Los tres mandatarios de los integrantes del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) se reúnen este lunes en Canadá mientras crecen las presiones proteccionistas, y en momentos en que el Golfo de México se prepara para recibir el embate del huracán Dean.
La sede de la cumbre está "blindada" al exterior.
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Los presidentes de Estados Unidos, George Bush, y de México, Felipe Calderón, se reúnen en un lujoso balneario cercano a Quebec con el primer ministro de Canadá, Stephen Harper.
En Montebello sostendrán dos días de conversaciones sobre las perspectivas de su acuerdo comercial, y discutirán los pormenores de su flamante Sociedad de Seguridad y Prosperidad (SPP, por su sigla en inglés), lanzada en 2005 con el objetivo de que América del Norte sea un espacio seguro para vivir y comerciar, tras los ataques del 11 de septiembre de 2001.
Este lunes se celebrarían reuniones bilaterales entre los mandatarios.
Se espera que en su primer encuentro cara a cara tras el colapso de la reforma inmigratoria en el Congreso estadounidense, Bush y Calderón aprovechen la ocasión para intercambiar puntos de vista sobre un programa conjunto de combate al narcotráfico.
George y Felipe, mano a mano
El paquete de ayudas ha sido denominado Plan México por sus paralelismos con el Plan Colombia.
De todos modos, el gobierno mexicano ya adelantó a la prensa que por ahora no se harán anuncios relativos a este programa.
La canciller mexicana Patricia Espinosa dijo al diario El Universal que México y Estados Unidos negocian un paquete de asistencia militar y de seguridad de entre US$800 millones y US$1.000 millones para luchar contra los capos de la droga, pero advirtió que los detalles están discutiéndose todavía.
Harper y Bush abordarán, por otro lado, el cambio climático, la guerra en Afganistán, y la repartición del Ártico.
Los tres tratarán además los temblores bursátiles recientes.
Invitados
Las medidas de seguridad por la cumbre se han extendido a Ottawa, capital en Canadá.
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Para el martes se programaba una reunión con 30 empresarios de los tres países, entre ellos los líderes de corporaciones como WalMart, General Electric y el fabricante de armamento Lockheed Martin.
Se espera que en la reunión los ejecutivos aconsejen a los mandatarios sobre cómo facilitar el comercio trilateral.
Su presencia en la cumbre suscitó grandes protestas de los críticos de los Tratados de Libre Comercio (TLC), quienes sostienen que en definitiva quienes definen la agenda en estas cumbres son los intereses de los empresarios.
Según la prensa canadiense, la cumbre concluirá con un llamado de los pressidentes para crear un nuevo protocolo fronterizo que permita evitar los problemas y obstáculos que se encontraron después de los atentados de septiembre de 2001.
No invitados
Mientras llegaban los mandatarios y se puntualizaban los detalles en la agenda de reuniones, cientos de manifestantes se reunían en el Montebello para protestar por temas como la guerra en Irak, la destrucción ambiental y la globalización de la economía.
De hecho, fuera de la verja de tres metros de alto que delimita el perímetro a dos kilómetros y medio de la sede de las reuniones, el estado de ánimo es muy diferente al que primaba en los primeros años del gobierno de Bush.
Miles de manifestantes ocuparon las calles de la capital canadiense, coincidiendo con la cumbre.
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Entonces, el presidente oriundo de Texas viajó a Quebec para impulsar un Área de Libre Comercio de las Américas que se extendería de Alaska a Tierra del Fuego y competiría en tamaño con la Unión Europea.
Ahora se multiplican las presiones sobre el TLC, que representa US$700.000 millones en comercio e inversiones.
Fuera de Montebello, pueden contarse casi tantas protestas en pancartas y las camisetas como asistentes en las manifestaciones.
La voz opositora
En Estados Unidos, se suman a las quejas de los activistas de Montebello los precandidatos demócratas.
Todos los candidatos presidenciales de la oposición demócrata consideran al TLC como un acuerdo injusto para los trabajadores, y así lo expresaron la semana pasada durante una reunión con la AFL-CIO, la federación de trabajadores de EE.UU.
Hasta Hillary Clinton, cuyo esposo jugó un papel clave para que Congreso aprobara el acuerdo en 1993, expresó escepticismo sobre los beneficios que el libre comercio representa para los trabajadores.
"El TLC y la forma en que se implementó el acuerdo han dañado a muchos trabajadores estadounidenses. Así que es claro que tenemos que tener una reforma amplia de nuestra estrategia comercial", dijo la senadora ante 17.000 trabajadores congregados en el estadio Soldiers Field de Chicago.
Barack Obama, el principal rival de Clinton para la nominación presidencial demócrata, declaró que los acuerdos comerciales de EE.UU. se han inclinado contra los trabajadores porque los "cabilderos corporativos" tienen mucha influencia.
Los sindicatos estadounidenses, que tendrán una fuerte influencia en las primarias demócratas, han sostenido desde hace mucho que los acuerdos injustos con países que no tienen leyes laborales sólidas le han costado sus trabajos a los obreros de EE.UU., especialmente a los del sector de manufacturas.