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Viernes, 24 de agosto de 2007 - 14:28 GMT
Un poco de dinero y grandes cambios
Clare Davidson
BBC, Unidad Financiera

Mujeres indias haciendo artesanías.

Todo comenzó cuando Joyce Wafukho, que entonces tenía 30 años, descubrió que algo faltaba en el mercado de su pueblo en Kenia.

"No había ferretería", explica Mary Ellen Iskenderian, quien visitó a Joyce en septiembre de 2006, después de convertirse en directora de la organización no lucrativa Banco Mundial de la Mujer.

"Pidió prestado a sus familiares y usó algunos ahorros para empezar a vender clavos y tornillos en un puesto", dice Iskenderian.

También vendía tomates, "que no son materiales de construcción muy comunes", se ríe Iskenderian.

Pero Joyce necesitaba una inversión más fuerte. "Aunque trató, no pudo conseguir un crédito bancario de ninguna manera", recuerda la funcionaria.

Y entonces oyó hablar del fondo Financiero de Kenia para las Mujeres (KWFT por sus siglas en inglés), y pidió un préstamo de US$70.

Ese dinero revolucionó su negocio.

Otros beneficios

De hecho, el préstamo hizo más que eso.

El préstamo también mejoró de manera considerable las perspectivas de los tres hijos de Joyce, le permitió a su hermana estudiar un doctorado y creó empleos en la comunidad.

Alicia Hernández muestra a Mary Ellen Iskenderian (izq.) la ropa que hace.
Mary Ellen Iskenderian disfruta viendo el resultado de los proyectos que financia.

Siete años después, Joyce tiene más de 20 empleados en su ferretería, dice Iskenderian, visiblemente contenta de contar la historia.

"Esta una de las partes más emocionantes", agrega. "El empleado más reciente es su esposo, que se había tenido que ir a trabajar como policía en otro poblado".

"Los micro créditos pueden ayudar a las mujeres, pero también pueden reunir a las familias", dice Iskenderian.

"Diferencia real"

La historia de Joyce, contada durante una pequeña reunión sobre microfinanciamiento en la Bolsa de Valores de Londres, hizo sonreír a inversionistas y académicos por igual.

Lo que es emocionante es que una hace que las cosas sean diferentes
Mary Ellen Iskenderian, directora del Banco Mundial de la Mujer

Puede ser sólo la historia de una mujer de Kenia, pero sirve para ilustrar la forma en que los créditos pequeños pueden ofrecer independencia y control a las mujeres.

El Banco Mundial de la Mujer tiene una red de instituciones microfinancieras que ayudan a mujeres de bajos ingresos.

Las organizaciones locales pueden ofrecer apoyo, asesoría, tecnología y hasta espacio para que un proyecto crezca.

Iskenderian, quien trabajó 17 años en La Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial y ha trabajado en el banco de inversions Lehman Brothers, habla sobre el gusto que da encontrar a las mujeres que obtuvieron un crédito.

"Lo que es emocionante es que una hace que las cosas sean diferentes", dice.

Premio Nobel

La idea de que una pequeña suma de dinero puede cambiar las cosas no es nueva.

María Bautista en su taller de México.
Al contrario de los hombres, las mujeres invierten en su salud, sus hijos y su casa.

Pero los esquemas de microfinanciamiento han cobrado cada vez más interés, especialmente desde que el economista bengalí Muhammad Yunus y el Banco Grameen ganaron el Premio Nobel de la Paz en 2006.

Yunus, quien fundó el banco en 1983, fue un pionero del microcrédito para las personas de escasos recursos, especialmente las mujeres bengalíes.

"El financiamiento tradicional tiende a no tomar en cuenta a las mujeres, ya sea porque los términos de los préstamos no son favorables o porque sus necesidades son tan pequeñas que no llaman la atención de los bancos", explica Iskenderian.

En la actualidad se pueden conseguir microcréditos en muchas otras partes del mundo, de Pakistán a Filipinas. La tendencia es dárselos a mujeres porque ellas representan la mayor parte de los pobres del mundo.

Ahorrar

Ayudar a las mujeres que se dedican a los negocios -tanto si quieren abrir una ferretería como si piensan vender paneles de energía solar o planean comprar ganado- es sólo una parte de la historia.

También les permite ahorrar.

Las tasas de repago en algunas organizaciones de microfinanciamiento llegan a 95%

"Ahorrar es un enorme problema", dice Anton Simanowitz, un socioeconomista del Instituto de Estudios sobre el Desarrollo.

Los pobres pueden ahorrar y lo hace en su casa, aunque a menudo de manera insegura.

Pero conseguir un préstamo que se invierta en una pequeña empresa puede crear una fuente de ingresos para el prestatario y le permite ahorrar.

"Si la gente puede ahorrar, reduce su vulnerabilidad y puede planear un poco", agrega Simanowitz.

Inversión comunitaria

Uno de los aspectos más impresionantes de estos microcréditos es la confiabilidad de los prestatarios.

El microfinanciamiento es una herramienta muy poderosa que ha sido seriamente subestimada
Paul Barry Walsh, fundador de la Frederick Foundation

Las tasas de repago en algunas organizaciones de microfinanciamiento llegan a 95%.

Los que distingue a las mujeres de los hombres que consiguen préstamos de pequeñas sumas de dinero es la forma en que lo usan, según Iskenderian.

Las mujeres que reciben préstamos distribuyen el dinero y se benefician tanto los hijos como la casa.

Las mujeres tienden a invertir en tres cosas: la salud, la educación de sus hijos y la casa, señala Iskenderian.

Los hombres invierten el dinero en el negocio.

Pero el microfinanciamiento no sólo es útil en los países en vías de desarrollo, advierte Paul Barry Walsh, fundador de la Fredericks Foundation, con sede en el Reino Unido, que ofrece créditos a personas que otros organismos financieros tienden a ignorar.

Estas personas son por lo general madres solteras, o tienen problemas físicos o están desempleados, pero casi todas son mujeres.

"El microfinanciamiento es una herramienta muy poderosa que ha sido seriamente subestimada" aun en los países desarrollados, asegura Walsh.

Raíces sociales

El microfinanciamiento está lejos de ser cohesivo, y todavía hay preguntas sobre su efectividad como una solución de largo plazo para la pobreza.

Sin embargo, ha habido un creciente interés de inversionistas mayores que quieren participar en el sector.

Joyce Wafukho.
Joyce Wafukho empezó con un puesto y ahora tiene 26 empleados.

Esto ha despertado preocupación entre quienes temen que la participación de jugadores de mayor calibre pervierta las intenciones sociales de esta herramienta. Aun bancos como Morgan Stanley han comenzado a incursionar en el campo del microfinanciamiento.

"Se puede convertir en víctima de su propio éxito", advierte Iskenderian.

Hay quienes abogan por mantener las metas sociales del microfinanciamiento.

"Mucha personas no son empresarios. Están tratando de generar un ingreso para sus familias", indica Simanowitz. "Es un medio financiero para un fin".

La historia de Joyce revela que se trata de algo más que la empresa de una mujer.

Si el fin -como en su caso- es dar independencia y control de sus vidas a las mujeres y a sus familias, es una meta a la que no se le puede reprochar nada.



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