismo, años que el mandatario galo calificó de "profundamente injustos" una vez que pisó suelo argelino.
"Evidentemente las heridas siguen latentes", dijo a BBC Mundo el profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid, Pedro Martínez Montávez.
El analista agregó que en el presente existe también una penetración económica "que no siempre es equilibrada y los beneficios que se producen allá son menores de lo que tendrían que ser o los que se reciben en Europa", lo que no ayuda a cerrar esas viejas heridas.
El pasado no deja de tener su costo en este intercambio comercial. Louis Michel, el jefe de Desarrollo de la UE, dijo antes de la cumbre de Lisboa que a veces es más fácil para China hacer negocios en África porque nunca fue un poder colonial en ese territorio.
Ositos y ONG's
Las heridas entre ambos continentes se resintieron aún más estos meses por dos noticias que ocuparon la primera plana de la mayoría de los medios de comunicación: el caso de la organización no gubernamental francesa Arca de Zoé en Chad y de la maestra británica en Sudán.
Un problema entre Francia y Chad fueron los niños que trasladaba el Arca de Zóe.
|
A fines de octubre, la justicia de Chad acusó a nueve ciudadanos franceses de secuestrar a 103 menores para llevarlos a Europa. Siete españoles que tripulaban el avión fueron acusados de complicidad. La ONG dijo que eran huérfanos que evacuaban de Darfur.
Un mes después, la maestra británica Gillian Gibbons fue condenada a 15 días de prisión en Sudán por permitir que sus alumnos le pusieran el nombre de Mahoma a un oso de peluche. En un primer momento se habló de una pena de 6 meses más 40 latigazos.
"Quizás se actúa de esta forma porque se sigue creyendo en Europa que en África todo es posible, por reflejo colonial o por esta imagen que se transmite de un continente necesitado, todavía hay gente que piensa que allá todo es válido", señaló a BBC Mundo el especialista en África de la Universidad Autónoma de Barcelona, Antoni Castell.
"Yo no creo posible que ninguna ONG fuera capaz de hacer lo mismo en un país asiático como Tailandia o la India. Que llegaran a una ciudad india y comenzaran a embarcar niños de la calle aunque el fin último fuera presentado como benéfico".
En el segundo caso, Castell consideró que la maestra británica "quizás no valoró lo suficiente la sensibilidad de los pueblos que profesan el Islam acerca del respeto a su profeta".
"Pero yo también creo que a nadie cabal se le ocurre ir a Polonia, por poner el caso de uno de los países más católicos de Europa, y llamar a su perro Jesucristo, porque sabría que esto dañaría la sensibilidad de los otros".
Coincidencias y diferencias
"El asunto vinculado con la profesora británica ha adquirido sobre todo una dimensión de carácter religioso, mientras que el otro tiene una dimensión más bien humana. A mí me parece más grave lo ocurrido en Chad porque la cuestión de la profesora es una iniciativa personal pero el caso de la ONG es una iniciativa colectiva", opinó el profesor Martínez Montávez.
El Reino Unido y Sudán polemizaron por la detención de esta profesora británica.
|
"Pero también es cierto que el osito ha producido un daño innegable en lo que podríamos denominar una nueva oportunidad para la aparición de islamo-fobia en Europa y de cristiano-fobia en un contexto islámico".
Ambos casos comparten un elemento en común. Tras la detención de los europeos en suelo africano, funcionarios europeos viajaron a Chad y a Sudán para pedir por sus ciudadanos, algo difícil de imaginar en una situación inversa.
En Chad aterrizó el presidente francés quién logró con su visita la liberación de tres periodistas galos y parte de la tripulación española. En Sudán, diplomáticos británicos consiguieron que la maestra no cumpliera toda su condena.
"El dirigente africano -y sobre todo el dirigente musulmán- habría encontrado muchísimas más dificultades por parte de la administración europea y de la opinión pública europea para tomar una iniciativa similar a la del presidente Sarkozy", concluyó el profesor Martínez Montávez.