Cuando en febrero de 2007 las diferentes facciones del gobierno iraquí aprobaron un proyecto de ley de explotación petrolera, el primer ministro Nuri al-Maliki dijo que el acuerdo "era un regalo para todos los iraquíes". Pero el regalo nunca llegó.
El petróleo también se ha convertido en punto de desencuentro entre los iraquíes.
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Durante la primera mitad del año, el proyecto generó debates y más debates en el Parlamento iraquí pero nunca fue aprobado. En esta segunda mitad del año, nada parece haber cambiado.
Al-Maliki lo considera "la ley más importante del país", los inversores externos lo ven como la gran oportunidad de poner sus manos en vastas extensiones de crudo de la mejor calidad y el gobierno de Estados Unidos apuesta a que sea un instrumento de cohesión entre las facciones iraquíes. ¿Por qué entonces nadie se pone de acuerdo?
"El gobierno anda débil desde hace dos o tres meses, hay coaliciones que se han retirado -quizá la ley del petróleo está detrás de estas deserciones-, y el Parlamento también sufre estas mismas crisis", explicó a BBC Mundo el politólogo jordano Fares al Fayez.
"El petróleo en Irak está concentrado en el norte y en el sur. El centro tiene poco petróleo. La ley favorece a los chiitas en el sur y a los kurdos en el norte. La parte del centro (sunita) queda a mi juicio privada de los ingresos del petróleo", dijo al Fayez.
Pero los defensores de la ley dicen que reparte las ganancias de forma equitativa, ya que el dinero que ingrese será repartido entre las 18 provincias iraquíes, según la cantidad de habitantes de cada provincia, pero esto no parece satisfacer a los sunitas.
La carrera por los contratos
Conscientes de lo escaso de las reservas petrolíferas en "su parte de Irak", los sunitas quieren un Ministerio Nacional de Petróleo fuerte, que tenga un control firme sobre todos los contratos firmados con compañías internacionales y sobre la explotación de los campos petrolíferos en todo el territorio.
El ministro iraquí del Petróleo se opone a que las regiones negocien acuerdos con el extranjero.
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Chiitas y kurdos, por su parte, buscan una mayor autonomía regional al momento de negociar contratos y decidir cómo y dónde excavar la tierra, pero eso no significa que ambos grupos -integrantes exclusivos de la coalición de gobierno- se lleven bien entre ellos.
La última de todas las peleas que este proyecto de ley ha generado tiene como contendientes a las autoridades kurdas por un lado y al ministro de Petróleo, el chiita Hussain al-Shahristani.
Uno de los motivos de la disputa son los acuerdos firmados por el Kurdistán con compañías petroleras internacionales, como la estadounidense Hunt Oil Company antes de que la ley federal sea aprobada.
El ministro dijo a la prensa que esto mostraba "una seria falta de cooperación que hace preguntarse a muchos si ellos (los kurdos) realmente van a trabajar dentro de lo que estipula la ley federal".
"La explotación de los nuevos pozos petroleros está dentro de las competencias del Parlamento kurdo", indicó a BBC Mundo el representante del Kurdistán ante España y Portugal, Carlos Kurdi, y agregó:
"Por otro lado, la ley del petróleo debía haber sido aprobada en el Parlamento iraquí hace meses. El gobierno del Kurdistán iraquí cerró un acuerdo con el gobierno nacional que sólo tenía que ser ratificado por los legisladores. Sin embargo el Ministerio de Petróleo volvió a retocar la ley y esas modificaciones son el actual problema".
Unir o desunir, esa es la cuestión
El gobierno de George W. Bush considera la ley del petróleo como una de las grandes asignaturas pendientes del gobierno iraquí y su aprobación como un requisito indispensable para evitar mayores divisiones entre sunitas, chiitas y kurdos.
Muchos se preguntan dentro y fuera de Irak qué pasará si el proyecto no se convierte finalmente en ley y los más pesimistas vaticinan una división del país causada por los intereses petroleros.
No todos están contentos con el papel de las trasnacionales en la explotación petroquímica.
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"Yo no estoy convencido que el petróleo por sí solo puede mantener unido al país, creo que hace falta voluntad política para eso. Pero es cierto que los ingresos petroleros constituyen el mayor ingreso y una distribución equitativa de este dinero sería el cemento que uniría los diferentes intereses de las regiones", señaló a BBC Mundo el experto en petróleo Bill Farren-Price.
Pero el vice-editor de la publicación Estudios Económicos sobre Medio Oriente advirtió que si la ley no se aprueba "el sector petrolero, que tradicionalmente provee 90% de los ingresos de todo el país, seguirá en los niveles actuales de producción, que son muy pobres".
"La ley sienta las bases de un marco legal en el que las compañías internacionales pueden invertir en Irak, y sin ese dinero será muy difícil para esta nación elevar los niveles de producción anteriores a la invasión de EE.UU. de 2003".
Antes de la invasión, Irak producía tres millones y medio de barriles por día. Actualmente produce unos 2 millones.
Todos en Irak quieren que estos números se reviertan, pero no todos están contentos con el papel de las compañías internacionales en la explotación de este recurso, que ha pertenecido al Estado durante los últimos 35 años.
De aprobarse, esta ley garantiza un sistema de contratos a largo plazo con las compañías petroleras extranjeras que se comprometen a invertir en infraestructura a cambio de una alta proporción de los ingresos.
Mientras el debate continúa, el "regalo a los iraquíes" como lo definió al-Maliki, sigue sin abrirse.